Como consecuencia de las elecciones pasada y de mi voluntario y crítico apoyo a un partido concreto, varios conocidos me han planteado cuestiones relativas a temas tan distintos como expectativas, sorpresa o no sorpresa por los resultados, y, sobre todo, sobre lo que se puede esperar en los cuatro años que nos esperan.

 

Con este pretexto, lo que quiero traer a colación es la opinión de uno de mis interlocutores, de tendencias cristianodemócratas, pero que es de esas personas que admiran a la socialdemocracia de tal manera que, tras tantos años de bipartidismo, han hecho prácticamente indistinguibles ambas ideologías en España.

 

Me dice que es difícil sacar en claro lo que nos espera en materia económica, porque las opiniones que nos ofrecen los diferentes partidos políticos son tan variadas que uno puede justificar una expectativa y la contraria basándose en opiniones de expertos.

 

Como ejemplo de ello cita la opinión de Ábalos resaltando los beneficios que nos va a traer la agenda social del nuevo gobierno.

 

Y para hablar de la parte opuesta en el espectro de opiniones cita a Roberto Centeno y sus advertencias acerca del desastre económico que se cierne sobre España.

 

Como a tantos otros españoles, a mi interlocutor le resulta molesto decidirse por una postura o por la otra. Este es el resultado de la cultura relativista que está ya tan arraigada en España que ha llevado a los españoles a no luchar por ideas de ningún tipo, ya que dan el mismo valor a una que a su contraria. Es lo que resume la frase que tantas veces he escuchado cuando he participado en mesas informativas y he salido al encuentro de la gente en la calle para hablarles de un partido diferente: “Todos son iguales.”

 

No. Todos no son iguales. Lo que pasa es que quienes han ocupado el poder nos han tratado de convencer de esta idea que adormece a la población y la convierte en mansa y manejable.

 

Tan mansa y manejable que el interlocutor del que estoy hablando, de carrera académica superior, de experiencia profesional dilatada, de una cultura superior a la media de la población española, termina su argumento conmigo con esta frase: “Tendremos que esperar a ver si la razón acerca de la situación económica en España en los próximos cuatro años la tienen los unos o los otros.”

 

Demostración suprema de la condición intelectual pastueña.

 

¿De veras tenemos que esperar?

 

¿A qué y a qué precio?

 

¿No tuvimos ya con el presidente Zapatero la prueba de “los beneficios” que provoca una política económica cuya espina dorsal es una aparente agenda social cuyo objetivo es netamente político?

 

¿No hemos tenido otra prueba de lo mismo con Grecia y la necesidad de que fuera rescatada por la Unión Europea?

 

¿Por qué tienen que esperar más pruebas los españoles si ya las tienen de sobra para ver lo que pasa cuando llegan al gobierno políticos corruptos, demagogos y en cuestiones económicas incompetentes?

 

Lo que nos demuestran todas las pruebas habidas y por haber es que la mejor agenda social consiste en conseguir una economía saneada y creciente, que atraiga las inversiones necesarias para crear más y más puestos de trabajo cada día.

 

Lo que ya está probado tantas veces no precisa de más demostraciones.

 

Para que se gobierne con austeridad y honradez y se dé libertad a la gente para trabajar en paz, sí merece la pena luchar sin perder más tiempo.