Escasos siete días duró la nueva política. En apenas una semana tuvimos el ejemplo de los del cambio, de los que serian ejemplo de todo, para no serlo de nada. Para serles sincero, tardamos algo más, no mucho mas, en darnos cuenta de lo que eran los denominados ayuntamientos del cambio. Sectarios y perro flautas al frente de las principales ciudades españolas, suciedad y mucha ideología de género como señas de identidad, mala gestión, exceso de tergiversación, y maltratadores y violentos como modelos de políticos.

Pero la nueva política seria otra cosa, otro talante. Un gobierno galáctico lo llamaban, y en eso no se equivocaban, algún astronauta y mucho lunático entre los 17 elegidos. Alejados de la corrupción y de los pecados mundanos, cercanos a la gente, al pueblo. Entre los elegidos, destacaba por encima de todos ellos, el excéntrico ministro de cultura y deporte, Maxin Huerta. Hombre conocido por el gran público, asiduo de Teta Cinco, gran conocedor de la cultura mundana y la tele basura. Que odiara el deporte, no era inconveniente alguno para ponerle al frente de precisamente el deporte de este país, ya tuvimos una pacifista que odiaba al ejercito, como ministra de defensa, y tampoco fue para tanto, y que entre sus escritos más conocidos figurara tuits de un gran peso intelectual como en el que nos explicaba lo que podíamos hacer con el agua, después de lavarnos el “potorro”.

Pero Maxim Huerta se vio obligado a dimitir por temas más mundanos, más prosaicos, más de la vieja política a la que venían a sustituir, dimitió por ser condenado por un tribunal por fraude fiscal. Facturaba a través de una empresa unipersonal y luego se asignaba un sueldo de 44.000 euros, cuando lo que en realidad cobraba eran 200.000 euros, de esta forma pagaba bastante menos al fisco español. Me apena la dimisión de Maxim Huerta, uno de los ministros llamados a darnos muchos días de gloria, momentos para el recuerdo, momentos inolvidables. Lástima que sucumbiera a la tentación de la vieja política, pena de que sus pecados sean imperdonables.

En el aire flota un interrogante, una pregunta, una duda que muchos piensan, pero que pocos se hacen en voz alta. ¿Como un sujeto de este porte, de este “nivel”, podía estar cobrando más de 200.000 euros en el año 2006? Así es la izquierda española, llena de contradicciones y mentiras, repleta de demagogia y malos ejemplos. Siempre pendientes de la paja en el ojo ajeno, pero nunca en el propio. Me temo que esta nueva política de la que nos habían hablado, se parece mucho a la vieja política a la que venían a sustituir. Cabe recordar, que los ejercicios fiscales en los que Maxin Huerta defrauda, coincide con los del gobierno del también socialista, Jose Luis Rodríguez Zapatero. Lástima que no le pueda echar la culpa de sus desdichas a la derechona.

Maxim Huerta empezó con mal pie, en solo seis días tuvo que soportar el fracaso en ventas de la feria del libro en Madrid, la destitución de Julen Lopetegui como seleccionador español de futbol, a un día del comienzo del mundial y su obligada dimisión, después de saberse que defraudo a hacienda en los ejercicios 2006, 2007 y 2008. Buen estreno el de Pedro Sánchez con uno de sus fichajes estrella. Quizá por eso este gobierno era tan del gusto del Partido Popular y de Ciudadanos, en el fondo, la clase política española, tiene muchas más semejanzas de las que podíamos llegar a imaginar. Auguro que el próximo en decepcionar, será otra gran estrella de este gobierno, y muy del gusto de todos. Pepe Borrell, al que elevaron a la categoría de mito por escribir un buen libro contra el separatismo catalán, pero que no pasa de eso, ahora, ya justificando, como era de esperar, la apertura del servicio diplomático catalán con el dinero de todos los españoles. Porque la nueva política no se diferencia en nada de la vieja, ni siquiera en las formas