Pringarse en el sucio vodevil independentista catalán es como entrar en la tumba de Tutankamón: Quien entre y destaque en esa guerra perdida - y digo perdida porque el “okupa” Sanchez se empeña en perderla - corre peligro de muerte. Ya van tres las muertes repentinas de juristas involucrados en la causa del referendum ilegal del 1-O y sus colegas ya empiezan a tocar madera ante el alarmante cariz que van tomando los acontecimientos.

Uno de los jueces-clave acaba de fallecer de manera repentina, como antes le ocurrió al Fiscal general o al Fiscal de Cataluña. Ha fallecido el pasado domingo, a los 71 años de edad y sin que se le conociera ninguna enfermedad previa. Con él empezó lo relativo al juicio por rebelión de los lideres del “procès” en Cataluña. Se trata del titular del Juzgado de Instrucción núm.13 de Barcelona, Juan Antonio Ramírez Sunyer, que estaba investigando los aspectos logísticos del 1-0 y sus ramificaciones. Antes que él, también fallecieron de repente el Fiscal Generfal del Estado, José Manuel Maza, y el Fiscal Superior de Cataluña, José María Romero de Tejada.

Ramírez Sunyer fue quien ordenó el registro el 20 de Septiembre de las Consellerías de Economía, Trabajo, Gobernación, Presidencia y Exteriores, así como el del Centro de Telecomunicaciones y Tecnologías de la Información (CTTI). La orden provocó la protesta de 40.000 cafres a las puertas de la Consellería de Economía, con agresiones a los agentes de la Guardia Civil y serios daños a sus vehículos. Esta operación fue planeada y ejecutada por los activistas Jordi Sánchez y Jordi Cuixart, los dos energúmenos que aparecían en el techo de un vehículo de la Guardia Civil, pateándolo y arengando a las masas.


Y no extrañe que, como el de todo el mundo, el corazón de los juristas también se resienta de la inícua presión a la que están sometidos en Cataluña todos los involucrados en la causa sobre el fallido “procès” del 1-O. Todos ellos fueron sometidos a escraches. El propio Puigdemont avisó públicamente del restaurante donde el juez Llarena cenaba con su familia, para que los vándalos de los CDR les estropearan la velada. Pero de estas presiones se supo muy poco hasta que un alto cargo de la Fiscalía relacionó en un informe los fallecimientos de Maza y Tejada con el stress sufrido por ambos fiscales. Por su parte, el Fiscal-Jefe de Extremadura, Aurelio Blanco, asimismo relacionó la muerte de su colega catalán Romero de Tejada con la extraordinaria presión ejercida por el “procés” en sus actividades cotidianas. Otros juristas y abogados, entre ellos, José María Fuster Fabra, amigo del finado, reconocen abiertamente que la incesante presión de los activistas del “procès”, los escraches de los vándalos de los CDR y el vacío social de los altos cargos del la Generalitat, son factores que afectan a la salud y que acaban por pasar factura.


Lo que jueces y abogados no dicen, al menos no abiertamente, es que encima existe un alto grado de frustración al comprobar, día sí y el otro también, que el Estado central, por obra y gracia del Dr.Sánchez y sus acólitos de doble pelaje, están decididos a tirar por tierra la instrucción judicial, aguando el delito de rebelión y poniendo trabas a todo lo que suponga algún disgusto para los secesionistas y sus afines. Ven, no sin gran repugnancia, cómo el Gobierno español juega con la posibilidad de minorar las eventuales penas de los políticos presos - eliminando el delito de rebeldía y contabilizando el tiempo pasado en preventiva - y hasta de llegar a indultarlos por las bravas. Todo por un puñado de votos que permitan al “okupa cum fraude” seguir viajando en el Falcon y pintando gorras dentro y fuera del país unos pocos meses más.