LA LUCHA CÍVICA DE UNOS CIUDADANOS CONCERNIDOS POR UN DEBER IRRENUNCIABLE

La defensa de los valores constitucionales y de las libertades en Estrasburgo y la denuncia de la unidad estratégica entre el PNV y ETA en el Pacto de Lizarra fue esencial.

Era un deber cívico hacerlo.

El Foro Ermua de Iñaki Ezkerra, de Agustín Ibarrola y de Vidal de Nicolás, cumplió su obligación y deber moral.

 

Podríamos haber hecho una declaración más ajustada a lo políticamente correcto y a las exigencias del bipartidismo, que abogaba por un entendimiento con el PNV. Sin embargo la situación de deriva hacia la independencia de Euskadi, aprovechando el secuestro de la democracia y de la libertad en las Vascongadas, exigía un análisis objetivo de la realidad y llevarlo al Parlamento Europeo y las instituciones europeas , con un discurso bien armado con argumentos difíciles de cuestionar. Lo cierto es que no lo hicieron sus críticos de una forma adecuada.

De hecho, ninguno de los partidos del arco parlamentario fue capaz de contrarrestar los elementos discursivos de aquel manifiesto, publicado en este medio hace tres semanas.

La acogida que tuvimos en las instituciones europeas fue muy aceptable, hasta que entró en acción el Partido Socialista desde la sombra intentando sabotear aquello.

Sabemos que hay quien esgrime que traer en estos momentos a colación este relato es extemporáneo porque ETA ha dejado de matar, al menos por ahora. Craso error con el que estamos en confrontación. ETA está vigente, insertada en las instituciones. Ni tan siquiera disimulan su condición de herederos del terrorismo. Es más, en este momento está formando parte del Gobierno de la nación disolvente. No hay más que ver cómo Podemos ha desfilado por las calles de Bilbao para sacar a los presos de donde deben estar. Es decir, excarcelar a los etarras convictos de asesinatos que rozan lesa humanidad, sin que aún se hayan dilucidado los trescientos asesinatos que están sin autor reconocido ¿Es U.P. y ERC lo mismo que Bildu? ¿Está el PSOE conchabado con ese conglomerado que está a la sombra de el régimen Venezolano y de Cuba? ¿Qué se está cociendo que nos ocultan?

Por ello es esencial que pongamos este relato a la luz, para que no nos engañemos y sepamos que no tenemos apenas aliados en la defensa del Estado de Derecho y la libertad, y que es fundamental no repetir los errores de percepción. Quien no sepa analizar la realidad está condenado a equivocarse.

Unidas-Podemos se ha manifestado junto a los herederos de ETA. Ya sabemos quienes son estos marxistas leninistas que abonan el terreno de la revolución.

El PSOE es responsable de su complicidad con un partido que se alinea con terroristas.

El problema esencial de España es la dependencia de los gobiernos de la Nación de apoyos execrables, ligados a la ruptura de España, siendo el PSOE artífice directo de los intentos de desmembración.

Eso lo ha condicionado todo, incluida la lucha contra ETA y la neutralización de los procesos de independencia en marcha hasta llegar al momento presente en que el propio Gobierno es traidor a la Constitución y a la unidad constitucional, teniendo en sus filas a quienes quieren dinamitarlos.

El viaje del Foro en el año 2000 fue un éxito en sí mismo. Nos recibieron con los brazos abiertos y nos escucharon. La prueba es que en la Comisariado de Derechos Humanos el Sr. Gil Robles decidió visitar el País Vasco y realizó un informe ponderado y realista bastante ajustado a la realidad. Esa acción informadora cambió la percepción y pasividad de la Unión Europea, cambiando la orientación seguida hasta entonces.

Pero eso fue hasta que Zapatero llegó al Gobierno. Todo cambió a partir de entonces.

Zapatero no venció a ETA. Zapatero negoció con ETA, lo cual no es lo mismo. ETA, a partir de entonces fue alcanzando metas que mediante el terrorismo no logró. Los hechos y la realidad lo demuestran. No hay mucho que argumentar al respecto porque solamente hay que estar informado para no poder cuestionar esta afirmación.

ETA no fue sometida. Es ETA la que nos somete a los demás bajo el falso paradigma de una rendición inexistente, pues ETA está al frente de las instituciones, incluido un gobierno que ha rendido sus armas ante el separatismo y el control social por los que se consorcian con los golpistas, y mediante el derribo del régimen constitucional.

Todo el proceso de fragmentación de España está supervisado por los herederos de ETA, incluidos los populistas comunistas que gobiernan ya en España.

Otegui es aclamado como si fuera un héroe, lo que es una afrenta a las víctimas y coartados por el régimen terrorista.

Por eso, insisto, este relato fundamentado debe ser el punto de partida de un diagnóstico acertado, para no dar palos de ciego.

Hoy, cerrando esta serie, voy a hacer un resumen de los apartados fundamentales de aquella denuncia que llevamos a Estrasburgo –ya publicado íntegramente en el primer episodio de esta serie─ para comparar aquel análisis con la realidad política de hoy, y que cada cual saque sus conclusiones. Por mi parte no hay más que decir. Bueno, sí hay más cosas, pero me las reservo.

(Para ver el texto completo entrar en esta dirección:

https://drive.google.com/open?id=0B409WRJvm7DPc2tWR3ZWNThJQW8)

Voz de alarma sobre el fenómeno antidemocrático que busca hoy refugio en las minorías étnicas y lingüísticas de Europa. El cáncer nazi-fascista extirpado con el final de la II Guerra Mundial amenaza hoy con hacer metástasis en las reclamaciones secesionistas de las minorías étnicas y lingüísticas en la Unión Europea cuando éstas anteponen sus aspiraciones a las libertades del ciudadano y sus irrenunciables derechos democráticos. Ese nazismo ya no es el de las grandes naciones hechas sino el de las que se pretenden hacer y para ello sacrifican al individuo por el grupo y la ideología. Igualmente ese nacional- socialismo explota un victimismo tanto o más peligroso que aquel que sirvió de coartada al nazismo histórico porque al tratarse de minorías resulta más creíble. Y es más peligroso que el de la ultraderecha austríaca porque éste último responde al modelo clásico y reconocible y es, además, un nazismo todavía virtual en el sentido de que aún no ha producido víctimas como lo ha hecho el de ETA. Es preciso, hoy más que nunca, dar la voz de alarma en el Parlamento Europeo porque ese neofascismo, que utiliza la llamada Europa de los pueblos para negar y sabotear la Europa de los ciudadanos, constituye la gran amenaza a la construcción europea en los próximos años. Lanzamos esta voz de alarma desde la experiencia de la ciudadanía del País Vasco.”

El secuestro y posterior asesinato a manos de ETA de Miguel Ángel Blanco, un joven concejal del municipio vasco de Ermua, conmovió profundamente a la sociedad vasca y española. Durante varios días millones de personas de toda España salieron a la calle a manifestar su indignación y repulsa por un crimen que a muchos les recordaba los fusilamientos de la dictadura de Franco. Aquel movimiento no sólo era el repudio de un cruel asesinato, sino también la defensa de la democracia y el rechazo de la ideología fascista de ETA. Era además una advertencia a aquellos que desde el nacionalismo vasco buscaban justificaciones políticas a los crímenes terroristas. A pesar de la repulsa social, ETA continuó asesinando: concejales del Partido Popular, ciudadanos civiles y policías morían víctimas de los atentados más cobardes.

Y, sin embargo, los partidos y las autoridades nacionalistas del País Vasco con responsabilidades ejecutivas en los órganos de autogobierno de la Comunidad Autónoma olvidaron muy pronto aquella advertencia. No tardaron mucho tiempo en defender la misma reivindicación con la que los terroristas justificaron su crimen: el traslado de los presos condenados por terrorismo desde otras cárceles españolas a las prisiones del País Vasco. El presidente del Gobierno Vasco llegó incluso más lejos, al proponer una negociación con la banda criminal sin exigir ninguna condición previa, ni siquiera la deposición de las armas.

Mientras tanto, grupos nazis de apoyo a ETA y a Herri Batasuna (HB), partido al que se considera su brazo político, tomaban las calles del País Vasco. De nuevo eran frecuentes los incendios de las propiedades y bienes de militantes de los partidos políticos no nacionalistas, y se repetían los asaltos y atentados contra las sedes de esos partidos y contra ciudadanos que habían intentado expresarse libremente denunciando tanta barbarie. Sin embargo, la Policía Autónoma Vasca, cuyo mando supremo corresponde al Gobierno Vasco, no actuaba con la prontitud y eficacia que debe exigirse en la represión de esos actos contra la libertad. El miedo y la inseguridad cundían entre los ciudadanos no nacionalistas; sentimientos inducidos y ya arraigados en todos los demócratas vascos durante años de terror nazi y de instrumentalización del poder por los partidos nacionalistas piadosamente llamados moderados.”

Los representantes institucionales vascos, con el presidente de su Gobierno a la cabeza, identifican a toda la sociedad vasca con su ideología nacionalista. Su punto de partida es el de la existencia de lo que denominan el contencioso vasco: ‘un conflicto histórico de origen y naturaleza política en el que se ven implicados el Estado español y el Estado Francés´, según define la Declaración de Estella. Una idea que implica que todo ciudadano vasco, por el hecho de serlo, debe sentirse comprometido por ese supuesto enfrentamiento heredado. Pero, por el contrario, el contencioso no puede presentarse como un conflicto entre el País Vasco, España y Francia, pues la sociedad vasca es políticamente plural y no se siente, ni siquiera mayoritariamente, partícipe de ese conflicto. El contencioso vasco, por tanto, no puede representar una lucha por la democracia ni por el autogobierno, pues ambas condiciones políticas ya existen en el País Vasco, sino que es un eufemismo que encubre la verdadera naturaleza del proyecto independentista de crear una nación soberana por medio del terror colectivo y la coerción social.”

En los años 80, el contraterrorismo policial de los GAL no encontró el menor amparo entre la población no nacionalista; razón por la cual fracasó, al no lograr el entramado social necesario para su subsistencia. Por el contrario, la persistencia de ETA no podría explicarse sin los poderosos apoyos que encuentra en el seno de la comunidad nacionalista. Puesto que no estamos ni ante dos terrorismos ni ante dos nacionalismos enfrentados, la paz democrática no puede consistir en otra cosa que en la desaparición de ETA y de su unilateral violencia política. En el País Vasco no existe un enfrentamiento entre dos nacionalismos, un nacionalismo vasco y un supuesto nacionalismo español, sino una división de la sociedad vasca en dos segmentos, asimétricos en su caracterización política. Los no nacionalistas no constituyen un grupo o una comunidad estructurada, sino una sociedad plural adscrita genéricamente a modelos demoliberales y que acepta la democracia representativa como la mejor forma de gobierno. Su voto se distribuye en el espectro natural que abarca desde la derecha liberal hasta la izquierda socialdemócrata. Todos aceptan la Constitución española y, aún sin ser necesariamente autonomistas, el Estatuto de Autonomía del País Vasco como garantía de la democracia y marco legal de convivencia.”

Es, en definitiva, una sociedad democrática en la que los ciudadanos, independientemente de su adscripción a la derecha o a la izquierda, o ser más o menos partidarios del liberalismo económico o del estado social, coinciden en considerar la libertad individual como un bien supremo. La sociedad nacionalista, por el contrario, se adscribe a modelos comunitarios en los que priman los valores culturales patrios frente a la libertad individual. En su interior conviven tendencias más conservadoras con otras que propugnan radicales cambios sociales, pero por encima de esas diferencias los nacionalistas aspiran a la unificación de toda la sociedad bajo el signo de la identidad común. El propio presidente del Gobierno Vasco demanda de todos los partidos de la Comunidad Autónoma lo que él denomina "un sentimiento de pertenencia común". Para los nacionalistas la nación representa un patrimonio lingüístico, cultural, incluso racial, que todos los ciudadanos tienen la obligación de perpetuar. De este modo definen a los vascos como un pueblo étnicamente distinto a los españoles y a los franceses, que tiene, por tanto, un derecho inmanente a la soberanía nacional.”

6. La enseñanza pública en el País Vasco es utilizada para el adoctrinamiento político.

La política cultural del Gobierno Vasco puede entenderse a la luz del principio que en 1995 un alto dirigente del Partido Nacionalista Vasco recordaba a sus seguidores: "primero hacer pueblo, luego la independencia". Los responsables de educación del Gobierno Vasco defienden abiertamente la idea de que la enseñanza debe cumplir la función de transmitir los "valores vascos". El vehículo más eficaz que emplean con ese objetivo es la enseñanza de la lengua vasca, pues el principio que rige en la concepción nacionalista de la transmisión del vascuence, no es el de ofrecer a los niños un patrimonio cultural que les sirva para su desarrollo personal como individuos libres, sino el de incorporarlos activamente a la recuperación de la identidad vasca.

Desde las instituciones vascas se practica una política cultural y educativa que prima exclusivamente a la cultura vasca frente a otros modelos que puedan ser libremente elegidos por los ciudadanos. Bajo la denominación de normalización lingüística se ha instaurado un régimen educativo tendente a transformar una realidad sociolingüística en la que el idioma español es la lengua mayoritaria. El estudio del vascuence es obligatorio para todos los niños, independientemente de cual sea su lengua materna, y de las lenguas modernas y clásicas que elijan para su curriculum. La educación pública en los grados básico y medio, que hace unos años se impartía en español, ha sido mayoritariamente sustituida por el vascuence. Para ello han debido improvisarse profesores capaces de expresarse en vascuence, y cientos de profesores con largos años de servicios han sido desplazados o se han visto obligados a emigrar a otras comunidades autónomas de España.

El conocimiento de la lengua vasca, independientemente de su empleo real, se considera un mérito preferente para el acceso a puestos de trabajo públicos: funcionarios, policías, médicos, jueces, etc. Para evitar estas discriminaciones los padres buscan para sus hijos una enseñanza en lengua vasca, a pesar de que el idioma hablado por la familia sea el español. Las nefastas consecuencias pedagógicas de este sistema, que caen precisamente sobre las clases sociales con menos recursos, son sistemáticamente despreciadas por los responsables de educación. El Gobierno Vasco es quien establece las directrices de esta política lingüística que cuenta con el apoyo activo de los grupos violentos que contribuyen a su implantación mediante formas diversas de acción directa: alteraciones del orden en la universidad, carteles en las calles calificando de analfabetos a los niños y jóvenes que estudian el bachillerato en español o amenazas a los jueces que no hablan vascuence.”

No existe una causa objetiva que pueda explicar la existencia de violencia política en el País Vasco, pues no puede decirse que surja como consecuencia ni de una supuesta opresión nacional, ni del enfrentamiento de facciones rivales. Por el contrario, sí puede afirmarse que tiene causas ideológicas, que es el resultado de un débil asentamiento de la cultura democrática, minada por veinte años de hegemonía cultural e institucional del nacionalismo. El rechazo del terrorismo en el seno de la sociedad nacionalista, cuando se produce, no va acompañado de una condena moral de la violencia. A partir de la tregua de ETA la condena de los actos violentos desde medios nacionalistas no se hace desde principios éticos y democráticos, sino porque, según expresión acuñada, ‘perjudica el proceso de paz y sólo beneficia al Gobierno de Madrid´”.

Como consecuencia de todo esto la libertad de expresión se encuentra gravemente coartada. Reina el temor entre las personas no nacionalistas: ser elegido concejal o diputado por un partido constitucionalista, o simplemente ser militante o figurar en sus candidaturas a las elecciones, comporta un riesgo que puede pagarse con la vida. Expresar públicamente las discrepancias con el terrorismo, con la ideología nacionalista, o, incluso, ser crítico con la política lingüística del Gobierno Vasco que prima al vascuence y discrimina al español, entraña graves riesgos. Es una violencia que recuerda a la de los viejos pogroms del este de Europa hasta en la pasividad de las autoridades. Durante el mes de enero las agresiones han aumentado hasta alcanzar el número de 2,6 acciones diarias, sin que la policía vasca (Ertzaintza) a las órdenes de autoridades nacionalistas haya efectuado una sola detención. Un ejemplo muy reciente puede ilustrar la actitud, en ocasiones cínica, de las autoridades nacionalistas. Los comerciantes de Guecho -una conurbación con más de 80.000 habitantes-, después de que fueran obligados a cerrar sus comercios por las amenazas y agresiones sufridas durante una huelga convocada por el brazo político de ETA en favor de los terroristas presos, se dirigió al alcalde nacionalista demandando protección. El alcalde les ha negado la ayuda solicitada argumentando que el problema de la violencia hay que resolverlo "con prudencia y tacto, sin crear conflictos mayores" (sic), aunque, no obstante, ha pedido a los comerciantes que "se hagan fuertes" (sic) ante los piquetes y "tomen medidas valientes y atrevidas" (sic). Es decir: no sólo se niega protección a los ciudadanos sino que incluso se les anima al enfrentamiento.”

De este modo se produce un peligroso vacío de poder al ceder el Gobierno central competencias en materias como la seguridad policial y al no ser ejercidas tales competencias por el Gobierno autonómico, que, usa frente al primero el eficaz argumento de la no injerencia como cualquier Estado soberano aunque sin serlo en ningún momento. De este modo también, se da la grotesca paradoja de que el nacionalismo antidemocrático vasco puede actuar aún más impunemente que el neonazismo austríaco al verse protegido, frente a cualquier correctivo de la Unión Europea, por el Estado democrático español del que, por otra parte reniega permanentemente. Denunciamos este absurdo propiciado por el auge agresivo de los nacionalismos etnicistas y minoritarios en Europa y por el temor de los Estados soberanos a fomentarlos socialmente y legitimarlos políticamente con el mero cumplimiento de la legalidad.”

CONCLUSIONES

Dadas las circunstancias que acabamos de describir, y a modo de conclusión el FORO ERMUA quiere llamar la atención acerca de los tres hechos siguientes:

1-LA LIBERTAD ESTÁ REPRIMIDA POR LA AMENAZA Y EL CHANTAJE POLÍTICO DE ETA.

Los asesinatos de ETA y su permanente amenaza recaen sobre los ciudadanos, especialmente sobre las personas no nacionalistas. Es el castigo que los terroristas imponen a una sociedad democrática que no les ha concedido ni la victoria política ni los cambios institucionales que ellos exigían. Desde el anuncio de la falsa tregua la violencia callejera -versión vasca de los viejos pogroms- lejos de disminuir ha aumentado, sin que la policía autónoma, cuyo mando supremo corresponde al Gobierno Vasco, intente siquiera darle una respuesta adecuada. La violencia callejera de los ultra-patriotas vascos tolerada por sus aliados nacionalistas cumple así una función esencial para el mantenimiento de la hegemonía política e ideológica nacionalista: atemorizar y coartar la libertad de expresión de los no nacionalistas.

2-EL NACIONALISMO ES RESPONSABLE DEL DETERIORO DE LA DEMOCRACIA.

Con el pacto de Estella el nacionalismo ha abandonado su tradicional ambigüedad hacia la violencia y se ha decantado por una alianza política con quienes la practican. El llamado nacionalismo democrático no sólo adopta los fines de ETA y de su brazo político, sino que acepta sus medios violentos y antidemocráticos. El PNV y EA no propugnan la violencia dentro de sus filas, pero la consienten en sus aliados. El nacionalismo en su conjunto ha contraído la terrible responsabilidad de apoyar y legitimar a un importante segmento de la sociedad vasca que aspira a la homogeneidad étnica, y cuyo recurso político más aspirado y coreado multitudinariamente es la violencia y el miedo.

3-EL EJERCICIO NACIONALISTA DEL PODER HA DESPRESTIGIADO A LAS INSTITUCIONES AUTONÓMICAS.

Las promesas del Presidente del Gobierno Vasco de romper su alianza de gobierno con el brazo político de ETA si no cesaba la violencia política, no han sido más que palabras vacías, cuyo incumplimiento compromete gravemente la confianza que los ciudadanos vascos podamos tener en nuestras instituciones y su presidente. Los partidos que gobiernan en el País Vasco se mantienen en el poder gracias al apoyo parlamentario del brazo político de ETA. El precio impuesto en la oferta de ese apoyo consiste en asumir un "proyecto de construcción nacional" que refleja las aspiraciones de ETA y no las del conjunto de la sociedad vasca. La permisividad con el fascismo callejero ilustra perfectamente el carácter antidemocrático de esta alianza nacionalista. El actual Gobierno Vasco no puede, por tanto, recabar la lealtad de los ciudadanos hacia unas instituciones que él mismo ha subvertido, pues al ponerlas al servicio de un proyecto político totalitario las ha vaciado de su sentido democrático.”