Es difícil hacer caso omiso de que el gran problema del presente en España es su complicada  gobernabilidad tras las recientes elecciones celebradas a todos los niveles, seguido  consecuentemente por el alto grado de incertidumbre que se cierne en todos los campos sobre el futuro que podemos vislumbrar, incluso los más optimistas. Si embargo, pese a la preocupante situación o precisamente por ella, según cada cual, es el Generalísimo para unos y el Dictador para otros, quien continua en la vanguardia de la actualidad política y sobre todo informativa.

 

Y no entro en en el tremendo dilema que ha ocasionado la insensatez del Sr. Sanchez con la innecesaria exhumación de los restos del General Franco por innecesaria y extemporánea. En la próxima semana correrán ríos de tinta y horas de televisión y radio sobre el manido e inútil asunto

 

Pero como la preocupación de los medios es que no decaiga cualquier referencia sobre la figura del General Franco, el pasado día 30 de Mayo me encontré con una entrevista que Manuel P. Villatoro hacía en “abc.es” a los escritores y divulgadores históricos Alberto de Frutos y José Luis Hernandez Garvi para presentar sus respectivas obras: “La Segunda República española en 50 lugares” y “La Guerra Civil en 50 lugares”.

 

En ella prácticamente nada se habla de ambos libros en dicho trabajo periodístico y como el título anuncia, se trata una vez más de comparar las competencias de las dos figuras militares más sobresalientes en cada contendiente de la Guerra Civil: Francisco Franco y Vicente Rojo. Pese a los intentos de las preguntas, las respuestas no han logrado contradecir la verdad real y aunque entre lineas intenten arrimar el ascua del lado del Jefe de Estado Mayor del Ejército Popular Republicano. Por uno u otro motivo la realidad se impone y quien pretenden demostrar que fue el mejor al final de cada enfrentamiento, no solo de la guerra, siempre fue el perdedor.

 

Sin intención de prejuzgar los análisis de los entrevistados que con aclaraciones o expresando dudas dejan en el aire la superioridad de Rojo sobre Franco, creo que están algo faltos de información en lo que a las capacidades profesionales del militar se refiere y si se han apoyado en afirmaciones y juicios de historiadores, militares o no, cuyos análisis están presididos más por inquina a Franco que por la serena objetividad de los hechos que protagonizó. Dicen que de la Guerra Civil española se ha escrito mucho y  en contra de lo habitual han escrito más los vencidos que los vencedores. Pero hay que leerlos a todos con la imparcialidad de todo historiador, cosa que reconozco no es fácil.

 

Si me permiten les aconsejo, dada su especialidad de divulgadores históricos, la lectura de la obra del General Salvador Fontenla Ballesta. De una trayectoria profesional incuestionable, tanto en el Mando de Unidades como de Oficial de Estado Mayor, además es Doctor en Historia por la Universidad Complutense de Madrid  y autor de numerosos libros y artículos de Historia Militar. Les recomiendo especialmente “EJÉRCITO NACIONAL CONTRA EJÉRCITO POPULAR DE LA REPÚBLICA (Una Historia Táctica de la Guerra Civil Española)”. No es mi intención ni el espacio me lo permite desmenuzar esta obra histórica y profesional de un militar que no solo ha estudiado sino que ha vivido todo tipo de situaciones,lo que le permite analizar técnicamente ambas facciones enfrentadas, sus protagonistas, organización, problemas, ventajas errores y aciertos en cada una de las batallas, campañas y el final de la guerra. Estudiarlo sin apasionamiento dará luz a quien deseé encontrarla.

 

No deseo terminar este comentario sin hacer mención de Vicente Rojo. Del Generalísimo ya he publicado distintos trabajos y replicado a algunos argumentos por ser poco acordes con la verdad o por la falta de buena información de los analistas.

 

Lo hago como militar desde mi más sincera consideración al hombre y al militar. Cuando el señor Frutos inicia su análisis sobre Rojo, lo relaciona con su compañero y amigo Emilio Alamán Ortega, mi tío abuelo. Por mera casualidad tuve la oportunidad de conocer a Vicente Rojo en casa de mi tío al poco tiempo de regresar a España. Era yo entonces un imberbe jovenzuelo haciendo todos los esfuerzos para ingresar en la Academia General Militar. El encuentro fue breve los dos viejos camaradas querían hablar sin mi presencia. Pero recuerdo que al contarle mi tío mi situación de aspirante a Cadete, emocionado comentó que una de sus grandes penas era que uno de sus hijos que deseaba ser militar no pudo serlo en España.

 

Más adelante me enteré que una vez juzgado por graves delitos, le llegó casi de forma simultanea la condena y su indulto quedando tan solo desposeído de los ascensos alcanzados en la guerra. Fue un buen Oficial, competente y con mucho más teoría que practica, cuando la profesión castrense requiere de una formación completa donde la teoría aplicada a la práctica es imprescindible. Son ganas de discutir sin necesidad comparar la capacidad profesional de ambos militares, porque no se puede comparar un huevo con una castaña y la función del Mando Supremo de un Ejército nada tiene que ver con la del Jefe de Estado Mayor del enemigo. Todo son ganas de enredar. La guerra es una Ciencia y también un Arte en los que influyen cantidad de factores independientemente de las personas por muy importantes que sean. En el caso de Rojo, de Comandante a Teniente General en menos de tres años sin haber ganado una batalla, dice mucho de lo que estaba rodeado y las inmensa falta de militares profesionales con experiencia en campaña, donde los críticos actuales más o menos historiadores no se aprende nada de estrategia sobre el plano, olvidándose que “ papel lo aguanta todo”. Igualmente, el relativismo reinante considera que a la guerra se iba por ambición de ascenso y dinero. Desde luego ese no fue el motivo por el que la mayoría, entre ellos  mi abuelo, compañero de Promoción de su hermano Emilio y Vicente Rojo, dejase una viuda de 27 años con una niña de 3 huérfana.

 

En fin creo que el Comandante Rojo habría hecho un papel magnífico junto a su compañero y amigo íntimo, Emilio Alamán. Y posiblemente el Ejército Popular de la República no habría resistido tanto tiempo sin su claridad y honradez profesional. Porque si no tenía ningún sentimiento comunista, que fueron los que dirigieron políticamente la guerra en ese Bando y además era un católico sin tacha, solamente su profesionalidad  pudo darle las fuerzas para hacer todo lo que supo y no pudo.

 

Fue el destino y las circunstancias personales lo que hicieron que Rojo se encontrara obligado donde ni sus ideas y creencias le podían aconsejar, intentando lo imposible sin que nada ni nadie le acompañara. De ello deduzco el comportamiento de sus compañeros de Armas a su regreso a España.

 

Por el contrario Franco se encontró con una parte muy importante del pueblo español que mantenía vivos valores morales y espirituales pese a la tremenda persecución que sufrían sin piedad así como con la mayor parte de los profesionales del Ejército versados en campañas y conocedores  y practicantes de los principios fundamentales del Arte Militar y el empleo táctico de las Unidades Militares. Todo ello y sobre todo la Unidad de Mando, inexistente en el Ejército Popular, facilitó la Victoria final pese a las desventajas de todo tipo que inicialmente encontraron los Alzados.

 

Por terminar aquí no entraré en otro de los temas que confunden más que aclaran cual son los apoyos externos recibidos por unos y otros, así como las acciones realizadas en las respectivas retaguardias. Ahí dejo el reto, pero lo que me gustaría es no tener que volver a pedir que nos dediquemos a sacar a España del diabólico laberinto en que la han metido y que todos puedan conocer los verdaderos hechos de nuestra Historia, los buenos y los malos pero los verdaderos,  cueste lo que cueste.