Tan obsesionado por eso de los gestos, Francisco I habla para el anecdotario de los medios de comunicación, que no para cimentar una doctrina católica, que elude y ensombrece.

Antes de poner el ejemplo clarificante, hay que dar definiciones doctrinales. Lo contrario es vender anécdotas publicitarias sin contenido edificante.

En la Misa del Jueves Santo del 24 de marzo de 2016 dijo en su homilía que “hubo dos gestos: Jesús lavando los pies a sus discípulos, a los suyos, y el gesto de Judas que se dirige a los enemigos de Jesús. También hoy –sigue- tenemos dos gestos; esta tarde. Todos nosotros juntos, musulmanes, hindúes, católicos, coptos, protestantes, pero hermanos, hijos del mismo Dios, que queremos vivir en paz, integrados e hijos del mismo Padre, juntos y de diversas religiones y culturas, pero hermanos”.

1º. – Veamos. Un gesto es una acción visible y significativa de una doctrina, pensamiento o disponibilidad volitiva de la persona.

El gesto de Cristo conlleva la doctrina de la caridad como virtud sobrenatural que ejemplifica en su humilde acto de servicio. Gesto trascendente inclusivo de una doctrina y no el solo hecho material o filantrópico infundado en el mismo Padre común.

Pero Judas no tuvo gesto en su traición, sino un vulgar hecho eventual delictivo, carente de ejemplificación de doctrina, ni apología de la traición. No toda acción de conducta es un gesto.

2º. – Error grave al creer que todos somos hijos del mismo Padre, cuando hay creencias idolátricas. Hijos adoptivos de Dios, sólo somos los bautizados, lavando el pecado original que nos mantendría en la enemistad de nuestros primeros padres en la rebelión soberbia contra el Creador.Los demás, son criaturas de Dios, llamados a la salvación si entran en la Santa Iglesia Católica.

Etiquetarnos a todos con el lema de la fraternidad y la paz, es pura filantropía masónica, hija de la Revolución francesa y alejada de todo interés trascendente a la santificación y salvación de las almas.

Puro naturalismo ultramundano, ajeno a la conquista de la esfera sobrenatural, que solo aspira a la paz del mundo (no a la de Cristo) como mera ausencia de guerra, no como paz de las conciencias, que viven la vida de Cristo conectando lo divino con lo humano en clave religiosa.

 “Cada uno en su lengua –sigue diciendo- ore al Señor para que esa fraternidad contagie al mundo y exista la bondad”.

¿En nombre de qué y a qué Señor hay que orar, cuando cada uno se inventa el suyo?

¿Cómo vivir juntos siendo opuestos y solo congregados en nombre humanista, filantrópico de la paz a cualquier precio (irenismo) y no en la fraternidad bajo el único y mismo Padre?

¿Cómo dormir juntos los enemigos en la misma cama, cuando son perseguidos los cristianos por el fanatismo que ni siquiera respeta las normas mínimas de la ética natural?

La visión de Francisco I es puro horizontalismo irenista, ajeno intencionadamente a la conversión de los paganos y herejes y ajeno a la mayor urgencia de la salvación de las almas.

        ¿Pastor de almas o diplomático de Estado…?