Anteayer escuché el discurso del Rey, con el respeto que merece la Jefatura del Estado…, más bien que me merecía.

         No creo que vuelva a molestarme en escucharle, pues la verdad es que no valió la pena. Fue un discurso totalmente insulso, sin color ni sabor, pasando por encima de los problemas nacionales, simplemente, obviándolos.

         Parecía redactado por una republicana, dicho sea de paso.

         Dejar de lado los problemas, no enfrentarse a ellos, no supone solucionar nada, sino más bien agravar la situación.

         No oí ni una sola vez la palabra Cataluña; nada sobre el golpe de estado permanente que allí tenemos.

         Un discurso flojo, hasta en la redacción, propio de una periodista de segunda, o de una simple locutora enchufada en la televisión pública, lleno de lugares comunes: apoyamos a los jóvenes, esperamos que se coloquen (su hija primogénita ya está bien colocada como Heredera, cobrando 112.000 euros al año), estamos ante una juventud muy preparada (en efecto, una buena parte son expertos en alcohol, sexo y drogas), queremos que cobren por lo que valen (pues algunos tendrían que pagar por trabajar), etc.

         Vamos, que parecía la intervención del Defensor del Pueblo en su discurso anual ante las Cortes, o de un Obispo o sacerdote cualquiera.

         En definitiva, el Rey no quiere, o es incapaz, de ejercer sus facultades constitucionalmente establecidas:

“Artículo 56. El Rey es el Jefe del Estado, símbolo de su unidad y permanencia, arbitra y modera el funcionamiento regular de las instituciones…, y ejerce las funciones que le atribuyen expresamente la Constitución y las leyes”.

Artículo 62. Corresponde al Rey:

  1. h) El mando supremo de las Fuerzas Armadas.

Artículo 8. 1. Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional”.

         Cuándo todo ello se desmorona, y el Rey ni hace ni dice nada, ¿qué pinta el Rey…?