En su célebre carta al Caudillo, allá por los años cincuenta del siglo pasado, Dionisio Ridruejo le expone al Generalísimo las razones de su retirada institucional y de su exilio espiritual diciéndole: “Ser falangista hoy, apenas es ser cosa alguna y es, además, exponerse a diario vejamen”. Dionisio se fue a fundar la socialdemocracia española, y Franco le despidió dando una orden: “A Dionisio, que no le falte de nada”.

Era otro tiempo. El de los hombres decentes. Hoy es el tiempo del cambalache pero, al igual que en los años de la decencia como inapelable norma de conducta, también hoy ser falangista apenas es ser cosa alguna y continúa siendo motivo de diario vejamen. No importa… a mí no me importa, no me ha importado nunca porque precisamente en el insulto y el ninguneo de la derecha y de la izquierda a la Falange está la grandeza de la Falange. Cuando Arzalluz decía, con ánimo vejatorio, que Felipe González y Aznar tenían una idea joseantoniana de España demostraba dos cosas: su profundo desconocimiento del socialista y del liberal, y que su proyecto de ruptura de la Patria solo tenía un enemigo que podría llegar a abortarlo, no la Falange pero sí la concepción joseantoniana de España.

Pablo Iglesias, acaba de afirmar, también con ladino ánimo vejatorio envuelto en su pedante academicismo, que las ideas de José Antonio y de Ramiro Ledesma Ramos no están en VOX. Y tiene razón el bolchevique, aunque muchos falangistas se dejaran seducir, como militantes o como simples votantes, por un espejismo. Lo digo sin el menor desdén y sin el menor apego hacia VOX. Lo afirmo como el reconocimiento de una evidencia. Nada más. Y lo hago desde la absoluta indiferencia política que a mí me produce VOX, y sin afearle ni reprocharle a ningún falangista o ex falangista lo que quiera que sea que hayan visto o que busquen en VOX. Y lo digo, además, con la legitimidad que me da haberlo proclamado mucho antes que Pablo Iglesias. He pagado por haberlo hecho: distanciamiento familiar, alejamiento de muchos amigos y camaradas, cerco profesional y boicot económico. No importa. Todos ellos siguen palpitando en mi corazón aunque me hayan expulsado del lugar (si es que alguna vez lo tuve) que yo ocupaba en los suyos.

Parafraseando lo que Dalí decía de Picasso afirmaré que “los de VOX son unos españolazos, yo también. Los de VOX son liberales de derechas, yo tampoco”. Dicho sea sin el menor desdén y sin el más mínimo apego político.