En España abundan los trileros políticos

Están apareciendo últimamente partidos nuevos, que seguramente son necesarios, para rejuvenecer la anquilosada clase política que padecemos, y nuevos cargos públicos, algunos de ellos verdaderamente esperpénticos, además de ignorantes, en términos generales, y salvo honrosas excepciones.

Y ante la incapacidad de afrontar los problemas, ofreciendo las soluciones que prometían, la mayoría de las cuáles son inviables, bien por falta de fondos, o, simplemente, porque las instituciones que administran (es un decir), carecen de competencias al respecto (por ejemplo los ayuntamientos en relación con los desahucios), se entretienen en ofrecer al personal pan y circo, convencidos de que sus votantes son tontos del culo…, y es triste decirlo, pero en muchos casos posiblemente no les falta razón.

Así tenemos a alcaldesas que retiran el busto del rey emérito, como si eso fuese la solución de los problemas laborales, sociales y de contaminación de los barceloneses, o el alcalde de Zaragoza, que retira el nombre del rey a un pabellón deportivo, pretendiendo hacer de menos al Jefe del Estado, o el alcalde de Cádiz (al que hay que echar de comer aparte), a quien le viene grande no sólo la alcaldía, sino incluso la docencia. ¡Pobres alumnos! Menos mal que se han librado durante cuatro años de semejante individuo…

Por no hablar de la alcaldesa de un pueblo de Madrid que quiere cobrar lo mismo que la alcaldesa de Madrid, que además de ser la capital del Estado tiene más de tres millones de habitantes, y un presupuesto que seguramente será superior en miles de millones de euros al de Guadarrama, o la contratación como asesores, jefes de gabinete o soplagaitas a sus parejas, que seguramente les dan mucho placer en la cama, pero de las que se desconoce su competencia profesional…

En fin, hemos sustituido a la casta casposa por la casta progre, mugrienta y proletaria, que al grito de ¡a las mariscadas!, amenazan con comerse todos los canapés de las recepciones públicas.

Y todo ello aderezado con gestos de mala educación, o más bien de falta de educación: desprecios a altos cargos del Estado, a la Iglesia Católica, que es la religión que profesamos la mayoría de los españoles, dicho sea de paso, “persecución” a los toros y otras tradiciones populares, que dan de comer a miles de personas, y permiten la conservación del toro bravo, especie única en el Mundo… En fin, para que seguir.

Solamente confío y espero que los españoles que todavía no sean tontos del todo se den cuenta de que con esta gente no se puede ir ni de rebajas.

Y si a la vuelta de unos meses tienen que estar varias horas del día en la puerta de los bancos, para poder sacar 60 euros, que no digan que no se les advirtió a tiempo… Al fin y al cabo, siempre se puede ir a peor, y Grecia es un ejemplo de ello.

La demagogia y el populismo casan mal con la realidad social.

No se puede pedir la cuadratura del círculo: aumento del gasto social sin incrementar los impuestos.

Urge suprimir, o por lo menos reducir, miles de organismos públicos, empresas ruinosas y fundaciones que solo sirven para fundirse el escaso dinero público existente y, de paso, enchufar a sus familiares y correligionarios.

         

Que Dios y la Virgen del Pilar nos iluminen a la hora de ir a votar en las próximas elecciones generales, pues nos jugamos nuestro futuro, y, sobre todo, el de nuestros hijos y nietos.