La mayor parte de los españoles continuamos ignorantes de que en Mali, a unos 60 kilómetros de su capital existe una base militar, la de Koulikoro, en la que militares de la Unión Europea entrenan al ejército local que debe luchar contra los grupos yihadistas que por allí pululan, que no son pocos. Casi la mitad de los efectivos de la misión son españoles. Lo digo porque el pasado febrero, el día 25, sobre las 3 de la madrugada, mientras sus compañeros dormían, un cabo y un soldado de la Brigada Galicia VII hacían guardia a la puerta de la base a bordo de un vehículo Lince junto a algunos soldados del país africano. Como medida de seguridad, antes de llegar a su posición, había un pequeño control custodiado por policías locales, gendarmes. Se pueden imaginar cómo sería.

 

La tranquilidad de la guardia se vio truncada cuando un convoy yihadista, compuesto por dos pick-up y tres motos, arrolló el primer puesto y se lanzó contra la entrada de la base. El primero de los vehículos, que iba ocupado por el conductor y siete hombres, frenó a unos cien metros de los españoles y se bajaron los acompañantes desplegándose al tiempo que abrían fuego contra los centinelas, como hicieron los seis que viajaban en las motos, para cubrir la furgoneta que se lanzó en un ataque suicida, a modo de ariete, contra la puerta principal con el objetivo dejar expedito el paso al segundo de los coches.

 

Los españoles, que contaban con una ametralladora pesada de 12,7 mm montada en la torreta del vehículo y el fusil HK reglamentario, en lugar de ponerse a cubierto, respondieron al ataque y abrieron fuego contra el coche que se dirigía hacia su posición. Alcanzaron al conductor, que resultó muerto, cuando redujo la velocidad para sortear una zanja de aproximación, estrellándose la pick-up, sin control, unas decenas de metros antes de llegar a su objetivo. Por suerte, no llegó a estallar, pues en su interior encontraron después más de 500 kilos de explosivos.

 

El segundo de los conductores, viendo que el plan inicial se había desbaratado, activó el artefacto de su vehículo. Una tremenda explosión seguida de una gran deflagración alcanzó los muros defensivos del cuartel y la metralla que lanzó la onda expansiva hirió a dos de los soldados de Mali. El personal de la guarnición acudió a los puestos defensivos y entablaron un tiroteo en la oscuridad contra el resto de yihadistas que, incapaces de conseguir su objetivo, se retiraron abandonando sus muertos y heridos. A la refriega, en nuestro país, no se le dio importancia, y sólo se nos informó de que tropas españolas habían ayudado a desbaratar un atentado.

 

Y al respecto nada más supimos hasta que el pasado día 14 de julio, fiesta nacional francesa, supimos que miembros de la Brigada Aerotransportada Galicia habían participado en el desfile militar más importante para los franceses, pero nadie dijo por qué. Cito a El País, el día 11 de julio informó que “Más de 100 militares españoles desfilarán el próximo domingo por los Campos Elíseos de París como parte del desfile de la Fiesta Nacional francesa. La participación militar española en la celebración del 14 de julio responde a una invitación del jefe del Estado francés, Emmanuel Macron, a los países que forman parte de la iniciativa europea de defensa”.¡Qué información tan roñosa y mezquina!

 

En absoluto se trataba de una presencia simbólica. Nuestros soldados recibieron el honor de abrir el desfile, en solitario, por los Campos Elíseos. Una compañía del batallón Galicia, en la que estaban los condecorados héroes españoles, con las boinas caladas y sus fusiles al hombro, desfilaron en formación cerrada al son de una banda militar a la cabeza de las fuerzas armadas galas, ante el Presidente de la República y resto de autoridades, que aplaudieron, en pie, a nuestros soldados, reconociendo y honrando así su gesta.

 

Pueden ver en este enlace el desfile de nuestros soldados.

 

Seguro que tampoco sabían que nuestro Presidente del Gobierno en funciones estaba invitado al acto, pero que declinó la invitación para preparar la sesión de investidura del próximo 22 de julio y, en su lugar, mandó a la ministra de Defensa en funciones. Se ven claras las prioridades, ¿verdad? Espero que su valiente proceder reciba la recompensa que merece, no menos.

 

También me gustaría recordar que la mayor parte de la prensa española prefirió centrarse en que ya tenemos una mujer en el cargo de general, antes que cubrir el evento en París. No digo yo que sea menos importante una cosa que la otra. Pero reconocer el sacrificio de unos compatriotas que, en primera fila, poniendo en riesgo sus vidas al defendernos y representarnos lejos de nuestra patria y sus seres queridos, merece algo más que los miserables cinco segundos que les dedicaron en TVE.

 

Por eso, cuando los que sentimos España conocemos cosas como éstas, además de indignación contra los que no comparten nuestro agradecimiento a las fuerzas armadas españolas, nos vienen a la cabeza los versos del Cantar de Mío Cid:

 

¡Cuántos ojos que lloraban de grande que era el dolor!

Y de los labios de todos sale la misma razón:

«¡Qué buen vasallo sería si tuviese buen señor!»