Las izquierdas quieren al hombre afeminado, calzonazos y amariconado, y endiosan a la mujer mugrienta, verdulera y bollera. Y quieren que nuestros hijos sean alienados en las aulas por los comisarios adoctrinadores LGTB. Quieren un Estado totalitario feminista y antivarón heterosexual.

Pedro Sánchez ha hecho un gabinete para despedazar la identidad católica de España y a las familias cristianas. A los rojos, ejercer de déspotas en nombre de la “libertad” les viene de cuna ideológica, desde la época de la guillotina de Robespierre. Son adoctrinadores por naturaleza. En las hordas asamblearias estudiantiles de donde surgen Pablo Iglesias e Irene Montero, no se debatían tesis grandilocuentes de análisis histórico y político. Allí planteaban la destrucción de la sociedad occidental europea de base cristiana como buenos comunistas. Y tienen sus claros antecedentes históricos e ideológicos en siniestros personajes del siglo pasado.

El filósofo comunista húngaro Georg Lukacs, uno de los inspiradores fundamentales del “Instituto de investigación social” creado en Frankfurt en 1923, sentó la premisa de acción que daría vida al marxismo cultural futuro de los filósofos marxistas como Theodor Adorno o Herbert Marcurse: “había que acabar con la cultura occidental”.
En 1919, como responsable de Instrucción Pública en la República Soviética de Hungría presidida por Béla Kun el comunista Lukacs implantó la educación sexual a los menores para alienarlos, para ser convertidos en sumisos proletarios y para minar a la sociedad libre desde su cimiento que es la familia cristiana, que tendría que ser finiquitada como célula social.

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Esta estrategia de encapsular a los niños en el totalitarismo socialista del Estado para demoler los valores occidentales y cristianos es la que sigue el actual gobierno neocomunista español de Pedro Sánchez, y que ha sido impuesta por la horda de Isabel Celaá atacando la política del “pin parental” que los gobiernos autonómicos de Madrid, Andalucía y Murcia van a establecer a petición de Vox. Vox defiende que sean los padres y no el Estado con sus chiringuitos feministas, de género y LGTB, los que eduquen a sus hijos de acuerdo a sus convicciones morales y puedan elegir librar a sus hijos del calvario de soportar a los adoctrinadores. Y es que al calor de las leyes de género y proLGTB impuestas desde 2004 existen en los colegios españoles verdaderos comisarios ideológicos en forma de personal ajeno a los centros docentes, que ejecutan actividades de puro adoctrinamiento ideológico en las aulas en nombre de los “principios democráticos”; actividades “complementarias”, las llaman . En realidad son actividades para enseñar a los niños a masturbarse, a sentir agrado por compañeros de su mismo sexo o a abominar de la biología natural que afirma la heterosexualidad. La política de “pin parental” ya sido atacada por el gobierno comunista de Pedro Sánchez amenazando a los gobiernos regionales díscolos que la apliquen.

Para la izquierda totalitaria no son los padres, no es la familia, sino que es el Estado el que debe “educar” moral e ideológicamente a los menores. Esto es: adoctrinar para crear al ciudadano “apto” para la utopía comunista anhelante de individuos desarraigados y domesticados, desprovistos de la querencia en la biología elemental, liberalizados sexualmente para el abortismo, la promiscuidad y la antiheterosexualidad. Individuos contra el concepto de familia y procreación. Meros átomos consumidores y productores, hedonistas en un mundo cosmopolita; individuos deslavazados y sin alma a los que aspiran los rancios especuladores como George Soros o los tropecientos agentes del clan bancario Rothschild y su proyectada idea de Nuevo Orden Mundial. Los Estados Nacionales deben ser disueltos desde su pilar primigenio que es la familia, y el cristianismo como sostén de las naciones europeas debe ser demolido.

Y vayamos ahora al feminismo del nuevo gobierno: esa “checa” llamada “Ministerio de Igualdad”, capitaneada por Irene Montero y monopolizada por ultrafeministas coléricas como Beatriz Gimeno (expresidenta de la Federación de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales) o Boti García Rodrigo (lesbiana y “esposa” de Beatriz Gimeno desde 2005). A lo largo de sus rastreras vidas como subvencionadas, estas individuas, altos cargos de la “checa de igualdad” de Irene Montero, han declarado públicamente odio a la lactancia y a la relación heterosexual y exaltan el lesbianismo como única alternativa liberadora de la mujer contra el heteropatriarcado. Abortistas, prolesbianas, antivarón heterosexual… ¿De dónde proviene su influencia ideológica, su alma mater originaria?

Bajo la capa de su “Teoría crítica” contra la moral tradicional cristiana considerada opresora, e inspirados por Hegel, Marx y Freud, los miembros de la escuela de Frankfurt -o escuela marxista cultural- entre los que se hallaban Herbert Marcuse o Theodor Adorno desarrollaron la idea del ciudadano “correctamente socializado” basada en la “tolerancia represiva” y en las tesis del “género” que destruyen la heterosexualidad como base y fundamento de las relaciones familiares de la comunidad social. El marxismo cultural tendría en EEUU su trampolín de acción en los campus universitarios de California y en la industria cultural y del ocio en los años 60 y 70 del pasado siglo. Las Fundaciones Ford y Rockefeller becarían a las primeras feministas proaboristas como Betty Friedan y a las primeras organizaciones defensoras de los derechos de las “minorías homosexuales” sexuales “reprimidas” por la cultura heterosexual. La “liberación sexual”, el movimiento hippie y el mayo del 68 no fueron más que el resultado de tesis de laboratorio maquinadas para construir a mujeres y hombres atomizados y desarraigados que odiaban el valor de la familia como ente de jerarquía, autoridad y procreación. La abortista Betty Friedan lideró en los 60 y durante décadas el movimiento feminista proabortista en EEUU a golpe de talonario por parte de lobbys antinatalistas.
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En Europa, Simone de Beauvoir y Jean Paul Sartre entre otros, amalgamadores de la “intelectualidad” francesa neomarxista serían acuñadores de los manifiestos europeos de los primeros años 70 a favor del aborto, y en el año 77 protagonizarían la defensa pública de la despenalización de la pedofilia. Todo un plantel de futuros políticos franceses de izquierdas que llegarían a ser Ministros de Sanidad o Educación del país galo militarían en esa izquierda neomarxista alumbrada por los trabajos de la profesora y filósofa Simone de Beauvoir, en los que consideraba al feto como un parásito que liquidaba las energías y libertad de la mujer libre.

La checa de Igualdad de Irene Montero llamada “Ministerio” está regida por tipas apologistas del lesbianismo y de la liquidación humana sistemática llamada aborto que beben directamente de esta asquerosa influencia histórica e ideológica tan dilatada a lo largo del siglo pasado y centrada en el odio a la familia cristiana como elemento nuclear.

La conclusión es que las malignidades del adoctrinamiento marxista ergo perversión de menores en las aulas así como el feminismo antinatalista y odiador del hombre heterosexual, llevan a la tajada opulenta que saca la plutocracia internacional que quiere eliminar los bloques sociales compactos antaño llamado “Naciones” libres con fronteras, y hoy reducidas a magma irreconocible y multicultural, donde los salarios se devalúan por la presión de los flujos de inmigrantes y donde el ciudadano libre y patriota desaparece y es sustituido por seres infantilizados, egoístas y narcisistas.

Hombres y mujeres se enfrentan, son afeminados ellos y bollerizadas ellas. Los Soros, los Rothschild, los Rockefeller, los especuladores y sus “Fundaciones filantrópicas” siembran, con el talonario brindado a ONGs y medios de comunicación, las obediencias al ideario del Nuevo Orden Mundial. El gobierno de Pedro Sánchez además de comunista y feminista, es “sorista”. La primera reunión de alta estofa del presidente socialista Sánchez fue con el progre, especulador y desterrado de su propio país George Soros que le escribió el guión de la política a seguir. Y vaya si lo está cumpliendo.