Cuando se promulgó la ley de la reforma de la función pública, los legisladores acordaron la supresión del cuerpo de abogados del estado, mediante su fusión, por absorción, con otros varios cuerpos de letrados públicos: del consejo de estado, de la seguridad social, etc.

Los abogados del estado –buenos son ellos cuándo se trata de defender sus privilegios-, pleitearon contra esa normativa, y consiguieron seguir existiendo como un cuerpo único y aparte, los primus inter pares de los servicios jurídicos, con la petulancia y el engreimiento que suele caracterizar a una buena parte de sus miembros.

¡Lástima que ahora doña Rosa María Seoane López, una abogada más bien mediocre, digámoslo claramente, haya conseguido cargarse el prestigio y la categoría del cuerpo, tan trabajosamente ganado durante muchas décadas!

¿Qué muertos tendrá en el armario, o que le habrán prometido, siguiendo el viejo lema del palo y la zanahoria, que tanto éxito tiene en las administraciones públicas…?

Pronto lo sabremos.

De cualquier forma, hace falta tener más cara que espalda para sostener que la sentencia firme del proceso separatista catalán debe quedar en suspenso mientras Junqueras tenga inmunidad como eurodiputado, y ello con independencia de lo que pueda decir, en su día, el Tribunal Constitucional, el Tribunal Europeo de Derechos Humanos o el sumsum corda.

Tras apartar a don Edmundo Val, actual diputado de Ciudadanos, de la acusación en el caso del proceso, por negarse a acusar por sedición, al estar claro, clarísimo, que se trataba de una auténtica rebelión, es decir, de un golpe de estado, esta señora nos demostró a todos que puede haber abogados del estado francamente mediocres, acomodaticios, y que están muy satisfechos en su sumiso papel de correveidiles de los políticos del PSOE y de PODEMOS.

Y yo me pregunto: ¿para esto necesitamos un cuerpo de abogados del estado…, que es incapaz de defender al estado español, que les paga muy generosamente, por cierto, y les permite pedir la excedencia cuándo les da la gana y volver cuándo les vayan mal las cosas en el sector privado, o estén ya mayores y no tengan ganas de trabajar…, aunque no sean necesarios sus servicios?

¿No sería preferible volver a la legislación de 1984, y unificar todos los cuerpos de letrados del sector público en uno solo, suprimiendo de paso la excedencia para asuntos propios, o asimilándola a la laboral, dónde las posibilidades de reingreso están condicionadas a si hay –o no- necesidad de sus servicios, etc…?

España no puede seguir manteniendo criados de lujo, que a la hora de la vedad, se venden por un plato de lentejas, en forma de dirección general, subsecretaria o la prebenda que fuere, y que pronto sabremos, repito.

Y si lo ha hecho por simple tontuna o mediocridad, todavía peor…

España no puede ser una simple colonia de la Unión Europea, y tal vez los británicos al marcharse despidiéndose a la franca, han hecho lo único demente que se podía hacer, si un estado valora en algo su soberanía e independencia nacional.

Seguramente el Reino Unido no tiene un cuerpo de abogados del estado, ni falta que les hace, pues para este viaje no necesitábamos alforjas…

¡Estará contenta doña Rosa María Seoane López, pues gracias a su incompetencia o cobardía, ha dejado el cuerpo al que pertenece a la altura de los caballos!