VOX ha sido votado, y puede serlo mucho más, porque millones de españoles están hartos de la farsa de una democracia que no es tal, sino reparto de poder y dinero entre amigotes-rivales que con su corrupción intelectual, política, económica y hasta sexual ponen en peligro creciente la libertad personal, las libertades políticas y la propia existencia de la nación. El voto a VOX es una reacción contra todo eso. Y si VOX participara en la política del chanchullo, entraría por la senda que le marcan los cabestros. La cuestión de la ideología de género es crucial, porque destruye la democracia y la legalidad. Si empieza a ceder ahí, como le indican muchos “expertos”, pensando que “ya habrá ocasión de traerlo” y que lo primero ahora es echar al PSOE del poder andaluz, habrá perdido toda perspectiva, y Abascal dejaría la política de estadista para entrar en la política de la gran farsa.

 

     De pronto, muchos que hasta hace poco se reían de VOX y de Abascal y colaboraban en la campaña de silencio contra él, le dan ahora consejos y le amenazan con que si no les hacen caso, el PSOE seguirá en Andalucía, o que unas segunda elecciones serían un triunfo para los socialistas. Pero no es nada probable que una repetición electoral beneficie a la Susana. Por lo demás echar al PSOE de Andalucía es una buena cosa, pero no un objetivo esencial, ya que le sustituirían el PP y Ciudadanos, dos partidos  tan zapateriles o más que el PSOE. Si VOX hiciera de ello un objetivo clave entraría en los eternos “diálogos” entre amigotes-mafiosos a costra de todo lo que importa.  Si C´s y PP no quieren derogar las leyes de género, estarán demostrando una vez más que son tan poco demócratas como el PSOE, y suya sería la responsabilidad de que este siguiera en el poder.

 

La derogación de las leyes de género deben ser el prólogo a la derogación de las de memoria histórica. Pero eso no puede hacerse sin una intensa explicación a todo el mundo de lo que son y significan esas leyes, y de lo que significan el los partidos que las han aprobado. Y esta es precisamente la gran ocasión para hacerlo, para llevar el mensaje a millones de personas. Históricamente, Zapatero significó la revancha contra el referéndum del 76, significó la ruptura y el frente popular, que ha vuelto por tercera vez. VOX debe seguir la política de la denuncia a fondo, pues son cuestiones de fondo, y no entrar en la política del fraude y la farsa. Si hubiéramos de definir la tarea histórica del momento, la tarea del estadista que aspira a ser Abascal, la definiríamos como la derrota del tercer frente popular de Zapatero, que está pudriendo literalmente al país. La vuelta a la democracia decidida popularmente en 1976.