Vanessa tiene 40 años. Reputada a su pesar. Robo, al desgaire, de una caja con 40 satisfyers, celebérrimos succionadores de clítoris. Poco después, la expodémica Clara Serra solicitaba para ella "una estatua y una calle", llegando a distinguirla como como "la Robin Hood del feminismo". Poco después, lástima, supimos a través de la madre de Vanessa la negra pena que arrastraba su hija.

Su errar esquizo, un infierno de alcohol y drogas psiquiátricas, jaco y farlopa. Afanó una caja. Pensó que era valiosa. Tan solo estimuladores de clítoris. Los regaló entre vecinas, ignorando qué coño eran esos chirimbolos. Poco se podía extraer en el mercado del narco de esos cacharros de trazas tan estrafalarias. Vanessa, nada que ver con la Juana de Arco del feminismo supremacista. Clara Serra recuerda, casi siempre, el silencio, supremo paradigma de la prudencia.

Al paso de la oca

El capitalismo de Estado actual, una bárbara picadora de carne humana. Construido sobre cientos de sutiles y explícitas discriminaciones y, ante todo, sobre la explotación de los currelillas de toda la vida. El feminismo hegemónico, su hijastro predilecto, profundamente totalitario. Quien se mueva no sale en la foto. Sospechosa, o no, unanimidad. Y uniformidad. Todos marchando marcialmente al paso de la oca. Mafias sindicales y judiciales, políticos marionetas, medios de intoxicación, putrefactas patronales, sistema de enseñanza/adoctrinamiento, maderos y militares. Razón de Estado capitalista, incuestionable.

Pajilleras

Pero el capitalismo de Estado, como siempre, profunda e innegablemente imaginativo. El satisfyer, gran hallazgo turbocapitalista, comedura de coño realizada por varones torpones, grosso modo, hace las paranoides delicias de las neomonjas feminazis. Hondamente resentidas, escasamente atractivas, poderosamente amargadas, acrisoladamente infantilizadas, además de profundamente quejosas, solitarias y automarginadas nos descubren, qué listas, cual si fuera un nuevo Mediterráneo, el peso de la paja (Terenci Moix). El empoderamiento clitoriano.

Amar a nuestros opresores, odiar al oprimido

La fértil inventiva del capitalismo de Estado, además de los clásicos y diversísimos vibradores, agregará en un futuro cercano pluralidad de masajeadores, consoladores con control remoto, complicados artefactos sexuales de última generación, enchufes anales, pollas de goma que arrojen apetitosos chorritos de esperma industrial. O, última frontera, el cyborg-gigoló. Extrañamente seductoras, admitámoslo, las ridículas chuminadas que oferta el capitalismo. Eso, sí, resumamos. Objetivo inmediato. Gran negocio. Objetivo mediato. Prescindir de los hombres. Objetivo final. Amar a nuestros opresores, odiar al oprimido (Malcolm X).

Esclavos felices

La consagración del feminismo como ideología del Estado capitalista a nivel planetario es una realidad innegable. Estamos ante una banal y venal nueva ola de igualitarismo pequeñoburgués, metamorfoseado en supremacismo grancapitalista, promocionada por el capitalismo de Estado tanto para dividir a los currelas de toda la puta vida como para brindar un quimérico futuro mejor bajo el Sistema. Esclavos alegres, nos quieren. El satysfyer, pérfida y astuta añagaza, otra más, de la monstruosa alianza estatal capitalista. En fin.