La Cataluña del 2019, quién la ha visto y quién la ve. La agitación permanente de una patulea de iluminados secesionistas - que no se atreven a confesar que su proyecto nunca verá la luz porque es política y económicamente inviable - está catalizando el mayor éxodo de empresas e inversiones que nunca se haya visto en la zona, mientras sus gobernantes municipales siguen centrados en una serie de políticas demagógicas y migratorias absolutamente nefastas para el futuro de una comunidad otrora rica, civilizada y socialmente ejemplar.

Lo que ocurre a nivel económico es algo que todos saben porque a todos afecta, sean o no sean secesionistas. Que de vez en cuando salte la noticia estadística, negativa, pesimista, no es por tanto ninguna sorpresa. Pero si de algún sector del proceso independentista catalán no se habla y no se permite comentario alguno es del referente a la catastrófica política migratoria de una Generalitat que ya no sabe cómo ocultar a sus propios catalanes el berenjenal en el que los ha metido. La zafia política pujolista de potenciar la inmigración musulmana - por aquello de que "estos al menos no hablarán español" - ha creado en Cataluña una situación potencialmente peligrosa, socialmente alarmante y políticamente delicada. En tan sólo cuatro años - entre 2011 y 2015 - la población musulmana en Cataluña creció un 19.5%, es decir, cerca de 85.000 inmigrantes mahometanos, concentrados en lugares donde la presencia mahometana ya era de por sí preocupante. Y ese no es más que un dato anecdótico, porque durante el corto tiempo en que el "okupa cum fraude" ha estado detentando el poder, más de 30.000 musulmanes se han sumado al censo catalán.

 

 

Todo el mundo creyó que, a raíz de los atentados de Barcelona en el 2017, la época dorada del "multiculturalismo" catalán tocaría a su fin y que los políticos catalanes dejarían de priorizar sus estafas independentistas para empezar a tomar serias medidas gubernativas, destinadas a paliar tan peligroso desarrollo. Pero ca. Siguen sordos a todo aviso, ciegos a toda realidad y mudos ante la aplicación de un programa migratorio que acabará muy mal. La deleznable alcaldesa de Barcelona, Ada Colau - tan dada a proteger la blasfemia al Cristianismo - sigue destinando más de 100.000 Euros a mantener uno de esos "observatorios" de la izquierda podemita "contra la islamofobia", mientras en algunas de las grandes ciudades de la Comunidad pueden verse calles y avenidas cubiertas de musulmanes orando de rodillas como quien se toma el aperitivo.    

 

A la vista del escaso esfuerzo oficial por defender la naturaleza idiosincrática de la Comunidad, cabe preguntarse si Cataluña está en condiciones de evitar el "efecto llamada" de una mayor inmigración y por ende de una mayor islamización. Creemos que no. Creemos que ya es demasiado tarde. Se ha permitido que la inmigración musulmana se potenciara exponencialmente, hasta el extremo de que hoy día hay más de un millón de residentes musulmanes en un total de unos 7 millones de habitantes. Un porcentaje mucho mayor que el de algunas zonas francesas a punto del colapso social y económico. Ciudades como la otrora exuberante y brillante Barcelona están pareciéndose cada vez más a Londres, con poblaciones con un 30% de residentes no-europeos. En estas condiciones y dado que la tendencia no hace sino acentuarse año tras año, si los secesionistas catalanes, que no representan más que a una fracción de todos los catalanes, llegaran a conseguir la independencia - quizás de la mano de Pedro Sánchez y sus socios podemitas - Cataluña probablemente acabaría convirtiéndose en el primer Estado Islámico de la Europa Occidental, con todo lo catastrófico que para la cultura catalana - y por ende de la española que la arropa - sería una tal transformación. Y lo peor de todo es que lo que ocurre en Cataluña no es más que el aviso de lo que acabará ocurriendo en España si no lo remediamos el próximo 28A.

 

Y no exageramos: En la vecina Francia, el petimetre Macron, a quien tanto imita Pedro Sánchez, ha llegado a pensar en crear un Partido Islámico para contener el peso específico de ese 10% de la población francesa mahometana y para intentar frenar las protestas, cada vez más violentas, de esos "chalecos amarillos" que precisamente critican su laxa política migratoria sorista-globalista y la culpan del palmario descenso de sus salarios, del drástico empeoramiento de los servicios públicos - especialmente sanidad, educación y justicia - y del creciente y alarmante aumento de la violencia y la inseguridad en sus barrios y ciudades. Cuando se recuerda que en España hay millares de jóvenes marroquíes (MENAS) deambulando por sus calles, atacando a nuestras mujeres (como a esa embarazada de Tarragona a quien tres cafres marroquíes han asaltado y pateado el vientre) y que cada uno de esos MENAS nos cuesta 7.000 Euros mensuales y siguen sin ser deportados, no hace falta ser un Pitágoras para calcular que ese y otros cánceres migratorios que Pedro Sánchez consiente y alienta - como esos centros de acogida a punto de reventar, esos subsidios, esas becas, viviendas, sanidad gratuita, etc.- acabarán por arruinar a una España que en tan sólo unos pocos años de memez y cobardía pepera y otro año de desvergüenza y abusos socialistas ha visto descender el nivel de vida de obreros, comerciantes, autónomos y jubilados hasta límites indecentes. Esa amplia y pujante Clase Media - la mayor conquista del Régimen de Franco - que costó décadas de trabajo, esfuerzo y sacrificio, y que por muchos años fue la admiración de Europa se está yendo al garete.

 

En efecto, con una Europa en vías de islamización, con una invasión migratoria a la vuelta de la esquina y unos políticos soristas y globalistas - como Sánchez, Macron o la Merkel - abriéndole fronteras, como los iluminados pujolistas hicieron con Cataluña, la antaño sana Clase Media está tocada y amenazada de muerte, como lo está el país al que sustentaba y apenas sustenta. Lo ocurrido en Cataluña desde que el pujolismo decidió islamizarla para des-españolizarla, es la tragedia anunciada de lo que le ocurrirá al resto de España si no se pone fin al proceso político de un desaprensivo, como Pedro Sánchez, que sin pasar por el Congreso - ni a la ida ni a la vuelta - firmó en Marrakesh el Pacto Global Migratorio que acabará de hundirnos con su marabunta de 200.000-300.000 "refugiados" ilegales a los que habrá que dar vivienda, subsidios, becas, sanidad y hasta el trasero, mientras se convierte en delito criminal cualquier tipo de crítica contra su presencia en el país. El purulento grano de Cataluña reventará sin remedio - eso no tiene cura - pero el resto de España aún se puede librar del mismo destino sacando de Moncloa, lo antes posible, al impresentable y desvergonzado traidor "cum fraude" que la "okupa". El 28A veremos si los españoles han entendido o no han entendido lo que se juegan.