El buenismo de los estúpidos, el buenismo de los canallas y la invasión de Europa a través de la inmigración masiva.

Es un fenómeno creciente en Europa, y cada vez más conocido por mucho que intenten silenciarlo nuestras clases políticas y mediáticas traidoras, la situación endémica de violencia que sufren las escuelas y los centros de menores. En el caso de las escuelas no existe todavía en España una violencia como en el caso de Francia, que alcanza ya cotas intolerables y está relacionada directamente con la presencia masiva de poblaciones alógenas, específicamente inmigrantes africanos de primera o sucesivas generaciones. Pero en el caso de los menas (menores extranjeros no acompañados) sí que empieza a asomar en nuestro país esta violencia. Son constantes los episodios de agresión, incluso graves, por parte de estos sujetos a los que, en virtud de acuerdos internacionales desconsiderados, tenemos que mantener y criar en vez de devolverlos a sus países de origen como sería lógico y justo.

Estos menores son una bomba de relojería, como la estúpida política buenista y renunciataria frente a la inmigración, y como la desgraciada ideología-imposición de los derechos humanos en general, que van directamente contra los derechos de los españoles en particular, y del derecho de los europeos a preservar y defender su identidad.

La gran mayoría de estos menas se dedican, ya desde adolescentes, a agredir con prepotencia a sus cuidadores, crean problemas de convivencia e inseguridad allá donde están. Son la cantera de una futura clase delincuente, porque el único mensaje que reciben es el de la estupidez y blandura de los españoles, incapaces de hablar el lenguaje de la fuerza y la autoridad; el único que entienden y el único que puede recuperar a aquellos que son recuperables. No es que los educadores les transmitan este mensaje, obviamente, pero sí es que ellos reciben,sin que las estupideces humanitarias y buenistas hagan otra cosa que entrarles por un oído y salirles por el otro.

¿Alguno de ellos se salvará? Naturalmente, porque existe la libertad humana y los educadores, a pesar de todo, conseguirán algún éxito. Pero esto no cambia lo esencial: que estamos criando una casta de delincuentes, que más allá del tema de los menas estamos permitiendo el nacimiento de poblaciones de no-España dentro de España, de no-Europa dentro de Europa.

Esta es la gran infamia, esto es lo que está consiguiendo la canalla política al poder en Europa, que por cierto manda a sus hijitos a escuelas de élite donde estos problemas no existen, porque el ambiente multicultural son los hijos de diplomáticos o empleados de multinacionales.

¿Por qué lo hacen? ¿Por qué esta felonía? Cuestión secundaria porque el resultado es el mismo, ya lo hagan por propia convicción y deliberadamente, por obediencia a la voz de sus amos, por cortedad de miras, o por un sentimiento mal entendido de bondad suicida. Porque también se puede morir de bondad.

Ahora bien, si el ingenuo que acoge un criminal en su casa termina asesinado o violentado, si el misionario de los derechos humanos se sacrifica a sí mismo por amor y termina pagándolo caro, sinceramente me da un poco igual. Cada uno es responsable de sus acciones, tiene derecho a suicidarse como mejor le parezca y con su pan se lo coma. Pero aunque rebose de bondad, lo que no tiene derecho es a “suicidar” a mi nación, a mi cultura y a mi civilización.