En contra de lo que uno podría pensar, en contra de lo que se nos dice y se nos cuenta, el resultado de estas elecciones no es tan trascendental o importante  como lo es el hecho de haber abierto una grieta en el pensamiento único y en aquello que conocemos como lo políticamente correcto. Llevamos décadas aceptando como normales comportamientos que no lo son, aceptado ideas malditas y tergiversando la historia, nuestra propia historia, en beneficio de colectivos que desean blanquear su pasado y sus siglas, que ahora se nos presentan como idílicas y no asumiendo su cuota sociedad de responsabilidad en los crímenes y atrocidades de hace ya 80 años. La izquierda de este país es doblemente culpable, en el pasado, por habernos conducido al abismo, a la catástrofe por sus deseos de imponer al pueblo español su modelo de sociedad y en la actualidad, por seguir en el mismo empeño de hace 80 años, pero cambiando de metodología. Lo que conocemos como políticamente correcto, trata de sacar del debate cuestiones morales y de principios fundamentales, trata de estigmatizar al que no se somete, y todo ello en nombre de una libertad y una democracia en la que no creen, excepto si sus resultados les son favorables.

La izquierda en este empeño de transformación de la sociedad y de borrado de la identidad nacional, no ha estado sola, ha contado con la complicidad del centro reformista, lo que conocemos ahora como “la derechita cobarde”. Sin la colaboración y la tibieza de esta última, hubiera sido literalmente imposible alcanzar las cotas de indignidad que conocemos actualmente. Estamos viviendo la mayor falta de libertad individual nunca antes conocida, la mayor autocensura y la mayor persecución de todo aquel que se salga del pensamiento único.

Esta campaña electoral, ha demostrado que son muchos los ciudadanos que empiezan a despertar del letargo en el que estaban sumidos, en el letargo inducido al que estaban sometidos. Ya no se conformaran en cambiar un mal político por otro igual de malo o peor, que también, se trata de modificar las estructuras de un modelo corrupto que hace aguas, que tiene todos los vicios y defectos y muy pocas virtudes. Un modelo que ensalza los tribalismo locales frente a la identidad nacional y que genera grandes desigualdades, dependiendo del lugar donde nazcas, vivas o mueras. Un modelo donde tú voto tendrá más o menos valor, según tu lugar de residencia.

La grieta abierta en lo políticamente correcto, debe ser irreversible. No admite marcha atrás Nada volverá a ser lo que era, independiente del resultado final de estos comicios. Por mucho miedo que ahora pretendan meternos, precisamente aquellos que fueron conniventes con la indignidad, con los posibles pactos de un futuro vencedor, será el pueblo español el que no lo consienta y el que exija un cambio real en el modelo democrático. Basta de desigualdades, basta de dejar los destinos de un país en manos de quien desea destruirlo, basta de connivencia con golpistas y criminales, basta de mentiras y de tergiversaciones, basta de sometimiento al pensamiento único y a las imposiciones de lo políticamente correcto, basta de limitar nuestra capacidad y libertad de pensar, hacer o hablar, en definitiva, si estas elecciones son cruciales, no será por el resultado final, será porque definitivamente el pueblo español se relevo contra las imposiciones  de aquellos que desean que nada cambie y que aceptemos como normales comportamientos y hechos que no lo son.

Estas elecciones nos muestran un camino, una senda que no debemos abandonar. Da igual quien abandere el éxito, lo mollar está por encima de lo accesorio, las siglas son pasajeras, España no.

Si el éxito es grande, mayor puede ser la decepción y será algo imperdonable para los causantes, algo que a buen seguro pasara factura a los responsables, y será ese y no otra, la lectura que debemos sacar de unas elecciones que nos venden como cruciales, cuando en verdad lo único crucial es el despertar de un pueblo que llevaba ya demasiado tiempo anestesiado, dormido y aborregado. La victorial final no es lo importante, lo importantes es sentar las bases para que nunca más, España sea un concepto discutido o discutible, independiente de quien la presida.