Sí. Los obreros votan a Vox por una sola razón: porque Vox ha encendido su esperanza. Como la de tantos otros, en una hora en la que lo que cada español percibe en su intimidad choca violentamente con lo que los gobernantes de España pretenden que asumamos como realidad española inevitable.

 

Porque esta ha sido la clave de la manipulación. Para no tener que dar razón alguna de la realidad que nos cuentan, porque no existe, nos la presentan como inevitable.

 

Es inevitable que España se rompa.

 

Es inevitable que una ola de inmigrantes ilegales nos invada.

 

Es inevitable que se alarguen los tiempos de espera en la sanidad.

 

Es inevitable que las pensiones sean precarias.

 

Es inevitable que haya que subir los impuestos.

 

Es inevitable la corrupción.

 

Hasta que un partido formado por un puñado de valientes, que han mantenido con una dignidad digna de admiración una lucha que parecía destinada a ser perdida, ha levantado su voz para lanzar por todos los rincones de España un grito de esperanza.

 

¡No es inevitable!

 

¡España está viva!

 

Es curioso el efecto que ha producido este grito entre quienes pretendían convencernos de lo contrario.

 

Han sufrido la instantánea paralización que provoca toda sorpresa. Y, aunque haya sido solamente por un momento, ha dado la impresión de que incluso ellos mismos dudaban de su propio mensaje.

 

¡Ah! Pero, ¿es acaso cierto que España está viva?, se preguntaron.

 

Y tras ese momento de vacilación, se han lanzado, con todos los medios de envilecimiento que tienen a su alcance, a la reafirmación virulenta de su discurso.

 

España no existe, los inmigrantes son inevitables, los impuestos deben crecer y, como no debemos hablar de la relación entre autonomías y pensiones precarias, hablemos mejor del sexo y del género.

 

Pero los españoles han escuchado el grito.

 

¡España está viva!

 

Y los obreros, sobre todo los obreros, han prestado atención a ese grito.

 

¿Por qué han sido especialmente sensibles los obreros al grito que ha lanzando Vox?

 

Voy a proponer dos razones.

 

La primera es que los obreros, como consecuencia de la naturaleza del trabajo que realizan, desarrollan un sentido práctico superior al que alcanzan las personas que se dedican a trabajos de otro tipo. Un obrero está solo frente a la tarea que ha de realizar, y no hay tarea, por muy estructurada que esté, que no exija decisiones instantáneas acerca de cómo abordarla.

 

Esto es lo que ha ido dejando en el obrero un sentido pragmático de la vida que le hace escuchar a Vox, que es el partido que le habla en su lenguaje y de lo que realmente y cotidianamente le interesa o le preocupa.

 

La segunda razón por la que los obreros están más predispuestos que otros a votar a Vox, nos la da el profesor y premio Nobel Daniel Kahneman cuando nos habla de la aversión a la pérdida. Si, según su teoría, la influencia en una decisión está muy condicionada por el miedo a perder, ¿no le costará más decidirse a cambiar al que más tiene que perder, al que se encuentra en una situación que desea conservar a toda costa?

 

Por eso, muchas personas de clases económicas desahogadas encuentran dificultades en cambiar de un partido al que han votado siempre a otro que aún no saben cómo va a actuar en relación con lo que poseen. El obrero, por su parte, está más libre de estas ataduras.

 

Los obreros han escuchado el grito de Vox y ya han demostrado que son sensibles a él. En las votaciones autonómicas andaluzas de diciembre del año 2018, muchos obreros se han volcado con Vox. Han demostrado que forman parte de esa España viva que no va a desaparecer.

 

¿Qué va a suceder en las próximas elecciones?

 

Todo depende de Vox. De que sea capaz de apoyarse en la competente, profesional, cualificada y patriota fuerza obrera, para que no falte su grito en el clamor que cada día con más fuerza anuncia que España está viva.

 

Los obreros están listos.

 

¡Adelante, Vox!