Los sucesos acaecidos en Cataluña como telón de fondo a la melindrosa sentencia del Tribunal Supremo - sucesos que eran de esperar y hubieran sido más fáciles de reprimir si las cosas, una vez más, no se hubieran hecho con tanta "proporcionalidad",  tanta monserga, tantas limitaciones y tanta mariconez - ocupan con toda lógica la atención de todo ciudadano consciente de lo que España se juega. Ha habido, por tanto, comentarios de todos los gustos, centrados muchos de ellos en la cuestión de si hubo o no hubo "rebelión", en vez de la simple "sedición" con la que el Supremo ha hecho mutis por el foro.
 
Aparte de si hubo "rebelión" o sólo "sedición", los comentarios sobre la dureza o laxitud de la sentencia han sido adoptados - casi a partes iguales - por las lineas editoriales de los medios españoles siguiendo la vieja norma de que "cada cual arrime el ascua a su sardina". Pero, eso sí, haciendo gala de una "selectividad" informativa, de la que RTVE sigue siendo gran maestra con su gran desfachatez. Como simple ejemplo, no deja de llamar la atención de que en el transcurso de unas movilizaciones violentas, como la de la toma del aeropuerto de El Prat o el cerco a la Delegación del Gobierno en Barcelona, protagonizadas por un estimado de 40.000 vocingleros, sólo se haya detenido a 3 activistas en un caso y a menos de 25 en el otro - que ya deben estar en la calle.

 

Pero lo que más llama la atención no son las cifras sino el hecho de que ningún medio español las haya criticado, denunciando cómo los Mossos (y la Policía y GC que no mencionan) salieron a reprimir las manifestaciones en número insuficiente, sin el equipo adecuado y con unas instrucciones harto limitantes. Los medios extranjeros no se lo creen. Claro que los medios extranjeros no conocen a Grande Marlaska y su curiosa aplicación de la "proporcionalidad" cuando ésta viene impuesta por Moncloa.
 
Personalmente, aparte de inclinarnos por la "rebelión" antes que por la simple "sedición", pienso que lo más absurdo y condenable no es de por sí la propia sentencia, sino la tremenda estupidez política de haber cedido a la C.A.C. las competencias sobre política penitenciaria. Es ahí donde los rebeldes catalanes se burlarán del Tribunal Supremo y del resto de las instituciones españolas dándo a sus reclusos VIP un trato más que privilegiado, visitas sin límites, permisos a go-go, fuet y pa-amb-tomaca hasta reventar y, dentro de un puñado de semanas todos a casa - todos menos uno, Junqueras, que lo hará después de la Navidad.
 
Pero no se queje ahora Pedro Sánchez, ni le acompañen Casado y Rivera en el rasgado de vestiduras, porque ellos son los culpables de que - a la vista de lo sucedido años atrás - no hayan tenido la valentía de eliminar el privilegio penitenciario catalán y devolvérselo al Estado, de donde nunca debió salir. Claro que, por motivos y abusos muy parecidos, tampoco debieron permitir el traspaso de competencias tan delicadas como la Justicia, la Sanidad y la Educación, y ya no sólo en lo que se refiere a la C.A.C.  sino al resto de las CC.AA. de este sufrido país. Esa es la tesis que defiende VOX, ante el espanto de los demás partidos políticos, y no es pecar de iluso asegurar que "la que está cayendo", junto con los derroches presupuestarios de las Autonomías, sus zafios, continuos e impunes fraudes, y el abuso de privilegios otrora concedidos, beneficiarán el voto a VOX de un creciente sector de nuestra sociedad que ya está de todo esto hasta el potito.