La joya de la corona del globalismo es el famoso Club Bilderberg, lobby internacional formado por la casta plutocrática mundial, donde se integran los magnates de la comunicación, las élites financieras, las multinacionales más poderosas, lo políticos más influyentes, y algunos miembros de la aristocracia y la realeza. Con estos miembros, el Club es el verdadero gobierno mundial en la sombra. Fundado en 1954, se reúne una vez al año en distintas sedes. A sus convenciones suelen acudir unos 140 invitados, que debaten ―sin que nunca trasciendan públicamente sus conclusiones― sobre la estrategia a seguir para controlar los destinos del mundo: diseñan guerras, cambian gobiernos, organizan campañas mediáticas, establecen las directrices económicas globales… gobiernan el mundo bajo el principio de la globalización, en una palabra.

Bilderberg es la verdadera casta que manipula a todas las demás castas, que son simples marionetas suyas, peones en su macabro juego de dominación, codicia y poder.

Y decir «Bilderberg» es decir «Transición», proceso político descaradamente promovido por las instancias mundialistas, por los hierofantes del globalismo luciferino. En especial, tuvimos el dudoso honor de que fuera pilotado por la máxima figura conspirativa del Club, su arquitecto más destacado: Henry Kissinger.

La investigadora Cristina Martín Jiménez ―periodista de investigación, la primera autora mundial en publicar un libro sobre los gerifaltes del Club, con el título El Club Bilderberg: los amos del mundo, a la que han seguido otras publicaciones sobre el mismo tema―, afirma que el plan Bilderberg de acabar con los Estados-Nación afecta a todo el planeta, pero que en España «por la cobardía y mezquindad de los políticos, gobernantes y Jefes de Estado españoles, aquí el plan ha funcionado de forma muy rápida y a la perfección».

Cristina asegura que desde 1968 el objetivo del Club es destruir la identidad nacional de España, pues para conseguir el gobierno mundial primero hay que destruir las naciones. Puede parecer sorprendente una ofensiva tan total sobre nuestro país, una potencia media que no llega a 50 millones, y que figura en un segundo plano en la política internacional, pero  Cristina afirma que «Ellos no olvidan lo que fuimos capaces de hacer. Somos el primer imperio moderno y, aunque pueda parecernos un hecho lejano, en realidad no hace tanto que ocurrió. Somos los descendientes de aquellos hombres que descubrieron un nuevo mundo, cambiando el planeta para siempre. Y además, España es el punto geoestratégico más importante para EEUU. Somos la puerta a tres continentes y dos mares. Hace unos días el ministro de Defensa dijo que España es un portaviones en mitad del Atlántico. ¿Le parece poco importante para un mundo en guerra?».

Para Bilderberg y el NOM sí somos importantes, sin duda, y por esa razón todos los personajes que han tenido peso fundamental en la Transición y la democracia han ido pasando por los versallescos salones del Club, acatando sin rechistar los mandamientos del Club, el cual se presentaba bajo una apariencia filantrópica de ONG que pretendía colaborar generosamente en la restauración de la democracia tras el franquismo, pero su verdadero objetivo se refleja claramente en aquella tremenda frase que soltó en cierta ocasión Kissinger: «Una España fuerte es peli-grosa». Esta frase fue como el clarín de guerra a cuya llamada acudieron los «Séptimos de Caballería» del NOM. Objetivo: debilitar España.

En efecto, era tal nuestra pujanza, que los Bilderbergs tuvieron que tutelar nuestra Transición para que nuestro poderío económico no amenazara la riqueza de otros países europeos. Fue así como un país que estaba a punto de superar a Francia e Inglaterra en renta per cápita se convirtió en un país de camareros, que desguazó su industria para complacer a los mandamases que aseguraban el poder a la casta socialista. El corolario de este alevoso desmantelamiento industrial fue el altísimo paro endémico que lastró la democracia, disparándolo a niveles insoportables desde el casi pleno empleo que tenía España en 1975, hasta el 15% en 1981, seis años después, y a la espeluznante cifra del 21% en 1985. Es decir, que en solamente 10 años España aumentó su paro en 18 puntos.

El horizonte estratégico del Club iba plenamente dirigido a convertir España en una sucursal del imperio americano, en una reserva del NOM, en una España plurinacional, pues fueron los dictámenes de Bilderberg los que nos impusieron el Estado de las Autonomías. Y como telón de fondo de esta conspiración, por supuesto, latía la intención de los prebostes globalistas por vengar-se del único país que había derrotado al comunismo, el monstruo que habían creado como punta de lanza del NOM, pues no hay que olvidar que el comunismo es también un engendro de las élites globalistas.

España, quién te vio y quién te ve: del imperio, a ser la carne de los cañones Bilderberg, de la OTAN, de la UE, y de todo organismo transnacional que se precie.

El general Manuel Fernández-Monzón Altolaguirre —hijo de un militar fusilado en Paracuellos— formó parte entre 1969 y 1970 de un Servicio Internacional de Inteligencia como el que operó en la URSS. En 1972 ingresó en el recién creado Servicio Central de Documentación de la Presidencia del Gobierno (SECED), conservando su destino en el Alto Estado Mayor.

Su pertenencia a los servicios secretos le dio la oportunidad de conocer a fondo las bambalinas que constituyen la «cara oculta» de la Transición, exponiendo sus vivencias y conocimientos en su libro El sueño de la transición: los militares y los servicios de inteligencia que la hicieron posible (La Esfera de los Libros). En esta obra, Fernández-Monzón asegura que la Transición fue diseñada por los servicios de inteligencia de EE.UU, Alemania y España, hasta el punto de que ni Juan Carlos ni Adolfo Suárez tuvieron nada que ver en su planificación: «El guión se produjo, se diseñó, se elaboró y se concretó hasta el más mínimo detalle a partir del 27 de febrero de 1971, cuando visitó España el general Vernon Walters como embajador volante del presidente de Estados Unidos, Richard Nixon».

La lista de los Bellido-Dolfos bailoteando para el Club es extensa, porque son los gerifaltes mundialistas los que siempre han decidido quién nos gobernará. Pilotaron la Primera Transición, y ahora llevan completamente la manija de la Segunda, manipulando a sus candidatos prefabricados de cartón-piedra, para que dirijan los destinos de nuestra Patria hacia los estercoleros del NOM, hacia las cloacas de la historia, hacia el agujero negro del globalismo.

En ridícula legión, todos nuestros dirigentes más significativos han ido pasando por el aro Bilderberg, como cachorrillos acariciados por manos ensortijadas; como becarios de conspiraciones, de tejemanejes, de conjuras por la gobernanza mundial; aprendices de brujo en los aquelarres donde las élites globalistas invocan malignas fuerzas para llevarnos a la dictadura mundialista; monaguillos en sus siniestras ceremonias, aguadores irredentos, correveidiles y bedeles de sus macabras ordenanzas; lacayos de sus «democráticas» conspiraciones para cambiar gobiernos, organizar guerras, diseñar «primaveras», colorear «revoluciones» y programar crisis económicas.

Fue así como nuestros tiralevitas, nuestros chupatintas y lameculos traicionaron a nuestra Patria, a la que vendieron por un puñado de escaños.

El primer invitado cum laude a los versallescos salones del Club fue, nada más y nada menos, que Fraga Iribarne, en la reunión de 1977.

Con Fraga em…pezó todo, porque después de él, durante nuestra democracia, han pisado los enmoquetados salones bilderbergianos  políticos, empresarios y magnates de la comunicación: el rey Juan Carlos, Zapatero ―Trinidad Jiménez, una de las más estrechas colaboradoras de Zapatero, asistió a una reunión representando al PSOE, y poco después los socialistas ganaron las elecciones, después del misterioso atentado terrorista del 11M―, Felipe González, Javier Solana, Joaquín Almunia, Enrique Barón, Narcís Serra, Pedro Solbes, Miguel Boyer, Jesús Polanco, Aznar, Federico Trillo, Mariano Rubio, María Dolores de Cospedal, Sora-ya Sáenz de Santamaría, Esperanza Aguirre, Rodrigo Rato, Jordi Pujol, José Manuel García-Margallo, Luis de Guindos, Pedro Sánchez, Albert Rivera, Pablo Casado, Inés Arrimadas, y otros muchos,  sin importar si pertenecían a la bancada derechista o izquierdosa, pues al final todos harán aquella política que más beneficie a los poderes fácticos del globalismo... todos agachando la cerviz ante sus grandes maestres, haciendo genuflexiones grotes-cas ante ellos, musitando sus esperpénticos «síbuanas» en sumisa cacofonía. La reina Sofía ha acudido bastantes años, al igual que el PRISA Juan Luis Cebrián, representante bilderbergiano para nuestro país durante bastantes años.

España, quién te vio y quién te ve: del imperio hacia Dios, has caído en Bilderberg hacia el infierno.