Por desgracia, de todos es conocido, debido a la amplia difusión que se le otorga, de que ahora, a principios del presente mes de julio, se celebran las fiestas del Orgullo.  Unas celebraciones que ya llevan unos cuantos años celebrándose en Madrid y que, por infortunio, cada vez atrae a más personas a la ya concurrida capital española.

Con un eslogan esperpéntico para este año (“Nuestro mayor orgullo”), las fiestas ultiman sus días y se acercan, por suerte, a su término, al menos, por el presente año. Y gracias a Dios, porque, vaya asco para los que vivimos por el centro de la ciudad. Retahílas de chorreones de aceite pringoso, y tortilleras sin distinción dándose el lote en cualquier esquina, como si fuera algo normal y serio.

Y como está de moda lo progre, las niñitas recorren las céntricas calles con esas putas banderas de colorines agarradas al cuello, o sujetas al ojete como si defendieran algo legítimo y sensato. ¡Qué asco! Y luego, los partiditos políticos, salvo VOX (menos mal), apoyando la fiesta, y cómo no: la derechita cobarde, que no le falte echar incienso en estas cositas, para que no se diga que ellos no…

A ver si pasan estos días rápido, y puedo, desde el punto de vista personal, ver la luz clara y reluciente del cielo de Madrid, ya que, con tanto maricón y tortillera juntos, se ha nublado el cielo estos días, y se atisban tormentas repentinas a la hora de la concentración de las susodichas criaturas.

¡Joder! Un hombre está para una mujer, que por eso Dios nos concibió así. Y si otros no piensan así, al menos que se escondan y no molesten, o que se queden dentro del armario, y que nos dejen crecer en libertad y en base a la formación de la FAMILIA, como ha sido siempre y seguirá siendo.