Uno de los muchos temas de discusión cotidiana confirmando el dicho de que “cualquier tiempo pasado fue mejor”, aunque no siempre lo fuera, fue el relativo a Gibraltar y al Espíritu Nacional desencadenado para forzar su recuperación. Los que vivimos aquel tiempo, los que de estudiantes nos manifestábamos en Madrid y provincias al grito de “Gibraltar Español”, o recurríamos al asunto de Gibraltar para generar una trifulca que nos diera varios días sin clase, nunca dudamos de nuestros históricos derechos sobre el Peñón ni permitimos que ningún mal nacido los pusiera en duda.     

Ha llovido mucho desde entonces. Hoy lo de Gibraltar se toca con guante blanco, se matiza, se politiza según el color del partido que lo haga - como hacen los piojosos marxistas de PODEMOS al supeditar su apoyo a supuestos beneficios laborales para la gente de La Linea - y vemos, no sin rabia y repulsa, cómo los socialistas del PSOE torpemente cagan el esfuerzo diplomático de varias generaciones y convierten a la Diplomacia española en el hazmerreir de todos sus homólogos europeos. Y como no podían faltar las vicetiples del salón, se apresura el neo-PP a hacer suya la causa y rasgarse las vestiduras, mientras los de C’s, como siempre, nadan y guardan la ropa sin que se sepa a qué juegan.

Los que sí se sabe a qué juegan - y lo hacen sin miedos ni complejos, les cuelguen la etiqueta que les cuelguen - son los de VOX, que desde hace días vienen exigiendo que se aproveche la positiva circunstancia del Brexit para que España recupere GIbraltar, o al menos mejore substancialmente su posición con vistas a la soberanía o co-soberanía del Peñón. Todo lo contrario de lo que el PSOE de Pedro Sánchez y su inútil ministro Borrell han conseguido con su ineptitud, su indolencia y su ingenuidad en el “timo de la stampita” que Theresa May y Picardo - ayudados por Tusk y Junckers, no lo olvidemos - les han colado sin vaselina.

“Ante el penoso espectáculo dado en la negociación del Brexit y Gibraltar, VOX propone un Pacto Nacional que reivindique la soberanía del Peñón sin medias tintas y se comprometa a exigirlo así ante Bruselas y ante Londres”, decía Santiago Abascal días atrás, mientras su Secretario general, Javier Ortega Smith, recordaba con dolor que “España no tiene un Gobierno que defienda al país ante los británicos”. VOX, en su conjunto, pide “defender España ante los piratas británicos”, coincidiendo así con el sentir de un abrumador porcentaje de españoles bien nacidos a quienes la ignominia de Gibraltar les duele y no ocultan su predilección por la adopción de medidas drásticas que vuelvan a colocar a España en la posición negociadora que le ofrecía el Brexit y que los socialistas de Sánchez tan estúpidamente han arruinado.

Hablábamos de tiempos pasados en el contexto de Gibraltar y lo hacíamos porque, en una pseudo-consulta improvisada entre diferentes colectivos de españoles bien nacidos, hemos observado una actitud frente al Peñón muy similar a la que teníamos los jóvenes de antaño, tanto obreros como estudiantes, ricos como pobres, del Régimen o contra el Régimen - un Régimen al que, por cierto, nunca le temblaron las rodillas para adoptar medidas drásticas “contra los piratas británicos”, como el cierre de la verja y otras medidas de presión.

En efecto, los consultados abogan por una larga serie de actos no desprovistos de una necesaria hostilidad, dadas las circunstancias. Propugnan que, en cuanto Gran Bretaña salga de la unión Europea y Gibraltar, por tanto, deje de ser Europa, el Gobierno español haciendo uso de su soberanía proceda a cerrar la verja a cal y canto - o, en su defecto, a abrirla unas muy pocas horas al día - y paralizar así la vida económica de la colonia. Al mismo tiempo, habría que suspender todas las operaciones bancarias, comerciales, de avituallamiento de víveres y demás, con supresión de servicios y comunicaciones, entre otras cosas a suprimir o congelar temporalmente. Como medida adicional, una serie de “globitos”, como los antiaéreos utilizados durante la 2ª Guerra Mundial, en lugares estratégicos de tierra española circundante al aeropuerto de Gibraltar, haría absolutamente imposible el aterrizaje y despegue de aviones bajo ciertas circunstancias meteorológicas.

¿Cuanto tiempo creen los escépticos que los gibraltareños aguantarían bajo semejante “estado de sitio” sin acceder a negociar lo que dicen ser innegociable? ¿Cuánto tiempo creen que los laboristas y parte de los tories británicos permitirían a Theresa May sufragar el elevado gasto que supondría avituallar y mantener al Peñón por mar?  El solo anuncio del cierre de la verja haría que se le quitara a Fabián Picardo la estúpida sonrisa ante el fiasco socialista español, del que aún se está burlando, y quizás hasta catalizara la celebración de un segundo referendum en Gran Bretaña para evitar el infierno de mantener a la colonia sin la ayuda y la generosidad de España. ¿Y todo eso a qué costo para España ? Pues, básicamente, el costo de subvencionar y subsidiar a los 9.000 españoles que trabajan en el Peñón durante el tiempo que durara el “asedio”, lo cual no es como para asustarse cuando se piensa que debería destinarse a ellos - y no a colectivos extranjeros apoyados por la progredumbre rojelia - el dineral que hoy día se despilfarra en las incesantes oleadas de inmigrantes ilegales, cuya deportación parcial debiera ser inmediata. Para colmo, el corte radical del fraude financiero y de las operaciones de narcotráfico compensarían en gran parte, cuando no en su totalidad, el gasto de mantener el Peñón cerrado a cal y canto. ¿Quién dijo miedo? ¿Acaso España no puede hacer con sus fronteras no-europeas lo que le salga del potito?

Sabemos que no caerá esa breva. Que los partidos más constitucionales y los menos constitucionales están cargados de demagogia barata, de excusas, complejos y puñetas, con tal de que no les cuelguen el sambenito de radicales, xenófobos o fascistas. Pero no estamos hablando de su reputación con vistas a unas elecciones (que se harán rogar, porque el “okupa” dice que no se va), sino de la recuperación de la dignidad y el honor de España cuyo fiasco en lo de Gibraltar está siendo el gran jolgorio de las cancillerías europeas y en especial de la británica. A nadie se le oculta que éste es un tema para el que no debiera haber partidos, ni políticas oportunistas, ni políticos coprófagos. Todo por España. Todo para España. Todos con España.