Había un tiempo en el que los errores que el árbitro cometía en un partido de fútbol generaban protestas del equipo que sufría las consecuencias y de sus aficionados. En muchas ocasiones, las quejas se prolongaban durante días en los bares y en las tertulias televisivas, que son equivalentes a aquéllas. Puede pensarse en jugadas polémicas, como las que dejaron a España fuera del Mundial del año 2002, que produjeron perjuicios deportivos y económicos a la selección española y una gran tristeza en sus aficionados. Hay muchas otras, como situaciones en fuera de juego calificadas incorrectamente o goles fantasma concedidos indebidamente o denegados desastrosamente.

Posteriormente, se ideó el VAR, una útil herramienta para los árbitros que les permite volver a revisar jugadas en las que hay un elemento predominantemente objetivo que puede condicionar su decisión. Gracias a ese instrumento, fruto de las nuevas tecnologías, se puede decir que se ha producido un gran paso en la evolución del fútbol, pues la Justicia de los bares ha sido sustituida por la Justicia del VAR.

El VAR permite que el árbitro puedo volver a ver, sosegadamente, una jugada en la que era difícil apreciar hechos concretos, a los efectos de poder determinar adecuadamente la consecuencia jurídica que, para cada situación, corresponda fijar. Sin embargo, hay que reconocer que el sistema presenta todavía algunos defectos en lo que a u utilización se refiere y que hay determinadas jugadas en las que el VAR no resuelve todas las controversias. Además, es cierto que puede legar a producirse una aplicación inadecuada del mecanismo, como incurrió en el partido de octavos de final del Mundial que enfrentó a España y a Rusia, la anfitriona, en el que el VAR no se utilizó correctamente en una jugada para verificar dos conductas sancionables con penalti a favor del equipo español.

El ser humano no puede lograr alcanzar la Justicia en su totalidad, pero si que puede ir aproximándose a ella progresivamente. Con el correcto aprovechamiento del VAR, se podrá ir garantizando que el fútbol sea justo y conforme a la normativa, asegurando que los resultados se basen en el reflejo de las virtudes y defectos de cada equipo de forma que los errores arbitrales que deforman la realidad deportiva vayan perdiendo influencia.