No va a ser ministro. No lancéis las campanas al vuelo porque la palabra de Pedro Sánchez no cotiza en la bolsa del honor. Más que una palabra es una flatulencia. Pero, aún así, merece la pena la efímera alegría que nos ha proporcionado ver la cara de gilipollas que se le ha quedado a Pablo Iglesias después de haber recibido la negativa de Sánchez a incluirle en su gabinete… si es que, ad calendas grecas, puede llegar a formar Gobierno.

El alfeñique bolchevique, con más chepa que coleta, se creía imprescindible y con su fracaso electoral a cuestas, 25 escaños perdidos en las últimas generales, cambió su táctica negociadora pasando de chulito arrogante a babosa reptante que solo alzaba la cabecita para recordarle a Sánchez lo progresista y lo monísimo que iba a quedar un gobierno socialcomunista con él de vicepresidente y controlando tres ministerios estratégicos, con los separatistas catalanes adornándose en el indulto y organizando, con sus asesores de ETAsuna, un referéndum independentista. ¡Qué maravilla! ¡Qué gozada de Gobierno! Caracas en Madrid, y el Orinoco en el trazado fluvial del Manzanares.

Si de verdad Pablo Iglesias creyó en algún momento que su delirio podría llegar a convertirse en la pesadilla de todos los españoles, es que es más tonto de lo que yo llegué a comprobar cuando compartí con él tertulia televisiva, antes de que Soraya y Rajoy le hipertrofiaran el ego regalándole el primer plano de todos los telediarios y de todos los programas estelares de todas las TV de España.

El PP de Mariano mimó a Pablo Iglesias hasta la náusea y el PSOE de Sánchez le ha dado por retambufa, que es ese lugar indeterminado entre la boca y el ano por que el que siempre resulta doloroso y humillante que te den, aunque sea la evanescente promesa de un ministerio para tu mujer. He ahí la quintaesencia de la humillación a la que Sánchez acaba de someter al alfeñique bolchevique para abrasarlo como a un ninot en la hoguera de sus vanidades: “Tú, Pablo, ministro, ni de parques y jardines. Pero tu mujer (o lo que sea) sí podría ser ministra de mi Gobierno siempre que me apoyes en la investidura”.

Ahora vas, Pablito, y le explicas a tu mujer (o lo que sea) que no va a ser ministra porque a ti no te sale de la coleta apoyar la investidura de Pedro Sánchez… si es que quieres que te den aún más por retambufa.