Existe una innegable correlación entre los declarados objetivos del yihadismo islámico, utilizando la llamada "invasión islámica" como Caballo de Troya, y los cada vez más frecuentes y descarados ataques al Cristianismo, consentidos por los gurús de la "corrección política" y alentados por los que en una izquierda tan podrida como extrema ya no saben qué hacer para "hacer que hacen" algo útil. Precisamente en estas fechas de folklórico fervor religioso de nuestra Semana Santa es cuando surgen más pistas de una situación alarmante que aunque preocupa seriamente en Europa parece que en España aún no ha vencido la oposición de la cobarde clase política para ponerle nombre y combatirla.

No hace muchos días que a Javier Ortega Smith, de VOX, unas mentes harto calenturientas le censuraban que hubiera utilizado el término "invasión islamista" y hasta pretendían calificarlo de "lenguaje de odio" para poder empapelarle. Paralelamente, se representaba en Barcelona una supuesta obra teatral - subvencionada por la Colau - jugando blasfemamente con la divinidad y la vagina, y un grupo de maricones y lesbianas - con la bandera del Arco Iris en mano - irrumpía en un servicio religioso dando gritos de "Alabaré al maricón", sin que a ninguno de nuestros rigurosos jueces y fiscales se les haya ocurrido calificar dicha conducta como "lenguaje de odio" pese a su obvia inquina contra el innegable sentimiento cristiano de una abrumadora mayoría de españoles bien nacidos. Un innegable indicativo de que España, en manos de una patulea de ineptos, zafios, groseros y degenerados, camina por un sendero potencialmente peligroso, cada día más parecido a lo que ya sucede en distintos puntos de Europa que es oportuno recordar, aquí y ahora:

En Alemania, cuatro iglesias por separado fueron vandalizadas y/o incendiadas durante el pasado mes de Marzo. "En este país - decía PI-News el pasado 24/03 - existe una creciente guerra contra todo símbolo de Cristiandad: Ataques contra cruces, contra estatuas religiosas, contra iglesias y, recientemente, contra cementerios" y añadía: "En virtualmente cada ataque contra una iglesia, las autoridades y los medios informativos ocultan la identidad de los vándalos. En las raras ocasiones en las que la identidad de los autores - como "musulmana" o "inmigrante" - se filtra, los vándalos son presentados como pobres individuos sufriendo alguna enfermedad mental". "Nadie se atreve a escribir sobre los crecientes ataques contra los símbolos cristianos. Existe un elocuente silencio, tanto en Francia como en Alemania, sobre el escándalo de las profanaciones y el origen de sus autores". "Ni una palabra. Nada que de alguna forma pueda llevar a sospechar de los inmigrantes. No son los vándalos quienes corren el riesgo de condena sino aquellos que se atrevan a asociar los ataques contra el Cristianismo con los medios inmigrantes. Quienes lo hagan serán acusados de xenofobia, lenguaje de odio y racismo".

En Francia, dos iglesias son profanadas cada día, de media. Un total de 1.063 ataques contra iglesias cristianas o sus símbolos (cruces, imágenes, etc.) se registraron en Francia en el 2018. Un aumento del 17% comparado con el año anterior (2017) en el que se registraron un total de 878 profanaciones - algo que ilustra el hecho de que estos ataques contra la Cristiandad van de mal en peor. La lista que poseemos de los principales actos vandálicos registrados en Francia es interminable: Destrozo de cruces, incendios, defecaciones en el altar, pisoteo de hostias, derribo de pilas bautismales, degüello de imágenes, etc.etc, como también lo es la lista de localidades donde estos hechos ocurrieron. No las publicaremos porque, dada su gran extensión, rebasan los límites legibles de este digital, pero sí aclararemos que según registros oficiales - que nunca trascienden al público en general - los autores casi siempre son "jóvenes con historial migratorio", frecuentemente descritos como "jóvenes islamistas" - una descripción corroborada por muchos de los restos que dejan tras de sí, como las inevitables inscripciones de su "Alahu Akbar".          

La situación en España es muy distinta y existen varias razones para ello. El islamismo inmigrante campa libremente por una España que ya ha perdido su dignidad de tanto que los apoya, mantiene y acoge - en un perpetuo agravio comparativo con la población española menos favorecida - y todo ello por la fascinación que una desnortada extrema-izquierda tiene por lo musulmán (que identifica como martillo de la burguesía democrática) y por su enfermizo odio a los símbolos cristianos como fácil, inerme e indefenso objetivo en su ostentación política radical, atea y pijoprogre. España quizás no llegue a experimentar la situación de otros países europeos en lo referente a la profanación de iglesias y símbolos, porque los mahometanos saben que los españoles no les dejarán ir tan lejos sin que se provoque una reacción popular que influirá negativamente en su actual status social altamente subvencionado. Pero también porque de su actividad anti-cristiana ya se ocupa una extrema-izquierda - y hasta una izquierda gubernamental - que ve con buenos ojos el acoso a todo lo religioso mientras sea cristiano, que apoya la subvención y mecenazgo de barbaridades teatrales divino-vaginales y que otorga creciente impunidad a unos degenerados irrumpiendo en un servicio religioso al grito de "Alabaré al maricón". Con estos coprófagos blasfemos, ¿quién necesita a los vándalos del islamismo inmigrante?

Pero la historia no acaba aquí, porque si bien en España el frente en la guerra contra el Cristianismo está relativamente tranquilo, el del terrorismo yihadista no lo está. Cuando aún está fresca la memoria de los atentados del 11M y su musulmán origen salafista, y los sucesos de Barcelona en Agosto del 2017, igualmente yihadistas, se produce ahora el aviso del último video distribuido en los canales próximos al llamado Estado Islámico, en el que se llama a los "lobos solitarios" yihadistas a aprovechar las celebraciones religiosas de esta Semana Santa para atentar en las principales ciudades españolas. Nada que nos sorprenda, dada la impunidad con la que el Gobierno de Pedro Sánchez premia a esas hordas de jóvenes musulmanes - los MENAS marroquíes - que asaltan a nuestras mujeres, roban, extorsionan y están en el más descarado narco-menudeo, sin que ni una sola vez aparezcan sus nombres y países de origen en las pocas crónicas periodísticas que se atreven a relatar sus andanzas. Para colmo, esos angelitos - que ya debieran haber sido deportados - nos cuestan la friolera de €7.000 mensuales por cabeza, es decir, entre 25 y 50 millones mensuales, si no más, que muy bien podrían haber sido agregados a unas pensiones mínimas absolutamente impresentables.

El Gobierno del "okupa" - Dios no quiera su regreso - cree tener la sartén por el mango y sigue potenciando la "invasión islamista" en cumplimiento del Pacto Global Migratorio que Pedro Sánchez firmó el pasado Diciembre en Marrakesh, Marruecos, a espaldas del Congreso y de la opinión pública española. Un pacto que convierte en "legales" a los 200.000-300.000 inmigrantes "ilegales" que se esperan por el "efecto llamada" y les asegura vivienda, sanidad, subsidios, becas, etc. mientras prohibe - como delito criminal tipificado - cualquier crítica negativa a la presencia de dichos inmigrantes en el país y a la difusión mediática de sus orígenes. Lo mismito que ocurre en Francia y Alemania, donde el fatuo Macron y la iluminada Frau Merkel - en quienes se inspira Pedro Sánchez - también firmaron dicho Pacto en contraste con numerosas naciones europeas más inteligentes que se negaron a hacerlo. A la vista de cuanto antecede, está claro que España no puede permitirse una mayor "inmersión" en el pantano migratorio musulmán sin correr los mismos riesgos que corren Francia y Alemania y para ello no hay más alternativa que salir a votar el 28A por VOX, el único que, en su programa, promete poner fin a los abusos migratorios, eliminar subvenciones no justificadas, repatriar a los indeseables y poner a los españoles al frente de la lista. LOS ESPAÑOLES PRIMERO.