En Occidente, o lo que queda de él, que no es mucho, la verdad, estamos asistiendo a una banalización del sexo, y al hecho de que los adolescentes se inicien en su práctica a edades cada vez más tempranas.

No sé si es bueno o es malo, pero es lo que hay…

Las drogas, el alcohol y el tabaco, que también son otras drogas, y la práctica sexual, son el pan nuestro de cada día de los jóvenes españoles, y no digamos de los inmigrantes, cuyo inicio es incluso a edades mucho más tempranas.

Nada se hace por los gobiernos, nacional, autonómicos y locales, para luchar contra esta degradación de nuestra juventud, que “consumen” sexo, tabaco y bebidas “espirituales” como quien va a comprarse el periódico, o a tomarse un café, otra sustancia estimulante, por cierto, pero menos nociva que el alcohol o el tabaco, según dicen los expertos.

No solo eso, sino que se fomenta, y de ahí las “clases de educación sexual”, que más que de educación propiamente dicha, son de práctica del sexo, aunque de forma meramente teórica, espero.

Se quita del ámbito privado, de las familias, de las costumbres, de la educación religiosa, en su caso, estas materias, para pasar a ser “competencia” del omnipresente “papá estado”, que a todo proveerá –siempre mal, por supuesto-, pero al que los gili progres modernos identifican con el nuevo “Dios”, el Dios de los ateos, anticlericales y agnósticos.

Hoy en día nuestros hijos van con los preservativos en el bolsillo, y las chicas en el bolso, y no es mala idea, no, que las enfermedades de transmisión sexual, con tanto tira y afloja, cada día abundan más.

Al mismo tiempo que el sexo se convierte en un objeto de consumo, y como consecuencia de las presiones feministas, se criminaliza todo lo relacionado con el sexo, lo que unido a las leyes de violencia de género, etc., hacen que ante cualquier denuncia, real, infundada o falsa de una mujer, puedas darte por jodido.

Pero, además, con unas penas realmente desproporcionadas, y similares a las que podrían caerte por cometer un asesinato, por ejemplo…

Y como siempre sucede, todo cambio legislativo a peor, trae consecuencias negativas: cada vez hay más mujeres desaparecidas, que posiblemente han sido violadas con anterioridad, y a las que posteriormente se ha hecho “desaparecer”, pues sin el cadáver, etc., es mucho más difícil detener al culpable, ante la falta de pruebas, la posibilidad de que esa persona se haya ido a comprar tabaco a Groenlandia, etc.

Al fin y al cabo, si las penas son idénticas, ¿qué más da “eliminar” la prueba del delito…?

Estoy seguro de que eso deben de pensar muchas de las personas que han asesinado a sus ex amigas, amantes, novias, esposas o ex esposas. Y también las mujeres que han hecho lo mismo a hombres, por supuesto,

Pueden estar contentas las feministas…

Muchas de estas pobres desgraciadas, seguramente estarían vivas de no existir una legislación tan dura con los violadores y agresores sexuales.

Pero así se escribe la historia.

Con mucha histeria, por lo menos en este caso, y con renglones torcidos.

A nadie nos gustaría ser violados o asesinados, por supuesto, y los hombres también podemos pasar por ambas dos experiencias traumáticas.

Ahora bien, ¿usted preferiría ser violado, o ser asesinado…?

Y digo más: ¿considera que es justo que las penas a imponer por ambos delitos sean prácticamente las mismas…?