La Asociación Española de Boxeo ha firmado un convenio con Instituciones Penitenciarias por el que empezará a impartir clases de boxeo el próximo 1 de mayo a los presos del establecimiento de Madrid II, Alcalá Meco. Las lecciones se darán en el marco de una iniciativa llamada «Aebox Integra» establecida tras el acuerdo alcanzado entre el vicepresidente de la entidad, Jorge Arévalo, y el director de la prisión, Carmelo Vilches.

 

Los funcionarios de esa prisión se han quejado, con razón, porque mientras ellos tienen que financiar las clases de defensa personal que reciben, van a ver como a los presos les enseñan a pegar mejor a otros presos y a otros funcionarios. Por ese motivo, ese curso de boxeo genera un grave riesgo para la seguridad del centro penitenciario.

 

Hay que tener presente la normativa vigente. El artículo 71 del Real Decreto 190/1996, de 9 de febrero, por el que se aprueba el Reglamento Penitenciario, establece que las medidas de seguridad se regirán por los principios de necesidad y proporcionalidad y se llevarán siempre a cabo con el respeto debido a la dignidad y a los derechos fundamentales, especialmente las que se practiquen directamente sobre las personas. El artículo 72 de la misma norma señala que en los casos de graves alteraciones del orden con peligro inminente para las personas o para las instalaciones, el Director con carácter provisional podrá recabar el auxilio de las Fuerzas de Seguridad de guardia en el Establecimiento, quienes en caso de tener que utilizar las armas de fuego lo harán por los mismos motivos y con las mismas limitaciones que establece la legislación de Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado, lo cual podría ser necesario frente a un grupo de boxeadores semiprofesionales.

 

¿No habría sido más adecuado establecer las clases de boxeo para los funcionarios de prisiones? Ellos las necesitan más que muchos internos a los que solo les falta pulir la técnica de sus puñetazos.

 

Es necesario pensar en la reeducación social de los presos. Sin embargo, el boxeo no resulta adecuado para lograr esa finalidad de las penas privativas de libertad, y hay actividades que pueden fomentar la resocialización de una manera más efectiva que enseñar modalidades de lucha, como la práctica del fútbol o el ajedrez.