Sorprende cuán perplejos andan muchos españolitos, incluso de los más informados, sobre los tejemanejes y contubernios de Sánchez y “el coletas”, o sea, del PSOE y Podemos, es decir, y para aclararnos, de los socialistas y los comunistas. Pero es que como la ignorancia y la desmemoria hacen estragos, los sorprendidos no se dan cuenta de que, igual que la cabra siempre tira al monte, los socialistas siempre lo hacen a los comunistas… bueno, y a los secesionistas de todo pelaje. Es algo consustancial a ellos, lo llevan en sus genes, forma parte, como hoy se dice, de su ADN.

 

El PSOE nació ya degenerado, porque el degenerado de Pablo Iglesias Posse le ganó la mano a Enrique Vera, verdadero fundador del partido socialista, partido al que quería llevar por la senda democrática, parlamentaria y socialdemócrata –además de española--, lo que impidió Iglesias inyectando en el PSOE sus propios complejos, odios, fobias, aberraciones personales y sentimiento antiespañol, pues aborrecía a España, algo normal en un degenerado como él. De ahí la esencia revolucionaria, violenta y criminal, totalitaria y dictatorial del PSOE. De ahí, y de aquella famosa sentencia de Iglesias que consta en acta “El PSOE acatará la ley mientras le favorezca, cuando no sea así, la vulnerará”; bueno, y otras muchas que para qué mentar.

 

Y como de un malnacido nada bueno puede salir, en 1921 parió un hijo bastardo, el Partido Comunista de España (PCE), que nació y sigue siendo aún más degenerados que su degenerado padre.

 

Lo curioso y original del caso del PSOE, del caso español, es que padre e hijo nunca perdieron el contacto entre ellos, por lo que llegado el momento culmen, el padre no puso reparos, o muy pocos, en dejarse arrastrar por el hijo, más lozano, organizado y decidido y que, no se olvide, siempre tuvo infiltrados en aquél; igual que ahora. De ahí ese Frente Popular que en realidad supuso el sometimiento del PSOE al PCE y… a los soviéticos; y si no que se lo pregunten, por un lado, a Julián Bestiro, y, por el otro, a Negrín.

 

Por eso, ahora, cuando Sánchez cultiva a Iglesias y le mendiga, nada nuevo hay bajo el Sol. El PSOE vuelve por sus fueros que son los mismos desde su fundación. Aunque se escenifican tiras y aflojas, el resultado será el de siempre: un PSOE “aliado”, en realidad sometido, al comunismo, hoy podemita, y prisionero de éste; aunque haya momentos en que parezca que no.

 

Por eso nada de sorprenderse. Sánchez pactará con “el coletas”. En España veremos gobernar al nuevo Frente Popular; ya tuvimos un adelanto con Rodríguez Zapatero. El totalitarismo marxista se nos caerá encima; único país de Europa que disfrutará del paraíso marxista en la Tierra. La Revolución anacrónica, rancia y criminal más que fracasada siempre entre mareas de miseria y sangre se nos impondrá arrasándolo todo aún más de lo que está. Para más inri haremos un ridículo mundial, porque no hay parangón, no existe caso igual como el de España en el que los culpables hace tan sólo unas décadas de una terrible guerra civil plena de barbaridades de su parte puedan volver por sus fueros sin haber renegado de nada, sino al contrario.

 

Igual que la cabra tira al monte, el PSOE siempre lo hace al comunismo; también al separatismo. Porque, igual que el que nace lechón, muere cochino, el PSOE, que nació anti-español, morirá, ojalá lo haga alguna vez, sin dejar de serlo. De esta forma, España protagoniza desde Felipe González --también con él, ojo--, Rodríguez Zapatero y ahora Sánchez la involución más terrible de la Historia, que no es la de volver al régimen de Francisco Franco –ojalá—como algunos pretendieron en su día hacernos creer, sino la que supone retrotraernos al Frente Popular, a la Revolución, a la barbarie de aquella III república, sí, tercera, que sometió a media España durante nuestra contienda 1936-39; que haya formas distintas, por aquello de la imagen y del guión, no resta un ápice a lo dicho.

 

Lo peor, con todo, es que en buena medida lo que hemos dicho es posible sólo porque “los otros”, es decir, la “derecha” y el “centro” de hoy adolecen de la misma enfermedad que sus antecesores: cobardía, estulticia, egoísmo, corrupción moral y material, mediocridad, falta de convicciones y mucho más; que nadie se engañe tampoco con respecto a éstos.