En más ocasiones de las deseadas, uno es testigo de más estupideces de las que pudiera llegar a pensar o imaginar. El pasado 8 de marzo es de esos días que uno no acaba de dar crédito a todo lo que ve y escucha. Manifestaciones, huelgas y declaraciones rancias y pasadas de moda, con un cierto toque sesentero que las hacía muy poco creíbles en la España actual. Reivindicaciones absurdas realizadas por malas políticas, mucha pija progre y algún que otro imbécil perdido que en nada dignifica a la mujer.

 

La mujer no necesita a nadie que la dignifique. Es digna por ella misma sin necesidad de que otros y otras hablen en su nombre, sin necesidad de cuotas y sin permiso de aquellos que adoptan un tono paternalista para permitirles ser o estar. No necesitan que se las dedique un día o incluso una semana plagada de ridículas actividades. La mujer está presente los 365 días del año, está presente cada hora, cada minuto, cada segundo sin concesiones o prebendas que otros les conceden. La mujer piensa por sí misma y me consuela que la gran mayoría de ellas no se siente representada por esa turba mal encarada y vociferante con gritos y lemas sonrojantes.

 

Llama poderosamente la atención, como la bisexual alcaldesa de Barcelona, chilla, que no habla, sin ningún tipo de pudor, que en España, en lo que va de año, “llevamos miles y miles de violaciones”. No sé muy bien los datos que maneja y de donde los saca, pero aunque a ella le parezca mentira, en España se producen menos agresiones sexuales que en Suecia u Holanda. Lo único cierto, es que bajo su mandato, la ciudad condal, se ha convertido en la ciudad más peligrosa de Europa por el alto índice de delitos que se cometen. La demagogia no es solo patrimonio de reconocidas incompetentes como Ada Colau, también tenemos otros perfiles más en la órbita de las pija progres como Begoña Gómez, la mujer del presidente Pedro Sánchez, la cual se permite ser la imagen de la manifestación feminista celebrada en Madrid. Me cuesta pensar que Begoña Gómez o incluso la Reina Leticia, sean el prototipo de mujer media española. No creo que tengan muchos problemas domésticos, más que los propios de su relación con el servicio, la elección del modelo a elegir en el próximo evento, la decoración de sus respectivos palacios o el color de la pintura que deben seleccionar cada cierto tiempo, para no permitir que sus estancias más confortables pierdan su toque chic. Capítulo aparte, merece lo sacrificado que debe ser acompañar a los respectivos maridos en sus viajes de representación o lo duro de coger el avión privado para ver tocar a tu grupo favorito de música. Igual de duro que te seleccione una conocida ONG para trabajar, por ser la mujer de quien eres y no haber sido sometida a la presión de un departamento de Recursos Humanos y no se te tenga en cuenta el alto índice de absentismo laboral.

 

Muchos petardos y petardas, muchos rancios y rancias repitiendo cosas absurdas que nadie en su sano juicio se cree. Han creado de forma artificial un mantra, una gigantesca mentira, un monstruo que todos los políticamente correctos aceptan sin rechistar, por miedo a ser apartados del debate. Me niego a pensar que el cumulo de tonterías que tuvimos que escuchar, represente a nadie, más que aquellos que los proferían.

Si algo hemos descubierto, es que la imbecilidad humana es infinita y trasversal, afecta por igual tanto a hombres como a mujeres, tanto es así, que aquellos que nos les gustaba el aquelarre feminista oficial, montaron el suyo propio, para no perder comba, sacándose de la chistera otra enorme gilipollez, como el feminismo liberal. No son capaces de poner en duda algo en lo que no creen, prefieren dejarse arrastrar por la corriente como si de esta manera se hicieran más respetables frente a unos individuos o individuas que hagan lo que hagan, siempre les detestara. Al igual que yo les detesto por su cobardía y por su miseria.