Tras haber hecho su campaña de 2016 en base a su rechazo a la guerra, Donald Trump ha hecho exactamente lo contrario. Algo así como Javier Solana, que paso del “OTAN de entrada NO” a ser secretario general de la Alianza. Que semejante ridículo no incidiera en su carrera nos da idea del nivel humano y político en el que nos movemos. La única consecuencia que tuvo es que el rechazo a la OTAN lo capitalizó, con poco éxito ciertamente, la izquierda radical. Algo parecido le sucede a Trump: el farsante de Bernie Sanders -millonario devenido socialista- parece que se quiere quedar con el mensaje del Trump pre-2016: “acabar con las guerras sin fin” (“stop endless wars”).

 

En referencia a la “War Powers Act”, iniciativa liderada por los senadores Rand Paul y Mike Lee, Sanders ha declarado: “Señor presidente, esta noche usted tiene la oportunidad de hacer algo extraordinario: firmar la resolución. Arabia Saudí no debe determinar la política militar o exterior de este país”. Si bien cualquiera medianamente informado sabe que la política militar y exterior de los EEUU está determinada por el lobby pro-israelí (y esto ya dice mucho sobre Sanders), la iniciativa no carece de cierto mérito. Por este motivo, Trump, gracias a los halcones de su gobierno, vetó la S. J. Res. 7 alegando que se trataba de un “peligroso intento de debilitar mis poderes constitucionales”. Es decir: los EEUU se verán envueltos en más y más guerras. Todo esto hace prever que Trump concurrirá a las elecciones presidenciales de 2020 como el “candidato de la guerra” y se dejará arrebatar la bandera antibelicista por los demócratas, si Sanders resulta nominado.

 

¿Qué reflexiones se desprenden de todo este asunto para España? Pues que la gente te vota para que hagas las cosas que quiere y deja de hacerlo si no las haces tú. También, que puede llegar alguien que te arrebate tus antiguas banderas. Esto debería ser una enseñanza de primer orden aunque pueda parecer evidente. Trump salió elegido por tres cuestiones: luchar contra la inmigración, sacar a los EEUU de las interminables guerras y devolver al país al menos parte de la soberanía económica sustraída por la globalización. De estas tres cosas solo puede alegar méritos (algunos) en la tercera pero en las otras dos o no ha hecho nada o ha hecho exactamente lo contrario. En concreto, por lo que se refiere a la política exterior, Trump es un presidente tan nefasto como Bush hijo u Obama. Nadie le critica por eso y sí por su tibia y efectista política antiinmigratoria.

 

Un caso similar podría darse con aquellos que creen que la política se basa en estentóreas declaraciones de patriotismo. En pocos sitios es mas aplicable eso de “por sus hechos les conoceréis” que en la política. En España, es evidente que VOX no va a gobernar pero ya sabemos que su política económica se basa exclusivamente en “bajar los impuestos” y en recortar lo público; es decir, una receta vetero-liberal proporcionada por Rubén Manso. Sin embargo, también es evidente que cualquier política económica que no entre de lleno en la cuestión demográfica es, en esencia, solo una variante de lo que ya hay. El factor demográfico es un factor tan determinante de lo económico, y no solamente de lo económico, que prescindir de él resulta un indicador fundamental. Es verdad que quizás pueda apostarse por medidas paliativas en un determinado momento pero también hay que saber que lo que necesitamos son medidas terapéuticas antes que paliativas. Más aún: debe transmitirse clara y honestamente al electorado que se busca lo terapéutico, y no lo paliativo, como núcleo de la política que se persigue. Si a cosas como ésta se suma la “amistad con Israel”, que se traduce en un seguidismo acrítico de la estúpida y suicida política exterior americana, aunque VOX pueda declarar esto o aquello, es necesario reunir fríamente TODA la información disponible para hacerse una idea de los fines que se persiguen.

 

Así que nadie piense que basta con declararse “patriota”. Eso a lo sumo puede producir un revoltijo hormonal en algunos, pero al final las cosas se rigen por su lógica al margen de lo que sienta cada uno. Es mucho mejor saber que “por sus hechos les conoceréis” y, si no hay hechos suficientes, habrá que conocer por su palabras y silencios. Lo demás son cuentos.