De vez en cuando, descubrimos providenciales apologetas de la verdadera Justicia, con ese sentido tan patriótico como católico y por eso, responsables de la verdadera dirección en la marcha perfeccionista de una nación con todas sus miras benefactoras.

Es el caso del gran jurista don Ramiro Grau Morancho, Graduado Social con Premio Extraordinario Final de Carrera y Licenciado en Ciencias del Trabajo, aparte de otros títulos que no añado y de los que él, muy modestamente, se llama “aprendiz de jurisprudencia”.

Pues este humilde doctorado, ha escrito un libro titulado “El Golpe de Estado Catalán”, en el que reseña, resume y condena todos los errores anticonstitucionalistas, antipatrióticos y anticristianos de lo que cuatro chulos catalanes, con complejo de superioridad y de vocación de dictadores de coto privado, y de pies de barro, vienen haciendo desde hace décadas, ya denunciados por José Antonio Primo de Rivera.

El fallo del actual Sistema, que algunos llaman democracia, ha permitido, lógicamente por corrupción (que huele a leyes de silencio), este estado de confrontación nacional, familiar y hasta eclesial.

Los análisis del libro de don Ramiro Grau son de una objetividad incontestable; de un sentido de dolor patrio admirable y aparte de su claridad jurídica, se adornan y tonifican con un lenguaje de fina ironía y de uso coloquial, como quien está por encima de las circunstancias y se ríe de las falacias y manejismos de esa degenerada situación libertina y de tintes evidentemente dirigidos por los hilos ocultos de la masonería.

Ya lo explicó el gran escritor Gil de la Pisa, en su libro clarividente “La piedra roseta de la ciencia política”, en el que nos pone en guardia ante las causas de todos los conflictos políticos explicativos de estos desórdenes aparentemente irracionales.

Cada uno de los capítulos de Ramiro, merecería un artículo encomiable y extensible a mayores consecuencias, que no voy a abordar por falta de espacio. Sencillamente manifestar mi admiración justificatoria y aplauso al valor de este gran personaje del saber y la experiencia jurídica.

Como Sacerdote, lamento reconocerle toda la razón al hablar de la “Iglesia totalmente desnortada” al respecto de lo tratado, confabulada con la masonería (añado yo) y de un Papa argentino que habla mucho sin decir nada (y sin dar doctrina católica, añado yo). Mucho más diría, si no fuese que por un mínimo sentido del respeto, me aconsejase callar.

Las culpas de una Jerarquía eclesiástica cobarde y vendedora de una “sal insípida que no sirve sino para tirarla fuera”, explica, (que no justifica) el estado actual de una anarquía práctica, que no declarada, pero con sus trágicas consecuencias en la moral pública, la economía decadente y la división interna y disgregante de familias.

¿Cómo se puede llegar a una situación actual, en el prometido “paraíso terrenal” de la democracia “sin corrupción, sin enchufismos, con luz y taquígrafos, sin cuentas oscuras”…?

Cuando un Sistema político no empieza por amar a Dios sobre todas las cosas, mal puede después amar a la Patria y a la Justicia.

La razón no tiene más que un camino. O se acepta, o se rechaza, pero no se discute, al igual que los dogmas.