Una mentira más. Una leyenda más que la progresía quiere convertir en verdad. Desde El Correo de Madrid lo queremos desmentir con los datos.

Francisco Franco, meditaba desde el mismo momento de finalización de la Guerra, con erigir un monumento, todavía sin forma en su pensamiento, con el fin de perpetuar la Victoria en la Guerra Civil, y que simbolizara el hermanamiento de las dos Españas a través de los Caídos de ambas partes contendientes, bajo los brazos de la Cruz.
Debía ser un lugar en la serranía madrileña, por su proximidad por la capital de España y por su cercanía con otros monumentos de evidente esplendor histórico (El Escorial, La Granja, Riofrío etc.)

La finca elegida era la antiguamente denominada como “Pinar de Cuelga- Moros”, inscripción literal extraída del Registro de la Propiedad. Se iniciaron rápidamente las gestiones de compra y expropiación del terreno. Aunque la leyenda popular lleva décadas afirmando que la finca se compró por la simbólica cantidad de una peseta, los apuntes contables de las obras facilitados por el propio arquitecto D. Diego Méndez nos dice que fueron 653.483,76 (de 1940), la cantidad de pesetas que se pagó por la finca a sus propietarios.

La finca en cuestión era un proindiviso originado por la represión republicana: había pertenecido a los tres hermanos Padierna de Villapadierna y erice; Felipe, II conde de Villapadierna, Manuel, marquesa de Padierna; y Gabriel, marqués de Muñiz. El primero había muerto en 1928, pero los otros dos fueron asesinados en Paracuellos en las sacas del 36.

La misma suerte corrió su sobrina, María Padierna de Villapadierna y Avecilla, hija del primogénito, y hermana del tercer conde de Villapadierna, famoso ya en aquellas fechas por sus hazañas deportivas. Detenida junto a sus tíos, en su domicilio de la madrileña calle de O'Donnel, por tratar de impedir la detención de aquellos dos ancianos, los acompañaría hasta el final.

En realidad, el marqués de Muñiz fue detenido dos veces por las milicias y encerrado las dos en la terrorífica checa de Fomento; antes de matarlo "tomaron la precaución" de llevarle a El Escorial para que entregara la propiedad de Cuelgamuros junto con 250.000 pesetas destinadas a su explotación. Antes de matarle le robaban, como hicieron por entonces con otros nobles y propietarios.

Por fin, el 10 de noviembre terminaba aquel calvario con su fusilamiento, junto a su hermana y su sobrina. Cuatro años más tarde, sus herederos no estuvieron de acuerdo con la valoración de Cuelgamuros, realizada al objeto de expropiarla. También con esta cuestión se ha especulado , queriendo presentar dicha expropiación como un vulgar latrocinio que Franco -¿cómo no?- habría perpetrado contra sus legítimos dueños. Se ha llegado a decir que fue tan simbólica que no pasó de una peseta la cantidad abonada a sus propietarios.

Se les pagó un precio más que razonable, resultante de una peritación del Cuerpo Nacional de Ingenieros. Estamos ante otro de los mitos urdidos por sus adversarios para transmitir una imagen negativa de Franco y del Valle en cualquier aspecto que se quisiera considerar.

Por muy altos que hubieran sido los gastos generados por la tramitación, es innegable que los herederos del marqués de Muñiz percibirían, como mínimo, unas 600.000 pesetas. Un capital nada despreciable para la época; no puede decirse que fuera precisamente simbólica la expropiación de Cuelgamuros.

FUENTE: EL PROFESOR BÁRCENA