Ignoro si los domesticados siervos de la Abogacía del Estado han leído a Esopo, lo que sí sé es que con su resolución para abrirle la jaula a Oriol Junqueras han reescrito la célebre fábula del niño y la serpiente: “Érase que se era un niño que encontró una serpiente aterida de frío. Tanta pena le dio el reptil al borde de la hipotermia que lo recogió para darle calor. Cuando el ofidio recuperó su temperatura de supervivencia, clavó sus colmillos en el pecho de su salvador. Mientras agonizaba, el niño exclamó: tengo lo que me merezco por apiadarme de una criatura malvada”.

Las Fábulas de Esopo son tan eternas como infinita es la estupidez del papanatas democrático español, cuyo elástico y beato uso y abuso de la palabra democracia le lleva a dar cobijo y calor en su regazo a los reptiles del separatismo. Nietzsche decía que lo que tiene historia no necesita explicación. Así, basta con observar cómo el separatismo es impermeable a la lógica y altamente sensible a la lógica de la fuerza. Es axiomático. No necesita explicación porque su historia es suficientemente elocuente: cuando los gobiernos españoles han sido fuertes, conscientes de su misión y con una implacable vocación nacional, el separatismo ha quedado reducido a dimensiones microscópicas. Por el contrario, cuando los gobiernos españoles se han mostrado tan piadosos con el separatismo como el niño de la fábula de Esopo con la serpiente, los reptiles de chapela y barretina se multiplican, crecen y se fortalecen inoculando en las arterias de España el veneno de los Balcanes, el osario europeo de las naciones que dejaron de serlo.

Oriol Junqueras saldrá de la jaula con las bendiciones de los siervos domesticados de la Abogacía del Estado, Pedro Sánchez gobernará con el apoyo de las serpientes separatistas y de los chekistas de Podemos, y el pueblo español pedirá urnas, más urnas, muchas urnas… tenéis lo que os merecéis, papanatas.