El nacionalismo fraccionario como en el caso de España contiene partidos como el Nacionalista Vasco. Cuando hablamos de terrorismo etarra nos olvidamos de que el hilo de conexión estratégica entre el mundo abertzale comprendía dos manifestaciones complementarias, con sinergias que retroalimentaban a ambas: el del nacionalismo llamado radical que aplicaba la violencia a sus tácticas políticas y el que se aprovechaba de la falta de democracia y de libertad. Pese a que ambos tienen su representación en base a supuestos apoyos electorales (yo no veo interventores de partidos no nacionalistas en las mesas electorales) esa representación es ilegítima de origen.

Los partidos separatistas en Cataluña tienen la misma ilegitimidad de origen. La concurrencia electoral parte de la desigualdad de condiciones y de la presión ambiental, lo que hace de esas elecciones procesos antidemocráticos en el plano formal. Dirán lo que digan, pero las condiciones de concurrencia electoral parten de un vicio de origen, y por tanto yo no les puedo dar el marchamo democrático, porque no lo tienen.

Aquellas izquierdas que abogan por nacionalismos donde nunca lo ha habido, por ejemplo, en Baleares, o en Valencia, o últimamente en otras comunidades como Asturias basados en el paradigma lingüístico que siempre desemboca en la inmersión lingüística que genera endogamias y filtros para acceder a los puestos de trabajo, son igualmente ilegítimos, por romper en la práctica la unidad constitucional que garantiza, pero no protege, la igualdad de todos los españoles.

Estamos, en la práctica ante hechos de ruptura constitucional por vaciamiento de sus principios y garantías democráticas y de protección de los derechos individuales. Es algo que los tribunales no sentenciarían por ser cuestiones que bordean la legalidad o simplemente la soslayan bajo el principio de la legitimidad institucional, pero esa legitimidad es claramente cuestionable. Digan lo que digan los tribunales que son una herramienta más al servicio del poder caciquil.

Otro ejemplo: Navarra tiene un gobierno legal pero igualmente ilegítimo de origen, pues no parte del principio del respeto a la opción mayoritaria, que dobla en votos al partido que tiene la presidencia de la Comunidad Foral, y gobierna con partidos que no respetan los derechos individuales pues no abominan del terrorismo pasado susceptible de volver, como método de cooptación al poder político.

Las derivas y estrategias para romper la unidad constitucional mediante un cambio de facto de régimen, pasando en la práctica de un régimen de unidad nacional con desconcentración administrativa y de algunas competencias pero con una legislación básica de ordenación jurídica a otro sistema basado en la unión de Estados desconexionados en la práctica (Iceta dixit), en una especie de confederación (no de federalismo) tiene el aval de las instituciones del poder judicial y de poderes ajenos a nuestra soberanía. El Consejo de Europa, que no solamente admite la ruptura de la unidad de lengua como elemento vertebrador e igualador, establecido en el artículo 3 de nuestra Carta Magna, sino que la incentiva, abogando por el apoyo con políticas positivas a las mal llamadas lenguas minorizadas es un caso paradigmático de quinta-columnismo. Para empezar una lengua minorizada es aquella que de forma intencionada se discrimina y subyuga, cosa que no sucede, pues en ningún momento de la Historia de España, por mucho que de forma muy poco rigurosa se afirme, se ha segregado ni impedido. Y, sin embargo, el Consejo de Europa aplaude las políticas de inmersión lingüística que consisten en expulsar el español de las aulas, a sabiendas de que eso es el principio de la secesión de partes del territorio, como queda de manifiesto con los procesos descarados y probados de adoctrinamiento escolar por verdaderos comisarios políticos en las aulas.

Hay un plan de poderes centroeuropeos y anglosajones por dar el último empuje para derrumbar los restos del imperio español e impedir el proceso de expansión del idioma español por el mundo, creando crisis políticas y derrumbes económicos en todo el cono sur y centro de América, en lo que es Hispanoamérica. Y eso está programado. Y lo que ocurre en España también. Con la implicación directa de traidores y bandoleros de la política en España.

Sucedió en el siglo XIX con el masón Simón Bolívar, para levantar a los criollos con la resistencia y oposición de las capas indígenas relegadas en el reparto de la riqueza por una burguesía que aspiraba a no compartir nada con la metrópoli. Eran momentos en que España estaba débil por la invasión napoleónica. Hoy se vive el mismo fenómeno en el mundo hispanoamericano con extrañas movilizaciones con visos de ser revoluciones auspiciadas por poderes regidos por regímenes bolivarianos.

Hoy en día los movimientos secesionistas en España tienen también aspecto de estar respaldados de una u otra manera por aquellos que abogan por la defensa de las lenguas llamadas minorizadas. Lenguas minorizadas no se sabe qué son porque ninguna lengua está siendo reducida, salvo el Español. El castellano se erigió como lengua supremacista, hegemónica, por voluntad de los hablantes y por razones utilitarias. A mí particularmente no me gusta que se establezca la obligatoriedad de su conocimiento pues las comunidades humanas usan esas lenguas por razón de su aplicación práctica en la capacidad de mover economías y de proyectar el desarrollo. Pero eso no ocurre hoy por intereses bastardos de sectas y castas que usan la segregación para disfrutar de privilegios de clase. Y eso lo hace gente que supuestamente viene de un marxismo cultural pero que no ha leído ni una línea de la obra de Carlos Marx, como mucho de Groucho. La utilidad de nuestra lengua para argamasar a 22 naciones hispanoamericanas, para establecer relaciones estratégicas con España y vincular sinergias de diversa naturaleza es impresionante. Pero nuestra clase política no alcanza de ver más allá de lo que pueda suceder hoy sin pensar en el mañana.

Como dice el profesor argentino Patricio Lons la unidad del mundo hispano hace la fuerza, crea poder, y seríamos la tercera potencia mundial de no haber sido tan estúpidos de haber dado la espalda a las posibilidades de cooperación con países que tienen unas materias primas impresionantes, y que están siendo atacados por el poder anglo. Aunque también hay que decir que los hispanos no somos capaces de tomar la iniciativa de la emancipación y de la cooperación. Tenemos el nido de la víbora dentro.

 Quienes desde Europa abogan por nuestra división no lo hacen en sus propios países. No veo que Baviera pueda separarse, ni Córcega, ni Bretaña…

Dice Gustavo Bueno: “Los nacionalismos fraccionarios no proceden propiamente de una nación `étnica` previamente existente que buscase su autodeterminación como Estado; proceden de movimientos secesionistas promovidos por la voluntad de poder de una élite de políticos o de intelectuales regionales que logran canalizar, a través del fantasma nacionalista reivindicaciones muy heterogéneas llegando a presentar como culpables de su pretendida postración u opresión al Estado del que forman parte y en el que se formaron como sociedad civilizada. Movimientos que sólo pueden salir adelante cuando cuentan con ayuda de terceras potencias que unilateralmente puedan estar interesadas en el éxito de la secesión (como en el caso de la ´eclosión´ de los nacionalismos surgidos a raíz del desmoronamiento de la Unión Soviética en el territorio que ella cubría, impulsados por las potencias capitalistas o el caso de los nacionalismos surgidos en los territorios de Yugoslavia). Ninguno de estos nacionalismos hubiera llegado a efecto si no hubiera sido por la cooperación de potencias extranjeras (por ejemplo el reconocimiento de Croacia por parte de Alemania o del Vaticano. […] los defensores de la liberación nacional no toman en cuenta la enorme destrucción a largo plazo que suele fomentar en países de por sí pacíficos y en desarrollo.” Pues eso mismo digo yo.