Dos grandes vascos, universales, dijeron que el nacionalismo se cura viajando, creo recordar que fue Pío Baroja, y Miguel de Unamuno decía que se curaba leyendo. Dos recetas para un mismo problema.

Otro pensador español, José Antonio Primo de Rivera nos decía: “Así, pues, no veamos en la patria el arroyo y el césped, la canción y la gaita; veamos un destino, una empresa. La patria es aquello que, en el mundo, configuró una empresa colectiva. Sin empresa no hay patria; sin la presencia de la fe en un destino común, todo se disuelve en comarcas nativas, en sabores y colores locales. Calla la lira y suena la gaita. Ya no hay razón –si no es, por ejemplo, de subalterna condición económica- para que cada valle siga unido al vecino. Enmudecen los números de los imperios –geometría y arquitectura- para que silben su llamada los genios de la disgregación, que se esconden bajo los hongos de cada aldea”.

El País Vasco, por desgracia, ha optado por el independentismo. Al menos sus partidos mayoritarios, el PNV y Bildu, los sucesores fiduciarios de ETA. Y ello en abierta connivencia con CIU y Cataluña, intentando aprovechar –una vez más- la debilidad económica y moral de España. La historia, por desgracia, se repite, y esperemos que no termine como las veces anteriores. ¿Se embarcará también la irreal Familia en Cartagena rumbo al extranjero, con las maletas llenas de oro y joyas, dejándonos abandonados a nuestra mala suerte? Claro que en esta ocasión no hará falta, pues la fortuna Real parece ser que ya está situada mayoritariamente en el extranjero.

Como decía José Antonio Primo de Rivera en el Parlamento de España, el 28 de febrero de 1934: “…yo creo que la misión de España en ese trance no es averiguar si ha tenido el Estatuto tales o cuales votos: la misión de España es socorrer al pueblo vasco para liberarlo de ese designio al que le quieren llevar sus peores tutores, porque el pueblo vasco se habrá dejado acaso arrastrar por una propaganda nacionalista, pero todas las mejores cabezas del pueblo vasco, todos los vascos de valor universal, son entrañablemente españoles y sienten entrañablemente el destino unido y universal de España. Y sino, perdóneme el señor Aguirre una comparación: de los vascos de dentro de esta Cámara tenemos a don Ramiro de Maeztu; de los vascos de fuera de la Cámara tenemos a don Miguel de Unamuno; con ellos, todas las mejores cabezas vascas son entrañablemente españolas…

Este es, sencillamente, el requerimiento que yo quería hacer a la Cámara, desligándome de esas cuestiones procesales, detallistas, de los artículos de la Constitución y de los futuros artículos del Estatuto: que España está en la situación trágica de defender hoy a Álava y mañana, probablemente, a Vizcaya y a Guipúzcoa, y aun contra su propia equivocada voluntad, de este intento de volver a la vida local del caserío, de la labranza y de la pesca a un gran pueblo…”.