Del presidente “cum fraude” Pedro Sánchez hay para contar y no acabar. Se diría que disfruta haciendo lo contrario de lo que cabría esperar de un gobernante fiel a los intereses de la Nación. Cualquier cosa con tal de dañar el futuro del país y prolongar su detentación del poder. A cambio de nada, a espaldas del Congreso renunció a la gran ventaja negociadora de España sobre Gibraltar oportunamente generada por el “brexit”. El mes pasado firmaba, también a espaldas del Congreso, el Pacto Global Migratorio que inundará España de ilegales, a quienes se ha comprometido a tratar a cuerpo de rey y a quienes dará papeles y nacionalidad española para que puedan votar (al PSOE, claro está). Se reunió secretamente con el gurú de la invasión islámica de Europa, George Soros, para negociar no se sabe qué ni a cambio de qué. Eso y muchas cosas más de igual o mayor relevancia, pero nada tan nefasto, dañino, zafio y peligroso con vistas al futuro de España como su taimado “modus operandi” con los independentistas vascos y catalanes para lograr su apoyo a los Presupuestos Generales y prolongar así su descarada presencia en Moncloa. 

Entre sus últimas canalladas hay que mencionar - como hacen otros medios - su autorización para que el gobierno separatista catalán adquiera armas largas, las llamadas “armas de guerra”, petición ésta que permanecía bloqueada por el anterior Ejecutivo de Mariano Rajoy. El Boletín Oficial del Estado (BOE) publicaba ayer lunes el anuncio del Departamento de Interior de la Generalitat haciendo pública la formalización de un contrato de suministro de diverso armamento y cartuchería para la policía autonómica. Los contratos fueron adjudicados el 25 de Junio pasado tras la “okupación” de Moncloa por Pedro Sánchez.  El digital “OK-Diario” fabricaba ayer un muy extenso artículo listando los materiales - unos pocos fusiles de asalto, pistolas y munición - destacando su eventual peligrosidad, su prevista utilización y denunciando, como motivo por el que el contrato estaba bloqueado, los viejos planes de la Generalitat de ir organizando un “Ejército de la República Catalana” integrado por 18.000-22.000 efectivos, sin servicio militar obligatorio e integrado en la OTAN. Mucho sensacionalismo informativo para no decir que el contrato en cuestión sólo serviría para dotar a la Policía catalana de unas pocas “armas de guerra” destinadas a tiradores y agentes anti-terroristas, y para que algunos Mossos se familiarizaran con munición de pequeño calibre en las pistas de entrenamiento. Con ese arsenal nadie puede construir un ejército, ni mucho menos frenar la bofetada de una sola columna de La Legión o de la Guardia Civil, pero nunca viene mal oponerse a que se armen unos coprófagos separatistas que consienten actividades violentas de gentuza como los CDR, ARRAN y demás chusma anti-sistema. 

Algo infinitamente más peligroso por parte de Pedro Sánchez en el contexto del conflicto catalán - del que por cierto OK-Diario no dice ni pio - es la alarmante noticia del desmantelamiento del Estado en Cataluña. En una Comunidad Autonómica como esa, donde siete de los diez ministerios ya no tienen presencia real, el Gobierno del “okupa” jugará con los presupuestos para reducir aún más la capacidad de servicio de las pocas instituciones españolas que aún quedan en aquella Comunidad Autónoma. Mientras el Gobierno se dispone a disparar un 52 por ciento la inversión territorializada en Cataluña, dándole a esa comunidad proporcionalmente muchísimo más dinero que a otras, recortará una tercera parte la inversión que reciben los ministerios y órganos dependientes de ellos en aquella comunidad. La Administración Central tendrá menos medios materiales para llevar a cabo sus tareas en Cataluña y, por tanto, mucha menor presencia. Según el proyecto de presupuestos presentado por la ministra de Hacienda, Mª Jesús Montero, el Estado invertirá en 2019 un total de 143,5 millones en los ministerios, organismos autónomos y entidades públicas Generales del Estado. Esta cifra representa un descenso del 29,54 por ciento sobre los 203,64 millones que el PP consignó en los Presupuestos de 2018. El drástico recorte afecta al ministerio de Trabajo con un desplome del 97,2 por ciento; Industria con una caída del 99,14 por ciento; Interior con una merma del 58,19 por ciento; Fomento con una baja del 29,5 por ciento; Hacienda con un ajuste del 23 por ciento y Transición Ecológica con una caída del 10,9 por ciento. Sólo sube Cultura, con un 1,45 por ciento, y Defensa con un 575 por ciento, aunque hay que subrayar que se trata de una insignificancia porque la partida sólo pasa de €8.760 a €54.960, que es una cifra harto insuficiente. (No entran en estas cifras los costes de personal).

Que Sánchez recorte la inversión del Ministerio del Interior en Cataluña es francamente alarmante, teniendo en cuenta el peligroso momento que atraviesa la comunidad con sus Comités de Defensa de la República (CDR) actuando donde les place, con ARRAN  cada día mas violento, y con el descerebrado presidente de la Generalitat, Quim Torra, arengando a las masas a elevar en tono de las protestas del independentismo. Por otra parte, si el Tribunal Supremo, antes del verano, condena a los encausados por el juicio del “procés”, existe el riesgo de que el ambiente en las calles se ponga muy peligroso y haya que tomar medidas para las que no habrá presupuesto suficiente. De los 4,4 millones previstos por Rajoy para cubrir las necesidades de Interior en Cataluña, Pedro Sánchez sólo reserva 1,76 millones. Esta reducción se alcanza rebajando la partida inversora para la Dirección General de la Policía en un 36,26 por ciento y para la Dirección General de la Guardia Civil en un 73,13 por ciento. Si las cosas se pusieran verdaderamente mal en Cataluña - y puede ocurrir - con esos presupuestos la PN y la Guardia Civil no tendrían ni para papel higiénico. Pero, chistes aparte, siendo ésta una situación potencialmente peligrosa y palmariamente contraria a los intereses de España, sólo cabe añadir la repulsa que merece un individuo como Pedro Sánchez que, apoyado en su ministro Marlaska, ha tenido la imprudencia de aprobar estos presupuestos para Cataluña con los que quiere apaciguar y rendir pleitesía a los coprófagos separatistas, a cambio de un puñado de votos que le permitan seguir exprimiendo a los españoles y pintando gorras dentro y fuera de Moncloa.  Pobre España pobre, en manos de semejante irresponsable.