Una de las mentiras de consenso que con más agrado y convicción ha deglutido el antaño noble pueblo español es la sandez que consiste en afirmar que la democracia, per se, engendra sociedades desarrolladas, libres, justas y prósperas. Los engañabobos han creado esa ficción, que rara vez coincide con la realidad, y los bobos se lo han creído, como se creen, en fin, tantas cosas. Y así vamos engordando esta enorme mentira, este mátrix progre, en el que malvivimos desde hace algunas décadas.

Es preciso señalar, atendiendo al sentido común y a la realidad histórica, que la democracia, en sí misma, no genera nada, ni males ni bienes, ni progreso ni atraso, ni riqueza ni pobreza. La democracia es sólo una herramienta, que se puede usar de la mejor o de la peor manera, con rigor y honradez, o con desidia y maldad, pensando en el Bien Común o pensando en el ombligo propio. Y nuestro Sistema, nacido de una Transición tramposa, puede ser formalmente una democracia, pero ni lo es en puridad (porque relega a los ciudadanos a la categoría de paganinis sumisos de la partitocracia), ni desde luego podemos estar demasiado satisfechos de ella en cuanto a sus resultados.

Estos días atrás hemos asistido a los efectos causados en España por lo que siempre fue la gota fría y ahora llamamos DANA (Depresión Aislada en Niveles Altos), efectos que pasan por cinco personas muertas, cuantiosos daños materiales, ruina para muchos años de bastantes familias y escenas terroríficas que antes sólo veíamos en otras latitudes. Dejemos a un lado, porque sería pura especulación, si esto se debe o no al cambio climático, o si es un adelanto del fin de los tiempos. Lo que sí han señalado los expertos en las últimas horas es que España no está preparada para soportar este tipo de fenómenos atmosféricos que cada vez son más frecuentes.

Varios geógrafos han apuntado a la mala planificación del territorio y al deficiente mantenimiento de cauces y vertientes de los ríos como factores que agravan las consecuencias de estos temporales. Prácticamente no hay planificación urbanística. El Plan de Acción Territorial sobre prevención del Riesgo de Inundación en la Comunidad Valenciana, de 2003, impide urbanizar en miles de hectáreas de suelo inundable, pero en cambio no es retroactiva en el caso de las zonas de riesgo ya construidas. ¿A qué se dedican, entonces, los ayuntamientos?, ¿a lo mejor en enchufar a familiares directos para que se lleven a casa un sueldo millonario por no hacer nada? Los expertos denuncian que muchos ayuntamientos no han revisado los planes urbanísticos porque si lo hacen tienen que adaptarse a las nuevas leyes, y eso les supone complicaciones.
 
Otras voces autorizadas dicen que es urgente acometer obras de ingeniería hidráulica. Los colectores se deben adaptar a esta forma de llover y poder reorientar el agua a parques inundables, a depósitos... Es necesario solucionar la canalización de los ríos.  Se ha producido un gran crecimiento urbanístico sin que se hiciera al mismo tiempo una planificación del territorio. O dicho de otra forma: los políticos hacen con nosotros lo que quieren. Y si luego viene un desastre como éste, los que pagamos somos siempre los mismos.
 
Mientras esto ocurre, Sánchez e Iglesias se ven de tarde en tarde para ver qué deciden hacer con lo que queda de España. Nos entretienen con su jueguecito del escondite. Elecciones y más elecciones, urnas por aquí y por allá, la televisión y las redes sociales para mantener al personal boquiabierto con bobadas, y, mientras tanto, la casa sin barrer. A veces con desgracias que nos llegan desde el cielo, y otras como consecuencia de la DANA política que tenemos instalada en las instituciones desde hace medio siglo. Podemos seguir echando la culpa a la mala suerte, pero está claro que en algo hemos contribuido nosotros mismos.