Perplejidades, mosqueos e impugnaciones al hecho de colocar la huella dactilar para fichar en cualquier curro. Se utiliza la coartada, entre otras, del absentismo laboral para acabar legitimando la adopción de semejante medida. Resulta absolutamente desproporcionada. Locoide estrambote. Persiguiendo un fin aparentemente razonable, la invasión en la esfera de la intimidad resulta extremadamente peligrosa. La medida de vigilancia y control tomada sobrepasa, ampliamente, el ámbito de la prestación de trabajo. Al fin y a la postre, es un procedimiento arbitrario que no respeta los mínimos principios de necesidad y proporcionalidad. Más allá de leyes laborales, la Constitución Española, Ley de Leyes vigente en España, puede verse vulnerada flagrantemente en tres artículos nucleares. Artículos de especial protección constitucional. Artículo 14. Posible daño a la integridad psíquica del trabajador. Artículo 15. Posible ataque a la integridad moral de la persona. Artículo 18. Posible violación explícita de la intimidad y privacidad del trabajador.

 

Macabros delirios

Las decisiones que adopten empresas (estatales, privadas o mediopensionistas) que requieran el uso de cualquier dato biométrico tiene que ser necesaria para el buen funcionamiento de ésta y siempre al menos igual de eficaz que cualquier otra. Dicho de otra manera: esta medida ni es necesaria y hay muchas maneras tan eficaces (y mejores) para conocer si un trabajador acude a levantar España. Se habla de procedimiento de índole organizativa que puede implantar la titularidad de la empresa en cuestión. Obvio, pero se olvida agregar el ocioso detalle de que siempre que se ajuste a la legalidad vigente. La ley de protección de datos actual que se cita, como poco, es controvertida. Lo doloroso, como tantas veces, es que nos acogemos muchas veces al cumplimiento de la ley cuando nos conviene. Hasta ahora, solo datos legales. Pero son los asuntos éticos los que más interesan e inquietan en todo este fabuloso meollo. La toma de la huella dactilar es, sin más, profundamente inmoral. Arbitrariedad e inseguridad jurídica a granel. La huella dactilar como forma de fichar es un abuso se mire como se mire. Mañana serán el iris del ojo, datos genéticos o implantación de un chip subcutáneo. O cualquier macabro delirio que acaben violando definitivamente tu comedimiento y decoro personales. Se habla de "marcaje laboral". Vigilancia de ganado, of course.

 

La tiranía perfecta

Big data. Internet de las cosas. Smart Cities. Industria 4.0. Blablabla. Charlatanería infecta. El conjunto de tecnologías que se argamasan bajo estas denominaciones está materializándose en variadas herramientas de control personal y social: la video vigilancia inteligente ya no depende de ordenadores y softwares centralizados, ahora la “inteligencia” está impregnada en la cámara misma, los contadores inteligentes inspeccionan la actividad en el interior de los domicilios particulares al segundo, los Asistentes Virtuales Personales, APS, mierdas varias y todo lo que se añade en los Smartphones actúan sin que seamos muy conscientes del trágico destino que nos aguarda. También plataformas para el tratamiento de grandes masas de datos. Por ejemplo, bancarios. O de suministros y transporte. Y, tenebroso, datos médicos. La red de dominación se hace más espesa y en muchos nodos ya no tiene brechas. La urdimbre se halla tan coagulada que no deja espacio para la libertad humana.

Nos hallamos ante un proyecto tecno totalitario. La huella dactilar para fichar laboralmente, pura ventana de Overton. Un proyecto que está proporcionando las postreras cuchilladas a lo que pudiese quedar en el mundo de algo impredecible, asombroso y decoroso. Digno de ser vivido. El vertiginoso impulso de las llamadas tecnologías convergentes NBIC (Nanotecnologia, Biotecnologia, Información y comunicación, Ciencia cognitiva, robótica e inteligencia artificial) se encuentran al servicio de un proyecto de poder nacido de las tecnocastas americana y europea, de estirpe masónica, obvio. Tan solo resta la destrucción. De los cachivaches que nos sojuzgan. Recordar a Ludd. Desde la realidad actual, asumir y perfeccionar las preclaras tareas de los rompedores de máquinas e intentar aprender algo de su insurrección y su posterior capitulación. Dulcísima derrota. En definitiva, esa nobleza para el alma de padecer los golpes y las saetas de la inicua fortuna y acabar tomando las armas contra un piélago de infortunios. En fin.