Ya está. El Rey acaba de inaugurar la legislatura que lleva explícita la voluntad política de una minoría parlamentaria decidida a destronarle. Los borbones no escarmientan. La rama francesa acabó en la guillotina, la española acabará, otra vez, en el exilio. No es un pronóstico apocalíptico, es la vocación proclamada por los grupos parlamentarios hispanófobos y republicanos (perdón por el pleonasmo) que han investido a Pedro Sánchez con los arreos del Poder. Y él, que es el secretario general de un partido que lleva 140 años traicionando a España en todas sus encrucijadas, lo ha aceptado. Ha aceptado un Poder que, para quienes se lo han entregado, sólo tiene un objetivo primordial: disolver a España en una república plurinacional surgida de los escombros de la Monarquía. Los Borbones son incapaces de entenderlo, por eso acabarán otra vez en el exilio.

Felipe VI inaugurando la legislatura liderada por socialistas, comunistas y separatistas fue un patético remedo de Luis XVI inaugurando los Estados Generales de Francia en 1789. Probablemente él crea que la sangre no llegará al río y que sus zapatos no zarparán de Cartagena. Cometerá el mismo error que su bisabuelo al traicionar a Primo de Rivera, nombrar a Berenguer presidente del Gobierno y no darle la menor importancia al pacto de San Sebastián. Él cree que la izquierda española ha evolucionado en el mismo sentido que lo hizo la derecha, renunciando a sus principios, a su historia y a sus valores. Una evidencia más de que los Borbones no escarmientan, porque la izquierda española se reafirma en la evocación de la II República, en la misma medida que la derecha reniega de todo lo que la hizo digna en la lucha contra la izquierda, en la derrota final de la izquierda y en la reconstrucción de la Nación que volvió a sentar en el milenario Trono de España a un Borbón.

Queda, pues, inaugurada esta cloaca parlamentaria en cuyo hemiciclo Felipe VI fue hostilizado y ninguneado por los partidos políticos que, a hechos consumados, sólo han conseguido engañarle a él, pues sólo él parece estar convencido de que socialistas, comunistas y separatistas no tienen, más allá de su retórica, la menor intención de destronarle. Digno heredero de Luis XVI y de Alfonso XIII. Los Borbones no escarmientan. Nunca.