El S.XX se caracterizó por la eclosión, y posteriores consecuencias, de eso que llamamos ideologías, una forma de nuevas religiones laicas, cuyos dogmas y doctrinas en lugar de resolver las dudas sobre el más allá, prometían soluciones para los problemas del más acá. No resulta extraño que la inercia de la centuria anterior haya repercutido en los primeros años de la presente, y por tanto haya impedido que afloren nuevas ideas y corrientes con capacidad para erigirse en factores que definan al presente siglo. Aquel sector social que venía considerándose derecha conservadora fue diluyéndese, a medida que decayó en la defensa de sus principios y a medida que esa amplia franja que fue la clase media quedó reducida casi a cenizas.

En paralelo, los sectores y partidos que se definían de izquierdas, (en origen internacionalistas y anti-belicistas), pasaron de la lucha de clases, a la guerra de sexos, incluso han llegado a la suprema paradoja de abogar a la vez por la supresión de fronteras externas y el reconocimiento de múltiples naciones internas, No se les cae la cara por defender el globalismo capitalista de Soros y Obama, con la misma desenvoltura que apoyan al independentismo burgués de Puigdemont, y Torra, Estos partidos del progresismo, fingiéndose preocupados por lo que la gente necesita (no sabemos quiénes conforman ese etéreo grupo), solo legislan para favorecer minorías, o colectivos, que ellos catalogan como vulnerables, o sea nunca en pro de los españoles que madrugan, de los autónomos que pagan puntualmente su cuota de la Seguridad Social, de los ciudadanos del IBI, o el IRPF, de los que cada día abren su comercio o trabajan de sol a sol en el despacho, de los funcionarios, de los miembros de los Cuerpos de Seguridad.

Los gastos suntuosos e innecesarios como los viajecitos a Benicásim del Presidente Sánchez son justificados llamándoles cumplimiento puntual de agenda cultural, ser socialista o progresista es una patente de corso para perdonar todas las frivolidades; incluso pretenden hacernos creer que podemos costear sanidad universal a coste cero; como tampoco les produce sonrojo negociar los próximos presupuestos generales con políticos antisistema y con separatistas vascos y catalanes . En medio de tanto caos, dislate e intereses encontrados , desde un tiempo a esta parte un pequeño partido político llamado Vox propuso unas ideas lógicas de UNIDAD nacional, de regeneración moral, política y social, de libertad de conciencia, expresión y enseñanza, de recuperación de competencias por parte del estado, de reducción de impuestos, etc, y además ha sido la única fuerza política que ha hecho frente al separatismo catalán, y cuyo equipo jurídico ha trabajado de forma brillante y desinteresada para que los Tribunales castiguen a los golpistas. Vox ha calado, a costa de esfuerzo y perseverancia, en una parte amplia y heterogénea del electorado que se encontraba huérfana del PP; en otros que quedaron viudos de Podemos; en aquellos que se han hartado de hacer el primo con el PSOE, y en muchos a los que desconcierta la ambigüedad de Ciudadanos.

Como pudimos comprobar en el acto de Vistalegre, el pasado 7 de octubre, más que un partido es una corriente intergeneracional e interclasista. Allí estuvieron presentes el taxista, la profesora, el repartidor, la cajera del supermercado, el arquitecto y el camarero. Afluyeron ex-votantes de todos por partidos, que no quieren que otra vez los mismos les engañen de nuevo; los escépticos con las directrices europeas provenientes de Bruselas, que solo perjudican nuestros intereses particulares y restringen nuestra soberanía nacional, pero eso sí, todos con un denominador común: tanto los ex-votantes de uno,s como los pre-votantes de todos, están ILUSIONADOS con el proyecto que Vox ha propuesto y que viene defendiendo, contra los pronósticos de las grandes cadenas de televisión y de los poderosos medios de opinión.

Desde hace años tanta manipulación para dirigir a eso que llaman gente, las pobres gentes, viene generando una reacción contraria, está creando una disidencia y resistencia activa y pasiva de ciudadanos libres y que reivindican la dignidad y el derecho a que el los partidos y el gobierno y sus instituciones respeten sus opiniones y vigilen su seguridad e intereses Defender la Unidad de España, no es de derechas ni de izquierdas, lucir los colores rojo y gualda con honor no está restringido a ningún sector determinado, participar de Procesiones Religiosas, emocionarse y mostrar respeto al himno no está prohibido a nadie, Por tanto se trata de una corriente totalmente integradora. Por eso, hacen sonreír las declaraciones de Errejón :“No nos fustiguemos más de lo que ya estamos, al acto de Vistalegre fueron las familias que los domingos van a misa en el Mercedes Benz..., os lo digo de verdad”.

Nada más alejado de la realidad: o miente Íñigo Errejón, o quién debía asistir para informarle fielmente se quedó durmiendo esa mañana de domingo. Ahora, en el segundo decenio del presente siglo, ni los que van a misa, ni los currantes madrugadores, tienen coches Mercedes, mientras que los que defendían a la gente del barrio trabajador retozan en su finca de Galapagar, o buscan piso en el barrio de Salamanca.