A la vista está la degeneración sufrida por las últimas generaciones recién horneadas. El fruto de unos padres maleducados ha dado lo que vemos ahora mismo: jóvenes sin planes ilusionantes o ganas de comerse el mundo; con el único objetivo de pasar un rato divertido a costa de dinero y bebida. Eso y ya está.

Todo se reduce a lo citado: pasárselo bien con el máximo dinero posible y, lejos de la diversión, que solo exista un trabajo ejecutado con la ley del mínimo esfuerzo. “¿Para qué luchar más?” Esta es la pregunta que se formulan esas mentes privilegiadas actuales. Y la respuesta es siempre muy semejante a esta: “Si total, menudos políticos tenemos, que solo saben robar y no saben generar empleo digno”.

Una sociedad desquiciada, fruto de un sistema errático desprendido de los valores del trabajo y del esfuerzo; como si todo surgiera por obra y gracias de lo divino o de mágico. Padres que no han impuesto esto en su casa, y que pretenden que sus hijos lleguen a ser ALGO cuando no han sido ejemplo en casa de lo que debe ser un padre o una madre trabajando en beneficio del hogar bajo los valores de respeto y sacrificio.

Y el respeto que se perdió, hace ya tiempo, a la autoridad; esta entendida como aquel personal vinculado a la enseñanza o a miembros de la seguridad ciudadana. Porque los mayores recuerdan cómo, antaño, se respetaba la palabra de un maestro y ni se contradecía, simplemente se apoyaba, frente a la imprudencia de un niño dentro del ámbito escolar; o el mismo caso, pero trasladado al ámbito callejero con un policía local u otro miembro similar, en el que una buena manta de palos propinada por el guardia era refrendada, horas después, por alguno de los padres que, primero pedían perdón al señor trabajador (autoridad) y posteriormente, castigaban con señales evidentes de enojo y desesperación a unos chicos que se desmadraban de vez en cuando, pero no tanto como los seres de hoy en día.  

Todo esto parece difícil de recuperar; sumidos en un clima de buenismo y de desprecio por lo que ya se posee y que antes costaba tener: educación y dinero. Décadas atrás, donde parecía que todo era malo; o eso es lo que dicen los actuales señores gobernadores, se vivía en un clima de crecimiento y optimismo por el futuro profesional. Sin embargo, ahora sabemos que, así, no vamos a ningún lado. Pero que Dios disponga y prevea, porque no se atisba algo mejor por ahora, o eso creo yo…