Allá por el año 1976 asistí a un curso de inglés en Londres. Formábamos la clase un grupo heterogéneo de estudiantes de diferentes nacionalidades. Mi compañero de pupitre era un yugoslavo del que no recuerdo muchas cosas salvo que era bastante extrovertido y, sobre todo, su respuesta ante uno de los trabajos que nos impusieron un determinado día. El trabajo consistía en aventurar sobre el futuro de la Yugoslavia de entonces tras la previsible muerte del dirigente Tito y la posibilidad de su ruptura como nación. Ya digo que recuerdo su tajante respuesta ante dicha hipótesis: "fairy tales"( cuentos de hadas ) fue lo que me dijo. Apenas 15 años después Yugoslavia se vio envuelta en una terrible guerra civil que acabo con dicha nación dando lugar a 7 nuevas naciones: Croacia, Bosnia, Serbia, Montenegro, Kosovo, Macedonia y Eslavonia. Eso sí, la " bromita" supuso medio millón de muertos, miles de desplazados y refugiados así como un retraso en su progreso notable. Así es. Por aquellos días Yugoslavia era una floreciente y pujante república socialista que experimentaba un progreso económico importante. Incluso hasta el punto de amenazar la propia industria turística española. Era una sociedad compuesta por una sola raza - la yugoslava o eslavos del sur - pero conformada por diferentes etnias como consecuencia de las diferentes religiones - católica, ortodoxa y musulmana - existentes. Sin embargo la convivencia no presentaba problemas mayores. Los matrimonios mixtos eran muy corrientes y las zonas de residencia estaban asimismo muy mezcladas. Tal vez el objetivo de una unidad de destino como nación era lo que se superponía a cualquier otra posible diferencia.

Y de repente ....todo estalló.  

Aparecieron intereses internacionales, fundamentalmente de Europa, Rusia y los EEUU quienes hábilmente escogieron a sus políticos de turno y comenzaron a dar alas a movimientos secesionistas buscando inicialmente la autodeterminación de las diferentes regiones para finalmente romper la nación yugoslava. Lo consiguieron pero se llevaron por delante la convivencia reinante y sumieron a la nación en un horror impensable apenas tiempo atrás.

Los dirigentes nacionalistas magnificando diferencias, se inventaron y reinventaron la historia a su beneficio y nunca atendieron al bien de sus compatriotas sino al suyo particular.

Aparecí por esas tierras a finales de los años 90 cuando la OTAN atacó Serbia para evitar - decían - la limpieza étnica en Kosovo y lo hice al mando de un Batallón de Infantería de Marina. Desplegamos esencialmente en la frontera sur de Bosnia con Montenegro.

Mi primera impresión al pisar la tierra de los Balcanes, confirmando la que ya había adquirido unos meses antes al efectuar los reconocimientos previos al despliegue, fue el de observar las ciudades repletas de señales de la guerra sin cicatrizar, la abundancia de terrenos vetados al paso por ser zonas minadas y el mal funcionamiento de todas las infraestructuras como la luz, el agua o las comunicaciones. Con todo, esto no era nada pues las verdaderas heridas estaban en las personas. Familias rotas, destrozadas por las matanzas indiscriminadas de uno y otro lado, poblaciones enteras desalojadas de sus casas y ciudades. Miles de desplazados viviendo de la caridad internacional y de toda clase de trapicheos para subsistir. Recuerdo bien los espeluznantes relatos de tanta gente pero especialmente de los que eran nuestros intérpretes ya que el contacto diario propiciaba no pocas veces las confidencias. Pregunté a muchos de ellos cual había sido a juicio de ellos las razones de este desastre. Muchas respuestas estaban guiadas por el odio étnico creado tras la guerra pero todos reconocían la debilidad de éste al comenzar el inimaginable conflicto. Ninguno, ni siquiera los más pasionales consideraban haber alcanzado algo positivo que hubiera hecho bueno el sacrificio y sufrimiento pasado.

El odio lo crearon, muchas veces desde la nada, los dirigentes nacionalistas y propiciaron los enfrentamientos crecientes entre familias, clanes, barrios, poblaciones y regiones. Todo acabó en guerra. Una guerra que todos creían imposible en la Europa de finales del siglo XX.

 

Aquí en España todos somos conscientes de lo acaecido en el País Vasco en los últimos 30 años donde el terror de unos pocos se impuso a base de bombas, tiros en la nuca, asesinatos selectivos y colectivos al conjunto de los españoles y al sentido de la historia de las relaciones entre esas regiones españolas y el resto de nuestra nación. Si alguien lo duda que se dé un paseo por esos lares y haga ostentaciones de españolismo. Verá lo que le pasa. Y encima nos dicen que ETA ha perdido. Algunos hasta se lo creen. ¡Pero si asesinos declarados se sientan en las Cortes y ahora se presentan hasta para Presidentes autonómicos!

 

Y ahora, en otra querida región española como es Cataluña nos aparecen iluminados por doquier educados en el odio a España que pretenden sin más   secesionarse de lo que ha sido nuestra patria común por siglos.

 

Todos me recuerdan a los dirigentes serbios, croatas o bosnios de los años 80/90.

 

Por otro lado oigo a menudo expresar a personas opuestas a la secesión que un paso tal no sería aceptado por Europa y que significaría para la Comunidad que optara por ella la exclusión de las organizaciones europeas. Y basan gran parte de su actitud a esta posición dando tiempo al tiempo con la esperanza de que todo se reconduzca.

 

Decía el insigne pensador Liddell Hart que los grandes mandos militares debían conocer muchas materias como la estrategia, la táctica o la logística pero sobre todo y sobre ellas debían conocer profundamente la historia.

Este aserto es ampliamente aplicable a muchos campos y al de las decisiones en materias que afectan a la sociedad también.

¡Caramba! ¿Será necesario recordar, cuando hablamos de Europa, que la guerra en los Balcanes tuvo muchas razones pero que una de las que la propició fue el reconocimiento de Croacia como nación independiente por parte de Alemania e incluso del Vaticano? Anda que si tenemos que basar la unidad de España en la actitud de Europa lo tenemos claro. Es que parecemos tontos. ¿Acaso no ven al Sr. Puigdemont, el “valiente” que abandonó a sus compañeros, pasearse por Europa así como así?

 

Conociendo y estudiando la historia, uno no acaba de entender como no se para ya una bola de nieve que no para de engordar y que cuando se quiera   detener será demasiado peligroso el hacerlo.

 

El esperpento al que asistimos estos días, una y otra vez, de los independentistas catalanes, y el compadreo con el que son acogidos, por nuestros responsables políticos, aquellos que no tienen otro objetivo que romper España no tiene limites : el Presidente Sanchez en franca y amigable tertulia con Junqueras, la expresidente del Congreso Ana Pastor invitándoles a un buen desayuno, la actual presidente Batet haciendo lo imposible para intentar que no les suspendan como diputados, el canto al federalismo del PSOE y el contubernio claro de los podemitas con la traición …..etc.

¡Cuánta ignorancia, cuánto sectarismo, cuanto sinvergüenza en definitiva jugando con lo que es de todos y con la milenaria unidad de España!

 

Y el resto de los españolitos de a pie a verlas venir.

 

Mi mente vuela a un centro de refugiados en la población de Gasco al sureste de Bosnia Herzegovina, mis oídos aún escuchan a un hombre que lo perdió todo y que sólo quería regresar a su casa en Trevinje y mi corazón se rebela por muchas cosas pero sobre todo porque no quiero nada parecido para España.