En una entrevista concedida por la alcaldesa de Barcelona Ada Colau con motivo del problema de seguridad existente en Barcelona, como no podía ser de otra forma, se ha dedicado a echar balones fuera con dos tesis a cuál más surrealista. La primera es que la culpa no es del ayuntamiento sino de la Generalidad. Y la otra, que el ayuntamiento lo está haciendo tan, pero tan bien, que han aumentado las detenciones un 15%. No sabemos si a lo largo de su mandato, en 2019, en el último mes, la semana pasada o hace media hora. Sean sinceros, ¿esperaban algo distinto?

Aunque lo niegue, la realidad, resumida, es la siguiente:

  • los robos con fuerza en el interior de los domicilios se han multiplicado en la última década.
  • 2018 fue un año con más delitos que 2017.
  • A mitad de agosto se llevaban contabilizados 13 asesinatos, y en el resto de Cataluña 34. Por comparar, en todo 2018 fueron 44 en toda la comunidad autónoma.

 

La pava ésta, actriz fracasada de teatro, cine y comedia, pero que tan conniventemente interpretaba el papel de activista antidesahucios, razón por la cual fue elegida alcaldesa de la ciudad condal, advirtió en la entrevista que a nadie se le ocurriera relacionar ni vincular "problemas concretos de inseguridad con la inmigración". Porque, aprovechando que el Pisuerga pasa por Valladolid, aseguró que si alguien lo pensara, se convertiría inmediatamente en cómplice de la "estrategia de la derecha más rancia y la extrema derecha". ¡Sólo por pensar! Imagínese por un momento comentándolo en público.

No tengo datos que pueda aportar, ni para refutar, ni para darle la razón. Pero no me voy a resistir a contar una anécdota. Mi padre hizo el servicio militar en el sur del Sáhara. Refería que, un día, un soldado fue a quejarse al sargento que le habían quitado un reloj. El sargento trató de convencerlo de que era imposible y, a lo sumo, el reloj lo habría extraviado, porque en el ejército no había ladrones. Para demostrarlo, reunió a la compañía y dijo: “Uno de vuestros compañeros no sabe dónde ha dejado un reloj. Sé que no hay ladrones entre vosotros. Es más, creo que alguien lo ha encontrado y no lo ha dicho por miedo a que los demás pensárais que lo había robado. Para salvaguardar la identidad de quien haya sido, voy a poner una manta encima de esa cama – dijo señalando un pequeño catre-. Apagaré la luz, contaré hasta tres y la volveré a encender. Amparado por la oscuridad, el que haya sido que deje el reloj. ¿De acuerdo?”. Y como había dicho, apagó la luz, contó hasta tres y la volvió a encender. Todos miraron hacia la cama y… ¡había desaparecido la manta!

Algo similar le ha ocurrido al programa Espejo público de Antena 3, que envió un equipo a Barcelona para hacer un directo sobre lo hurtos y la inseguridad en la ciudad. Fueron tranquilos porque, como como había dicho la alcaldesa, las detenciones de la policía local habían aumentado y la situación estaba bajo control. Mientras el equipo hacía la prueba de sonido… les arramblaron una mochila llena de teléfonos móviles, cables y material técnico. Perdonen que me ría.

Quiero imaginar que, si después hubieran entrevistado a la primer edil, habría sido algo asÍ:

  • ¿Tiene algo que decir sobre los robos en el metro?
  • ¿En el metro dice? ¡Qué va!
  • ¿Y sobre las okupaciones?
  • ¡Dónde no las hay! - habría contestado.
  • ¿Algo que comentar sobre que cada vez son más frecuentes las broncas, reyertas, incidentes y peleas en plena calle?
  • Opino que sólo son anécdotas sacadas de contexto para verter mala fama a Barcelona.
  • Para demostrarlo, alcaldesa, la última pregunta: ¿pondría la manta?
  • ¡Qué va! Hemos tenido problemas con los manteros.