No suele gustarme que me digan lo que tengo que hacer y mucho menos lo que tengo que votar. Cuando la maquinaria electoral se pone en marcha, de forma simultánea, lo hacen los medios de comunicación, se ponen también a trabajar a favor de obra y de aquellos a los que sirven. Dejan de ser medios independientes, si es que alguna vez lo fueron, y se convierten en los órganos de expresión de las organizaciones políticas. Esta ocasión, tampoco iba a ser una excepción a lo que de forma continuada se lleva produciendo durante los últimos 30 años.

La mayoría de la prensa nacional, así como las emisoras de radio y las televisiones, podrían dividirse en dos grandes grupos que coinciden con lo que representa lo que conocemos como los dos grandes partidos de este país. Unos cercanos al PSOE y otros cercanos al PP, y ambos grupos también son coincidentes a la hora de meter miedo sobre el contrario y solicitar el voto útil para la organización a la que sirven. Dentro de estos grupos de comunicación, llama la atención el conglomerado Atresmedia, que al igual que el bipartidismo, ofrece dos opciones con un mismo dueño, puedes ver antena tres o la sexta, total, todo queda en casa. Que parezca que existe la diversidad, que uno elige entre distintas opciones, cuando en el fondo son la misma.

Desde la izquierda se nos habla de la necesidad de concentrar el voto en el PSOE, como antídoto a que no gane la derecha y en los medios cercanos a esta derecha, se nos habla del voto útil al Partido Popular, como única solución a una más que probable victoria Sánchez. Se nos ofrece votar una opción, no por los meritos propios o los logros que esta pudiera conseguir, la estrategia consiste en votar en contra "de", no a favor "de", y con esta premisa, basta solo con meter miedo sobre el contrario sin ofrecer propuestas diferenciadoras, entre otras cosas, porque esas diferencias son solo estéticas que no ideológicas.

Son tres las opciones que se disputan el mismo espacio político. Partido Popular, Ciudadanos y Socialistas, pelean por lo que ellos consideran el votante de centro. En centro es el viaje hacia ninguna parte, es la posición ambivalente que te permite decir una cosa y hacer la contraria, es el máximo exponente del relativismo moral y social. Es una posición que está en constante movimiento, dependiendo de a quien consideres que esta a tu izquierda o derecha. Para el Partido Popular ser de centro, es hacer seguidismo de las políticas socialistas y aceptar todas las leyes de ingeniería social de la izquierda. Para ciudadanos es la postura cómoda que le permite cambiar de opinión de forma continua y no adquirir compromiso alguno. Todo dependerá de como sople el viento y de la conveniencia política del momento. Para los socialistas, para el PSOE, al igual que reparten carnets de demócratas, ellos deciden quien es o no de centro, no  basta solo con aceptar sus principios morales e ideológicos, por muy extremistas o aberrantes que estos sean, esto por sí solo, no te garantiza que te admitan en su peculiar circulo, tienes que aceptar también su visión de la historia, del presente y del futuro. En definitiva, ellos son el autentico centro, y todos aquellos que no coincidan con los postulados socialistas, son extremos. La derecha o centro reformista, hace mucho que compro esta idea, y de esto viene la superioridad moral de la izquierda. Han abandonado toda idea de batalla ideológica o de principios.

Toca meter miedo, toca hablar de voto útil, toca hablar del fantasma de que viene Sánchez y la extrema izquierda, cuando no hemos tenido voto mas inútil que el entregado al Partido Popular. Lo que en verdad toca, es el rearme moral e ideológico. No se trata de echar a Sánchez, se trata de cambiar políticas no sillones,  y esto ni quiere ni puede hacerlo el Partido Popular de Casado, Alonso, Bonilla o Núñez Feijoo.