Nos comunica la prensa, creyendo que ello supone un ejercicio de transparencia en este sistema corrupto, las posesiones y ahorros declarados por los portavoces de los grupos parlamentarios en la Asamblea de Madrid.

Conviniendo en que lo admitido sea cierto, encontramos lo siguiente:

 

Don Ángel Gabilondo (PSOE) tiene ahorrados 23.241 € y dispone de 88.000 en un plan pensiones.

Doña Isabel Díaz Ayuso (PP) ha ahorrado 10.124 € y su plan de pensiones se reduce a 800 €.

Don Ignacio Aguado (C´s) dispone de ahorros por importe de 56.918 €, y de otros 41.000 en acciones.

Don Íñigo Errejón (Mas Madrid) ha ahorrado 52.284 €.

Doña Rocío Monasterio (Vox) tiene en sus cuentas corrientes 114.682 €.

Y doña Isabel Serra (Podemos) no ofrece información sobre sus ahorrillos.

 

Todos tienen, además diversas posesiones inmobiliarias, de cuyo valor estimado no se nos informa.

Teniendo en cuenta que el socialista sobrepasa ampliamente la media de edad del resto, se comprende que tenga un plan de pensiones considerable. Sin embargo, llama la atención que después de una larga vida de trabajo -buen parte de ella en la política, que no es actividad mal pagada- sólo disponga de poco más de veinte mil euros ahorrados.

Algo más ahorrativos parecen haber sido D. Ignacio Aguado y D. Íñigo Errejón, aunque si comparamos los años que ambos llevan en política y sus actividades laborales previas, el señor Errejón parece bastante más afortunado en la gestión de su economía.

En cambio, la propuesta como Presidenta de la Comunidad de Madrid no puede presentar un balance más nefasto, con menos de 11.000 € entre cuentas bancarias y plan de pensiones.

Nada se puede decir de doña Isabel Serra, al parecer fiel seguidora de la norma soviética de que los proletarios no tienen por qué saber cómo vive la nomenklatura, que se merece lo mejor por lo mucho que se esfuerza por las famélicas legiones.

Y nos queda, evidentemente, doña Rocío Monasterio que con sus 114.682 € en cuentas corrientes es -dice la prensa del sistema, siempre tan ecuánime- la más adinerada. Y también -me parece que debería añadirse- la única de todos los referidos que acaba de entrar en la nómina de la política, habiendo ejercido hasta ahora su profesión.

Todo esto, que aunque nos lo creamos y admitamos como bueno, no deja de ser una simple anécdota; pero una anécdota de la que cabe extraer conclusiones.

Por ejemplo, que doña Isabel Díaz Ayuso parece bastante inepta a la hora de gestionar su situación financiera, y como Presidenta de Madrid lo más seguro es que no mejore sus capacidades.

Y por ejemplo, que la única de las personas citadas que sabe lo que es ganarse el pan fuera de la política o el enchufe universitario, es doña Rocío Monasterio; y que -según sus informes bancarios, esos en los que la prensa sólo ve que es quien más dinero confiesa tener- lo ha hecho bastante bien en su profesión.

¿Alguien más vería lógico que se eligiera para los puestos de gobierno a quienes han demostrado su eficacia laboral y como gestores, en vez de a manirrotos y fracasados?