La nueva estrategia de ciudadanos que está dejando descolocados a muchos y que incomprensiblemente ni los más avezados y sesudos analistas políticos entienden, debe enmarcarse en la traslación de la tradicional dicotomía izquierda /derecha a la nueva imperante ya en muchos países europeos globalitas / identitarios.

Guste o no, Ciudadanos va un paso por delante en asuntos de tactismo político. Son muchos los que se preguntan el motivo de su aparente errática estrategia política y que sin embargo, tan buenos resultados electorales está cosechando. Ciudadanos ha sabido leer como nadie por dónde van los tiros de esto que conocemos como política, no obstante tiene bueno asesores, como el presidente Francés, Emmanuel Macron, o el magnate Húngaro, George Soros.

Nada es por casualidad en la organización naranja, desde la imposición de un candidato Francés a la alcaldía de Barcelona, eclipsando a la que era un valor en alza dentro del partido, Inés Arrimadas, renunciando a concurrir en la ciudad condal con nombre propio y por ende, sin necesidad de primarias (hecha la ley, hecha la trampa) y dando cobertura y apoyo a la plataforma del ex primer ministro de Francia, el antiguo socialista Manuel Vals, pasando por la elección como cabeza de cartel para las europeas a uno de los hombres de Soros en España como es Luis Garicano, y continuando por la aparente injerencia de Macron, actual Presidente del país vecino y también ex socialista francés en Ciudadanos, dictando líneas rojas de con quién se puede o no pactar en España, injerencia que por otro lado ha sido muy bien recibida y obedecida por Albert Rivera.

Ciudadanos no está en eso que hemos dado en llamar derecha política. Ni sus dirigentes, ni su ideario coinciden con lo que tradicionalmente han sido los valores de la derecha sociológica. La confusión viene dada por su principios económicos ultra liberales que paradójicamente resitúan a la organización de Rivera en el margen derecho de la política. Es curioso que ahora ser liberal equivale a estar en la derecha, cuando no hace tanto, el liberalismo y el progresismo marchaban de la mano. Lo único claro es que nadie parece abanderar al conservadurismo, pues aunque el Partido Popular un día nos dice que es liberal conservador, cosa que es un anacronismo, no se puede ser alto y bajo, débil y fuerte o gordo y flaco a la vez y otro día nos dice que es de centro reformista que es tanto como decir que no soy nada más que de la conveniencia y la moda política del momento. Algo parecido le pasa a Ciudadanos, con opiniones cambiantes y volubles, dependiendo en muchos casos de las instrucciones que se reciban. El socialismo español también desea recoger la antorcha del liberalismo, que según Sánchez, ciudadanos ha dejado libre.

Ni socialistas ni populares se dan cuenta de lo que está pasando. En países que pomposamente llamamos de nuestro entorno, y que como buenos “paletos” sentimos una admiración desmesurada y tendente a imitar, como son Italia o Francia, la dicotomía Izquierda derecha ha dejado de existir, incluso las siglas de los partidos tradicionales han desaparecido, dando paso a la batalla entre globalistas contra identitarios o patriotas. Francia es el ejemplo más claro de lo que posiblemente nos espere en España a medio o largo plazo, aunque con matices. El presidente Macron lo engulle todo, izquierda, derecha y centro. Políticas socialdemócratas y de ingeniería social, aderezada con políticas económicas ultra liberales. Todos contentos contra aquellos que defienden la identidad de sus naciones y de los más desfavorecidos y excluidos por las elites.

Tengo muy claro quiénes son los globalistas en este país. En breve estarán todos en el mismo lado, con propuestas muy similares o idénticas. Falta por saber quien estará en el bloque de los identitarios o patriotas, quien levantara esa bandera y quien se dará cuenta de que la aparente errática estrategia de Ciudadanos, forma parte de un plan medido y elaborado a conciencia para hacer desaparecer nuestra propia identidad.