Dejaremos al margen la sentencia escandalosa. Jurídicamente insostenible, si lo “jurídico” debe estar basado en la más mínima justicia y lógica. Porque estos jóvenes cometieron – si realmente tuvo lugar alguna relación sexual – una acción inmoral, por muy consentida que sea, pero no punible moralmente. Salvo de que dejar entrar en una vivienda a una menor, por mucho que lo quiera ella, sea un delito. Y si lo fuera – vamos a suponer algún caso hipotético - ¿cómo se explica el increíble castigo puesto? Todo sin entrar en comparaciones con penas por otros delitos, desde sexuales hasta, se supone, por los actos contra la vida, terrorismo inclusive.

El juez murciano Ferrín Calamita fue suspendido en su función por pedir un informe psicológico a la pareja de lesbianas que querían adoptar a una criatura. La que finalmente devolvieron a las instituciones, desistiendo ellas mismas de la adopción. Una suspensión, empero, a todas luces injustificada. De paso, una decisión que se sigue recordando muy poco en los ambientes políticos en España. Espero sin embargo que al juez del caso Arandina se le aplique algún día la justicia – me refiero a la terrena, por supuesto, la verdadera está reservada a Dios – y esté suspendido de por vida del ejercicio de la judicatura.

Pero volvamos al caso. ¿Qué pueden aprender los hombres españoles de esta sentencia? Mirad, chicos, aunque sea por la cuenta que os trae, no tengáis relaciones sexuales prematrimoniales. (Dejemos el riesgo de las matrimoniales aparte, en principio tienen mucho menos riesgo.) Aunque sea por ese motivo, recuperad los valores tradicionales de relación entre pareja. Si no, os puede salir muy caro, y llevad cuidado con quién os juntáis.

Dicho sea de paso, tanto estos jóvenes y hasta esta chica, a pesar de tener que aplicar en su caso consideraciones aparte, son víctimas de la hipersexualización del ambiente en el que les ha tocado crecer. Porque hoy ya desde el colegio pueden encontrarse con charlas sobre relaciones sexuales “como algo normal”, “cambios de pareja”, y mil otros etc. El instituto es otra etapa de tremendo avance en este sentido. Una vez al objetar a esta práctica, he llegado a oír que “la relación sexual es algo tan normal como orinar”. No hay casi película sin alguna escena de sexo explícito. Esto es lo que se transmite a los jóvenes desde hace ya bastantes años.

Pues bien, chicos y chicas, es con esto con lo que tenéis que tener valor de romper y no dejarse seducir ni atrapar.

Aunque sea por la cuenta que os trae.