Como político del Partido Popular que pregona desesperadamente estos días hasta desgañitarse la absurda teoría del “voto útil”, Pablo Casado lucha por su supervivencia.

Pero está perdido.

 

Sin embargo, aunque él no quiera reconocerlo aún, no está perdido por culpa de Vox.

 

Está perdido por culpa del Partido Popular.

 

No hay quien levante la herencia recibida. Por citar solamente algunos aspectos de la misma:

 

Varias mayorías absolutas desperdiciadas sin obedecer el mandato de cambio que dieron al partido cuantos le votaron,

Un golpe de Estado en Cataluña,

La losa de una cúpula independentista del Partido Popular en Baleares,

La insufrible carga de Feijóo,

La falta de lealtad de Moreno en Andalucía,

Las presiones internas que le hacen decir, sin esperar que le crean, hoy una cosa y mañana la contraria,

Los numerosos casos de corrupción en los que está envuelto el partido,

Etc.

 

Estos rasgos y otros muchos más semejantes a los citados, son los que configuran la cara odiosa del PP. Y eso es lo que le va a llevar a fracasar en las inmediatas elecciones generales.

 

Pero el tiro de gracia no se lo va a dar Vox. El tiro de gracia se lo va a dar Soraya Sáenz de Santamaría, que exigirá su dimisión tras el fracaso electoral y tratará de ponerse al frente del Partido Popular auténtico, según ella.

 

¿Dónde está el futuro de Pablo Casado, entonces?

 

Si es lo inteligente que trata de parecer.

 

Si actúa con esa pizca de audacia con la que se enfrentó a Soraya Sáenz de Santamaría cuando fue elegido para su posición actual en el Partido Popular.

 

Si quiere seguir dedicándose a la política.

Y, sobre todo, y esta es la prueba de fuego para él, si es sincero el amor a España que proclama profesar, su futuro político depende de que sea capaz de hacer esto:

 

Pedir que se vote a Vox en las próximas elecciones generales.

 

Así podrá alcanzar esa credibilidad que le ha sido imposible conseguir desde las filas de un Partido Popular especializado en traicionar a España, en traicionar a sus votantes y en traicionarle a él.

 

Así demostrará que pone su amor a España por encima de cualquier interés.

 

Así, con un gesto que puede parecer un suicidio político inmediato, pero que no lo es, estará dando el primer paso hacia un futuro político en el que podrá respirar fuera de ese corsé asfixiante que para él ha supuesto depender de la estructura de un partido tan podrido y desprestigiado como el Partido Popular actual.

 

¿Lo hará?

 

No lo hará si solamente presta atención a los consejos que le dan desde dentro de su propio partido.

 

Puede hacerlo si lo que escucha es lo que le dice el rumor de la calle.

 

¡Adelante, Pablo, decide tu futuro!