Créanme: estoy harto de oír la estupidez sobre el “mal menor”. Según esto, un cordero estaría obligado a elegir entre ser devorado por un lobo o por un león. Para algunos, el león sería la opción más recomendable y digna. La más rápida, además. Para otros, el ser devorado por un lobo, sería mucho más tradicional, aunque más lento y laborioso. ¡Qué complicada elección! Como elegir entre morirse de hambre o de aburrimiento. Es la teoría del “mal menor”, definida como un principio ético que justifica la elección de un mal para evitar que nos arrolle otro mayor. El primero que se encontró en la disyuntiva fue Ulises, Odiseo: entre Escila y Caribdis. En Escila perdió a seis de los suyos, pero en Caribdis hubieran muerto todos. Así que estaba claro: “ (cayó en Escila, para evitar Caribdis). Me quejo de que la teoría del “mal menor”, sea uno de esos dogmas democráticos de nuestro tiempo, presentados como intocables sin que exista la posibilidad de una alternativa.

Desde 1977, no sé cuántas veces he oído eso de “votaré al PP (o, en su defecto a AP, o incluso a UCD y, hoy, a Ciudadanos), para evitar que gane el PSOE”. El “mal menor” era el PP, el “mal menor” fue UCD, el “mal menor” es Ciudadanos… Y luego hay gente que se queja de que las cosas no salen a su gusto. Es muy duro el tener que decidir si quieres que te amputen un pie para evitar que, unos días después te amputen la pierna. 

En matemáticas, existe lo que se llama “lógica borrosa” que es la negación de la “álgebra de Bool”. La primera considera que en la realidad no todo es blanco o negro, no existen solamente dos opciones, como en la booleana, 0-1, abierto-cerrado, sino que existe una gama de momentos intermedios, una escala de grises. En política ocurre algo parecido.


El ciudadano, hoy, ante la urna electoral, tiene solamente dos opciones:

  • Votar al que se identifica exactamente con su forma de ver las cosas: rara avis en democracia, especialmente, cuando el ciudadano ha ido una y otra vez a las urnas y, sistemáticamente, la clase política ha traicionado sus esperanzas, defraudado ilusiones y traicionado promesas. Aquí incluimos, lo que podríamos llamar el “voto cerril”: “yo he votado siempre PSOE y seguiré haciéndolo hasta que me muera”, “estuve de niño en las Juventudes Comunistas y ahora sigo pensando igual”, “Aznar es mi hombre”… Salvo que Tezanos me corrija, no creo que este voto supere en las actuales circunstancias el 15-20%.
  • Votar el que consideran como el “mal menor”: que, en la práctica, es lo que la mayor parte de electora están haciendo: “me cae mal el PP… voto por el PSOE”, “me cae mal el PSOE… voto por el PP”, “me caen mal los dos y soy el más progre entre los progres, voto por Podemos”, “me caen mal los dos y, en el fondo soy un conservador algo liberal, así que voto por Ciudadanos”… Para votar por el “mal menor” no hace falta creer que vaya a servir para algo positivo, sino para evitar que las cosas se deterioren más rápidamente y, sobre todo, para castigar al que consideramos como más odioso.

A la vista de que hay insensatos que siguen creyendo, contra las apariencias y la experiencia, que su voto es algo muy importante, excluyamos la posibilidad del voto nulo, en blanco o de la abstención y quedémonos con la “booleana”: o voto a “los míos” o “mal menor”. Pero ¿quiénes son los míos y qué posibilidades tienen? Frecuentemente, “los míos”, o están ausentes o entregarles mi voto, de tan minoritarios que son, equivale a tirarlo.

 

EL “BIEN MENOR”: ULISES SE DECIDE POR SIBARIS EN LUGAR DE POR ESCILA O CARIBDIS

 

¿No notan cómo si faltara algo? En el ejemplo de los corderos, ¿cómo es que no se da la posibilidad al cordero de que sea perseguido, pongamos por caso, por un galápago? Si la oveja pudiera elegir entre el mal menor (el lobo o el cordero) y el galápago, seguramente, elegiría a éste último... y sobreviviría. Ni siquiera la metafísica expresada a través de Ulises nos muestra un ejemplo alternativo: O Escila o Caribdis, sin posibilidades, de ir a Síbaris y llevar una vida sibarítica, que no sería, claro está, como retornar a Ítaca, pero, al menos, supondría un avance menos oneroso que las otras dos posibilidades. En términos electorales, cabe decir, que, hasta ahora en España, no se ha dado esta opción. Votar a Ruiz Mateos o a Gil y Gil, en su momento, fue casi una broma.

 

Hay que recurrir a la ciencia económica y al marketing para encontrar un concepto interesante: el de “bien inferior”. Es muy interesante. Verán: cuando, por una crisis económica, se restringe la capacidad adquisitiva de la población, ésta, en lugar de seguir adquiriendo productos de misma la calidad que había comprado hasta ese momento, se lanza a productos de una calidad inmediatamente inferior: ya no compra “bienes normales”, sino “bienes inferiores”. Es fácil de entender: esta teoría explica el porqué, determinados productos, el pan, por ejemplo, aumenta extraordinariamente su consumo en momentos de crisis, mientras que las delikatasen desaparecen de la cesta de la compra. Hoy estamos en tiempos de crisis política: sean realistas, no aspiren a consumir delikatesen, aunque se los pida el paladar.

 

Soy de los que opinan que no hay que pedir peras al olmo y que, en los tiempos modernos, no hay más cera que la que arde. Servidor -véase el paradigma que figura en el frontis del blog- se las da de “anarca” (estaré allí en donde no haya un pensamiento masificado), “apolítico” (distanciado de la política), “conservador”(de todo lo que haya digno de ser conservado, si es que queda algo) y “revolucionario” (porque, hoy ser “hombre de orden” y defender el principio de “orden – autoridad -jerarquía” es lo más revolucionario que se puede ser. un mundo dominado por el pensamiento único y la corrección política), por tanto, soy perfectamente consciente de que no existe ninguna opción electoral tan suicida que se identifique son este “programa”. Pero, en tanto que oveja negra y descarriada, no estoy dispuesto a aceptar la teoría de si quiero morir entre las garras de un simpático león o de un taimado lobo de cuento infantil. Yo, es que soy muy de “terceras vías”…

 

 

  1. ESPAÑA EN LA TORMENTA PERFECTA

 

Tengo muy claro que en estos momentos nuestro país vive una “tormenta perfecta”: no hemos salido de la crisis económica (y no saldremos hasta que exista un control sobre la moneda y se castigue fiscalmente la economía especulativa, liberándose de cargas fiscales al trabajo y a la economía productiva, se bajen impuestos y se aumenten salarios, se rompa con la globalización, se reindustrialice el país y el campo produzca), tenemos crisis en la vertebración del Estado (cuyo germen está en la misma constitución y en el absurdo inasumible del “Estado de las Taifas”), tenemos una crisis institucional por la presencia de partidos que han olvidado los “consensos” de la transición y hacen gala de un “celo republicano”, “memoria histórica”, y luego está el hundimiento de la enseñanza, el deterioro creciente de la sanidad, los ocho o nueve millones de inmigrantes en aluvión y los otros ocho que pueden llegar en veinte años más, de los que seis ya tienen nacionalidad española, siendo la mitad islamistas, unido a otros elementos desarticuladores de la “identidad nacional”. Desaparecido el terrorismo de ETA, queda el yihadismo.

 

Estamos en la periferia de Europa sufriendo un proceso de especialización de nuestra economía como país de servicios, es decir, dependiente y estratégicamente irrelevante; abandonada la fantasía de ser geriátrico de Europa (por los altos precios de la vivienda, el deterioro de la seguridad ciudadana), nos queda el dudoso honor de ser el paraíso del turismo de litrona, balconing, porro y chancletas. ¡Como para ahora tratar de establecer cuál de los dos partidos mayoritarios es el “mal menor”!

No hay gran diferencia entre circular a 30 km por hora hacia un muro de hormigón con Casado al volante, o hacerlo a 90 km por hora en la misma dirección con Sánchez en los fogones… O a 60 km/h, dirigidos por el centrista de turno, o a 120 por cualquier colgao podemita, a lo Colau o a lo Carmena.

 

  1. EN UN MUNDO SIN REDENTORES Y SIN POSIBILIDAD DE LLEGAR A ÍTACA

 

Lo que necesita nuestra sociedad es invertir el ritmo de marcha hacia el abismo: ir en dirección contraria a la que nos llevan todos los partidos hasta ahora mayoritariosDesengañaros: No va a aparecer ninguna opción salvadora por la que se pueda poner la mano en el fuego o apostar por ella sin ningún tipo de reserva mental, que quede claro. Pero lo que sí puede aspirarse, por lo menos es a invertir la tendencia: a sustituir las delikatessen por curruscos de panarro, negarse a consumir los zurrullos bien aplanados que nos ofrece el “mal menor”; esto es, optar por Síbaris en lugar de elegir entre pasar por Escila o por Caribdis y, a pesar de que nuestro objetivo sea volver a ver las altas defensas de Ítaca.

 

En tiempos de crisis (crisis mundial, crisis sistémica y de civilización) no puede aspirarse a que se realice el mensaje escatológico y redentor, eso queda para los creyentes en dogmas, no para los que tenemos los pies en la tierra y la cabeza en el cielo. No hay cocineros cuya receta garantice ausencia permanente de colesterol, salud nutricional, ausencia de aditivos, colorantes, que esté cultivado biológicamente y que cuya ingesta reiterada no contemple ningún tipo de riesgo. No hay, oídlo bien, ni recetas mágicas, mi magos topoderosos, ni líderes carismáticos por los que podamos poner la mano en el fuego, ni dioses en los cielos que velen por nosotros: hay un mundo que marcha a la deriva y una España que está en vanguardia de la crisis, entre todos los países occidentales, porque es aquí en donde, a fuerza de votar con la inercia del “mal menor”, se han producido menos resistencias a los procesos de decadencia. Y llevamos décadas avanzando a distintas velocidades hacia el abismo.

 

  1. EL “BIEN MENOR” ES INVERTIR LA MARCHA HACIA EL ABISMO

 

Ser realistas, aquí y ahora, implica decir: podemos ser maximalistas, pero no creamos que servirá para algo. Podemos evitar jugar al monopoly del “mal menor”, pero, al mismo tiempo ser conscientes de avanzar hacia el precipicio es un mal negocio. O podemos, claro, está decir también: “busco el bien menor”. No la opción que nos precipitará a menor velocidad hacia el abismo, sino aquella otra que, al menos tiene la voluntad, de desandar lo andado e invertir la marcha hacia el abismo.

 

Y no me importa si la velocidad de alejamiento del abismo es de 5 km/h o de 25. Sé que las circunstancias no permiten el alejamiento a mayor velocidad. Sé también que en el curso del viaje tendré que vérmelas con gentes que no me gustan, que no piensan al 100 por 100 como yo, incluso que algunas piensan y creen justo lo contrario de lo que yo creo. Pero la “teoría del bien menor”, implica caminar en dirección opuesta al abismo, a la velocidad que sea. Aunque sea a la velocidad del galápago que, al final termina (Zenón dixit), paradójicamente, llegando al mismo lugar que Aquiles, el de los “pies ligeros”

 

Y, ahora me planteo, ¿existe un “bien menor” en el panorama político español del declinante 2018?Antes de contestar, recomendaría asumir los razonamientos de este post. Porque, si se dan por buenos, la respuesta nos lleva a otros planteamientos. Si se rechaza lo planteado, nos situamos en el área de los maximalismos y/o de la desesperación que supone, predicar el Paraíso en el desierto, mientras en los fogones del tren en el que vamos embarcados, se pelean el maquinista emporrao, el maquinista tontorrón o el maquinista gilipollas…

LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - I PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - II PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - III PARTE
LA TEORÍA DEL "BIEN MENOR" - IV PARTE