Hoy día solo se acepta la democracia como  factor de legitimidad. Por consiguiente, el franquismo era ilegítimo, contra lo que usted afirma.

 

 

 – El Frente Popular era lo más contrario posible a lo que entendemos por democracia, tanto si atendemos a su apoyo popular, como a sus políticas concretas. Su apoyo popular inicial no pasó de un tercio de la población, probablemente menos, porque aquellas elecciones fueron fraudulentas. Y a continuación redujo a la nada la legalidad republicana y los restos de libertades de la república. Y conforme pasaron los meses y se reanudó la guerra, su apoyo popular no hizo más que decrecer. Al final terminó en guerra civil entre ellos mismos. Y se dio entonces un doble fenómeno: el pueblo, en su gran mayoría no quería democracia, porque se la había identificado con el caos y tiranía del Frente Popular; y a su vez la democracia era imposible con partidos como aquellos. Si entendemos por democracia algo parecido al Frente popular, o la misma república, entonces resulta muy sensato declararse antidemócrata. El franquismo gozó de un gran apoyo popular, sin el cual no habría podido derrotar al maquis ni al aislamiento internacional;  funcionó de acuerdo con una legalidad no arbitraria, por tanto no tiránica como la del Frente popular; y nunca tuvo oposición democrática, sino totalitaria y separatista. En ese sentido fue un régimen democrático y legítimo. Ahora mismo los antifranquistas son también antidemócratas, y tienen que vulnerar unas leyes e imponer otras de tipo  norcoreano como la de memoria histórica.

 

 Perdone, pero eso de que el franquismo fue una democracia suena como un chiste, empezando porque el propio régimen se declaraba contrario a la democracia.

 

 –Parece difícil de entender porque en España la democracia es una palabra sin valor, una palabra mágica que usan por igual la ETA, los comunistas, el PP, el PSOE, Unidas Podemas y demás. Cada cual entiende por ella lo que le conviene. En sí mismo, el concepto es un oxímoron. El poder no puede ejercerlo el pueblo, porque este no es un conjunto homogéneo, sino que en él hay muchas corrientes. Y porque, por definición, el poder se ejerce sobre el pueblo. Por consiguiente la democracia consiste, en una primera aproximación, en la conformidad del pueblo con el poder.  Todo régimen estable y no asentado en el terror es al mismo tiempo monárquico, oligárquico y democrático: quien gobierna realmente es una oligarquía, a cuya cabeza suele haber un líder, y se mantiene porque la mayor parte de la población está de acuerdo o le opone poca resistencia. Por eso, de acuerdo con esa definición, ha habido una multitud de regímenes legítimos por democráticos a lo largo de la historia. Sería ridículo negar legitimidad a todos los poderes anteriores al siglo XX, porque no cumplían los requisitos de lo que hoy, en sentido más restringido, se entiende por democracia, y que es algo históricamente muy reciente: un régimen con libertades políticas, limitación del poder y sufragio universal en elecciones períódicas. Observe que el sufragio universal podría utilizarse contra las libertades con un despotismo como ningún tirano ha tenido hasta hoy, por eso es precisa una legalidad que salvaguarde dichas libertades por encima de cualquier victoria electoral. En el franquismo, debido a la completa quiebra de la legalidad republicana, las libertades políticas fueron permitidas solo a los cuatro partidos o familias del régimen. No fueron anuladas, sino restringidas. Y nunca se abolió la libertad personal, como sí hicieron regímenes como el soviético, modelo real del Frente Popular. Y como intentan hacer ahora los antifranquistas con la ley de memoria histórica. Y tampoco había elecciones periódicas al modo de ahora, pero sí hubo referéndums  sobre cuestiones cruciales, y un apoyo popular claramente mostrado en hechos como los que he señalado.

 

 Ud ha dicho que una democracia no funciona en países pobres y con grandes desigualdades sociales y odios políticos. Pero el franquismo superó sin duda esa situación ya en los años 60 ¿No podía haberse pasado entonces a una democracia normal?

 

 –Quizá hubiera sido posible, pero el hecho es que prácticamente nadie lo pedía, o mejor dicho, que quienes insistían en ello eran precisamente los comunistas y terroristas. Y el recuerdo del Frente Popular seguía pesando. Casi nadie quería realmente una vuelta a un régimen donde los comunistas, socialistas y separatistas volvieran a campar a sus anchas. El elemento que decidió el cambio no fueron los comunistas o la ETA, ni partidillos o personajillos de la oposición, sino la Iglesia con su abierta hostilidad al régimen después del Vaticano II. La postura de la Iglesia habría podido causar un derrumbe o cambio traumático, como ha habido otros en nuestra historia. Pero la sociedad salida del franquismo era sólida, rica y moderada,  ya no tenía nada que ver con la república y el Frente Popular. Por eso decidió cambiar desde los logros y la legitimidad del franquismo a una democracia parecida a otras de Europa occidental. Y esa decisión viene siendo sometida a una involución permanente desde entonces. El franquismo ha sido, con diferencia,  la mejor época de la historia de España desde hace al menos dos siglos,  y ahora el antifranquismo está tratando de destruir su magnífica herencia. Y eso es lo que debemos impedir.